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Entrevista a Carmen Villalba, tía de las dos niñas asesinadas por el Ejército de Paraguay

La foto aun causa indignación: el presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, posando junto a miembros de sus Fuerzas Armadas a pocos metros de los cuerpos de las dos niñas de once años asesinadas por Fuerzas de Tarea Conjunta de ese país.

El discurso causa rabia: los medios hegemónicos y el gobierno quisieron presentar las muertes de las niñas como consecuencia de un «enfrentamiento en combate».

Los hechos causan enorme tristeza y horror: las niñas habrían sido secuestradas, torturadas, asesinadas y –al estilo de los falsos-positivos– vestidas luego como guerrilleras para maquillar el crimen.  

Contexto dialogó con Carmen Villalba, integrante del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), presa en ese país desde hace diecisiete años y tía de María Carmen y Lilian Mariana, las dos niñas argentinas asesinadas.

Si usted le tuviera que contar al público argentino que no la conoce quién es y por qué está presa, ¿qué le diría?

Soy marxista-leninista y, como tal, abracé la lucha revolucionaria en búsqueda de la emancipación del pueblo pobre, de la clase obrera, campesina y nativa al cual pertenezco.

Para definir mi condición de prisionera política y explicar las causas que desembocaron en mi prisión, debo remontarme a mi pasado militante. Vengo de la facción combatiente del extinto Partido Patria Libre. Un Partido que en los noventa se reivindicó como marxista-leninista, con el objetivo estratégico de tomar el poder, y entendía que ello no sucedería por generación espontánea ni limitados al juego de la democracia burguesa. Su accionar trató de basarse en principios marxistas; pero dejemos a Lenin responder a estos principios, a los cuales Patria Libre reivindicó.

¿Cuáles son las exigencias fundamentales que todo marxista debe presentar para el análisis de la cuestión de las formas de lucha? Dice Lenin: «El marxismo se distingue de todas las formas primitivas del socialismo, pues no liga el movimiento a una sola forma determinada de lucha. El marxismo admite las formas más diversas de lucha; además, no las inventa, sino que generaliza, organiza y hace conscientes las formas de lucha de las clases revolucionarias que aparecen por si mismas en el curso del movimiento». En consonancias con este principio, Patria Libre creó estructuras orgánicas con el objetivo de combinar todas las formas de lucha. Su programa político y discursos no se basaban en la colaboración de clases, sino en la lucha de clases. Creó un órgano clandestino para que actuara de catalizador en la agudización de las contradicciones entre la burguesía y el proletariado. Para este fin, seleccionó y asignó a varios cuadros, entre los cuales estuve.

En la recomposición geopolítica del imperialismo, las dictaduras habían quedado desfasadas y caducas en nuestra América; y, en ese recomponer, sucedía el golpe del 2 y 3 de febrero de 1989 en Paraguay. La vieja y amañada burguesía, en una hábil y artera maniobra política, amagó el desmonte de la dictadura, mandó a un exilio dorado a Stroessner –cabeza política de la dictadura–, dejando intacta su estructura represivo-ideológica. En aras de conservar el poder, cedió algunos espacios a sectores de la pequeña burguesía excluidos hasta entonces. Habilitó medios de comunicación clausurados, estos que hoy constituyen aliados en la política hambreadora de la gran burguesía, todos devenidos en prósperos empresarios de la banca y los agronegocios extractivistas.

Patria Libre decidió enfrentar a dicha estructura y tuvo como respuesta una feroz contraofensiva del Estado y sus gobiernos, desatando una implacable persecución hacia el partido y todos sus militantes. Esta situación desembocó en el quiebre moral y político de la plana mayor de la dirigencia del partido. Desmoralizados, decidieron claudicar, liquidar el partido y renegar de su proyecto político y de sus compañeros, a quienes abandonaron, unos clandestinos y otros en prisión.

Muchos de nosotros resistimos en prisión; en mi caso, condenada a dieciocho años (el año que viene purgo mi condena y debería de recuperar mi libertad). En el 2001, una célula del partido retuvo a María Edith, la nuera del ex ministro de Hacienda de Stroessner, Debernardi, y uno de los barones de Itaipú (denominación dada a los que se enriquecieron con la corrupción que acompañó a la construcción de la represa de Itaipú). Es en consecuencia de esa acción que estoy en prisión. 

