El memorándum de entendimiento alcanzado entre Estados Unidos e Irán para desescalar la crisis en Medio Oriente abre una etapa de relativa distensión en una de las regiones más sensibles para la economía mundial, aunque persisten focos de tensión que ponen en duda la estabilidad del acuerdo.
El analista de política internacional Federico Montero sostuvo que el entendimiento contempla el cese de las hostilidades, la reapertura del estrecho de Ormuz para normalizar el comercio petrolero y un compromiso de Washington para financiar la reconstrucción de infraestructura iraní afectada por los ataques. Según explicó, el impacto del anuncio ya comenzó a reflejarse en los mercados internacionales con una baja en el precio del petróleo.
Durante su habitual columna en en el programa “Caballero de Día”, en la AM 530, Montero advirtió que se trata de una tregua frágil, condicionada por la posición de Israel y por la continuidad de las operaciones militares en el sur del Líbano, factores que podrían alterar el proceso de desescalada.
El especialista consideró que el acuerdo representa una “puesta en pausa” del conflicto más que una solución definitiva. En ese marco, señaló que el presidente estadounidense Donald Trump busca ordenar prioridades en el plano internacional mientras enfrenta desafíos políticos internos y cuestionamientos de sus principales aliados occidentales.
Montero destacó además que la cumbre del G7 estuvo atravesada por debates vinculados a la seguridad global, la guerra en Ucrania y la competencia tecnológica entre las grandes potencias. Según indicó, los países europeos renovaron compromisos económicos y militares con Kiev en el marco del conflicto con Rusia, al tiempo que expresaron diferencias con algunas decisiones de la administración estadounidense.
Otro de los ejes centrales del encuentro, afirmó, fue la disputa por el control de los recursos estratégicos necesarios para el desarrollo de la inteligencia artificial. En ese sentido, explicó que Estados Unidos y Europa avanzan en iniciativas destinadas a reducir su dependencia de China en el suministro de minerales críticos, especialmente litio y tierras raras.
De acuerdo con el analista, este escenario incrementa la relevancia geopolítica de América del Sur y coloca nuevamente a Argentina, Bolivia y Chile en una posición estratégica por la magnitud de sus reservas de recursos indispensables para la transición tecnológica y energética que atraviesa la economía global.
