Dos efectivos policiales declararon en la segunda audiencia por la masacre de Barracas y reconstruyeron los minutos posteriores al incendio, así como también las primeras acusaciones de los vecinos contra el imputado. Los testimonios confirmaron el hostigamiento hacia las víctimas y descartaron que el acusado haya actuado bajo efectos de alguna sustancia.
En la segunda audiencia por el juicio por el triple lesbicidio de Barracas, los testigos fueron dos policías que llegaron a la pensión de la calle Olavarría 2116 tras el incendio que terminó con la vida de Pamela Cobas, Roxana Figueroa, Andrea Amarante y dejó con heridas a Sofía Castro Riglos, la única sobreviviente del caso. Los efectivos recordaron que una de las víctimas llegó a relatarles que les habían arrojado «una bola de fuego en la habitación». Asimismo, detallaron que los vecinos señalaron de inmediato al imputado, Justo Fernando Barrientos, manifestaron que las «había estado molestando todo el día», mientras que uno les afirmó haber visto cómo el agresor golpeaba y empujaba a una hacia las llamas.
Vale recordar que el Tribunal está integrado por Cinthia Oberlander, Juan Manuel Grangeat y Adrián Pérez Lance, quien ejerce la presidencia del cuerpo. La acusación está a cargo del fiscal Juan Manuel Fernández Buzzi, mientras que intervienen tres querellas: la Defensoría Pública de Víctimas, que representa al hermano de Pamela y al hijo de Roxana; la abogada Luciana Sánchez, en representación de Castro Riglos; y la Federación Argentina LGBT (FALGBT), representada por las abogadas Samanta Pedrozo y Flavia Massenzio, junto a su presidenta, María Rachid.
El primero en declarar ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°5 fue el oficial inspector Julio César Alarcore, el primero en llegar al lugar, incluso antes que los bomberos. El policía describió que ingresó a la pensión y que «había una habitación prendida fuego» con cuatro mujeres «entre el pasillo y el baño». Según las describió, estaban con ropas y cuerpos quemados, salvo una, la menos afectada, que estaba vestida. «Estaban asustadas y afectadas por el dolor de las quemaduras», señaló.
Consultado sobre si habló con las víctimas, precisó que habló con una. «Me había dicho que había una de las femeninas embarazada. No recuerdo si se refería a ella o a otra persona», indicó. «Recuerdo haber hablado con una de las víctimas y me dijo que estaban en la habitación y que de repente vieron a una persona que les arroja una bola de fuego», agregó.
Esto último lo relacionó directamente con un tacho de pintura que encontró en el lugar. Sobre esto habló con un bombero. «Me dijo que el perro había detectado rastros de combustible; se calculó que podía haber sido alcohol o nafta», indicó.
Sobre el imputado, precisó que fue informado que se encontraba un «hombre con un corte en el cuello aparentemente autoprovocado». Según describió «estaba nervioso y asustado, reacio a hablar», aparte, indicó el oficial «había personas que lo estaban acusando».
En este punto, el policía recordó que uno de los vecinos destacó el hostigamiento de Barrientos sobre las víctimas: «esta persona había abusado o intentado abusar de ellas y que las había estado molestando todo el día», le dijo uno de los habitantes de la pensión al efectivo. Otro en tanto, «dijo que vio cuando esta persona le pegaba a una de las femeninas en el pasillo y la volvió a tirar sobre el fuego».
Sobre las víctimas, indicó que vivían juntas en una habitación. «Después tomé conocimiento de que había una relación amorosa entre dos de ellas», sostuvo.

Consultado sobre si el acusado deliraba o decía incoherencias, afirmó que no, al tiempo que sostuvo que no parecía intoxicado ni tener signos de alcohol. Misma respuesta tuvo el segundo oficial, Jeremías Ezequiel Retamar, quien estuvo a cargo de la custodia de Barrientos durante su traslado en ambulancia hacia el Hospital Argerich. El agente precisó que, junto con el médico, pudieron sacarle los datos filiatorios y que el imputado dictó su número de DNI de memoria.
Retamar manifestó que Barrientos “entendía lo que le decíamos” y que, aunque “responder costó un poco”, finalmente contestaba a lo que se le preguntaba. En ese sentido, aclaró que la dificultad no se vinculaba a un estado de confusión sino a que “no quería hablar”. Al ser interrogado sobre si percibió signos de intoxicación por alcohol o drogas, o aliento etílico, su respuesta fue un no rotundo: “No, no lo sentí”.
Respecto a la herida en el cuello que presentaba el acusado, el policía declaró: “Apenas lo vi y, por lo que vi de los médicos, no fue grave porque no recibió curación inmediata ni nada. Lo dejaron con el mismo trapo que tenía”.
Hacia el final de su declaración, la Fiscalía le leyó al testigo un tramo de su testimonial previa, donde refería que los vecinos hablaban de un conflicto anterior entre el imputado y las víctimas. En este punto, señaló que “referían que había un conflicto previo”, y que algunos apuntaban directamente contra el acusado: “que seguramente el que causó eso fue el hombre tal”, en alusión a Barrientos. Sin embargo, aclaró que no pudo precisar qué tipo de conflicto era ni profundizar en sus características.
La próxima audiencia será el 8 de junio en los Tribunales, pero no será pública ni televisada, puesto que declararán vecinos de la pensión.