¿Cuáles son los argumentos que da el gobierno para tenerla detenida?

Los elementos que demuestran mi condición de prisionera política son mi origen orgánico, mi pensamiento político comunista y el ensañamiento del Estado por mantenerme en prisión, resucitando causas perimidas, fraguando causas judiciales a modo de justificar su legalidad. Un ejemplo es mi reciente sentencia a diecisiete años por una causa del 2004, a todas luces ilegal por haber fenecido todos los plazos procesales, a solo efecto de impedir mi libertad por compurgamiento de dieciocho años en julio del 2021. Judicialización de mi opinión política, criminalizando mi pensamiento crítico por salir a denunciar la tortura y ejecución de mis sobrinitas Lilian Mariana y María Carmen. Me es imposible callar tanta atrocidad contra dos niñas, sobre todo porque esta historia se repite en mi familia. En el 2010, mi hijo de doce años había muerto en circunstancias nunca esclarecidas pero para nosotros muy claras: fue asesinado.

En Paraguay, si la persona procesada se halla en prisión, la causa judicial tiene un plazo de cuatro años prorrogable hasta cinco años. En mi caso me llevaron a un juicio oral luego de catorce años, donde fueron violados todos los procesos más elementales, como el derecho a acceder a un defensor, la presentación ante un juez, etc.

¿Qué pasó realmente en los crímenes de María Carmen y Lilian Mariana, que el gobierno paraguayo quiso disfrazar de enfrentamiento?

Lilian Mariana y María Carmen fueron a Paraguay a conocer a sus papás biológicos, ambos guerrilleros del EPP. Al parecer, las niñas fueron detenidas saliendo de la zona intentando sortear los obstáculos propios producidos por el cierre y aislamiento por la pandemia del covid-19. Las niñas fueron detenidas, torturadas y ejecutadas. Esto se puede extraer de las fotos que el mismo gobierno hizo públicas en los medios hegemónicos la mañana del 2 de setiembre; exhibiéndolas como trofeos de guerra, ante cuyos cuerpos acribillados el presidente posó con sus militares infanticidas, presentando todo como un operativo exitoso y a las muertes acaecidas en medio de un enfrentamiento armado. En ese escenario, presentaron a dos niñas de once años, negando su edad real, como a dos combatientes que portaban fusiles de entre 60 y 70 kilos con cien proyectiles cada una. A pesar de ser niñas que pesan 45 y 46 kilos. El día 5, luego de tomar los hechos alcance internacional y desatar la indignación de amplios sectores nacionales e internacionales, y en medio de muchas maniobras turbias y encubridoras, las fuerzas represivas y la fiscalía (autores materiales) entregaron los cuerpos a familiares. Durante el trayecto y en el cementerio, porque ambas fueron retiradas de la morgue de Asunción a las 20 hs y llevadas hasta el cementerio de Lima, San Pedro, donde fueron veladas durante la construcción de los panteones donde fueron depositadas a la 1:30 de la madrugada, en ese lapso de cinco horas desde la morgue hasta el cementerio, pudo verificarse, fotografiar y filmar el estado de los cuerpitos. Ambas tenían huellas de crueles y cobardes torturas. A ambas les fueron arrancadas uñas y dientes. María Carmen tiene dos tajos paralelos profundos de unos 10 cm, uno bajo el cuello, otro inicia detrás de su oreja hasta la comisura de la boca. Ambas tienen múltiples cortes en los glúteos, hundimiento encefálico y fracturas en el lóbulo frontal. Fracturas múltiples en dedos, boca. María Carmen tiene cortes de la nariz que casi la desmiembran. Y tenemos dudas sobre la posible violación. Como a la familia se le niega el derecho de acceder a una autopsia independiente, no lo podemos afirmar; a nuestra familia no se le deja acceder ni siquiera a la carpeta en la que la fiscalía de «derechos humanos» supuestamente debería investigar la ejecución y tortura de las niñas. La deducción se extrae de lo dicho por el médico forense de la fiscalía; ante la pregunta de periodistas sobre la posible violación de las niñas, respondió: «Tienen el himen desprendido, no puedo afirmar ni rechazar». Esta respuesta ambigua viene de un médico habituado a justificar y negar los actos de tortura y ejecución en manos de la FTC (Fuerza de Tarea Conjunta).

Frente al asesinato de estas niñas, ¿qué rol han jugado los medios de comunicación?

El rol de los medios hegemónicos sobre la tortura y ejecución de las niñas tiene el encuadre de guerra psicológica. Un dispositivo activado desde el Estado coadyuvado por los medios empresariales hegemónicos para instalar en el pensamiento colectivo la pretendida justificación ética del Estado para torturar y ejecutar a dos niñas. Sin perder de vista las características de la burguesía paraguaya y el Partido Colorado, partido de gobierno: los mismos que sostuvieron 35 años de dictadura mantenida a sangre y fuego contra sus opositores. Torturó, secuestró, hizo desaparecer, exilió, despojó a campesinos de sus tierras. El registro más elocuente sobre la cultura de la oligarquía paraguaya se halla resumido en el archivo del horror hallado en la comisaría de Lambaré, Asunción, en 1992. Una historia represiva bien detallada. La conservación de los archivos delata el grado de impunidad que siempre tuvo y sigue gozando la burguesía paraguaya, que ni siquiera se preocupó por hacer desaparecer el historial de sus crímenes. A modo de graficar la operatividad en conjunto de medios hegemónicos colombianos y paraguayos, como elemento ideológico miremos un pequeño fragmento de reflexión del psicólogo social Edgar Barrero Cuéllar en La estética de lo atroz: «No se puede negar que la guerra psicológica involucra una alta dosis de manejo estético ideologizado que distorsiona la imagen de comunidades que resisten haciéndolas ver como encarnaciones del demonio, monstruos carniceros o bestias potencialmente peligrosas para la humanidad. Cuando esto sucede se instala sutilmente en el cuerpo social el gusto por la aniquilación de ese otro desagradable y se abona el terreno para la emergencia de diversos tipos de microfascismos que hacen del acto de despedazamiento físico o moral un acto de sublimación», direccionado a lograr un fin. Instalar el derecho del Estado como justificación para someter al tormento más espantoso hacia aquel señalado como enemigo público o enemigo de la sociedad. Sin importar que estas sean niñas.

Si usted quiere agregar algo que no le haya preguntado, por favor hágalo.

Sí, en Paraguay estamos ante la emergencia de un fascismo descarnado desde el Estado, que agrega a su larga experiencia dictatorial lo más nefasto de lo que en Colombia llaman con eufemismo «seguridad democrática»; destruyendo de forma sutil y con anuencia de los medios corporativos el poco avance que logró la democracia burguesa. Hoy perpetúa la prisión a los epepistas, violando sus más elementales leyes. Instala y despliega maquinarias de guerra en el norte para eliminar toda resistencia al régimen. Criminaliza y arma causas judiciales contra quienes indignados por el asesinato de las niñas, salieron a protestar y pintaron en el edificio del Panteón (donde están los restos de personas centrales de la historia paraguaya). Es así que pintar el Panteón es convertido en crimen y la tortura y ejecución de dos niñas de once años es elogiada como signo de heroísmo de las fuerzas militares. El neofascismo de la tortura y ejecución de dos niñas de once años, sobre cuyos cuerpos acribillados posa el presidente orgulloso de sus ejecutores infanticidas, es presentado como defensa de la democracia, de la paraguayidad, defensa de la religión y de una pretendida cultura superior, pero una cultura que tiene «un gusto manifiesto o latente por la muerte o desaparición física y/o simbólica de la otredad» (Edgar Barrero Cuéllar, La estética de lo atroz).

Todo con el objetivo de inmovilizar, atemorizar y desaparecer toda forma de pensamiento crítico o alternativa política al régimen fascista instalado desde hace 61 años. 

Recientemente, los grandes medios se hicieron eco de las palabras del diputado colorado Edgar Latorre, hijo del ex fiscal general y actual abogado de varios políticos con causas de corrupción, latrocinio contra el Estado y narcotráfico. Su alocución es el fascismo expresado como dispositivo político: «la nueva lucha es contra quienes pintan panteones o queman iglesias o aquellos que buscan legalizar el aborto, contra quienes ocupan tierra»; esto es una clara declaración de guerra al campo popular, con el objetivo de disciplinar por medio del miedo, la inmovilización y, sobre todo, de eliminar todo pensamiento que no esté sujeto a los dictados de la clase dominante.


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