La banda local Rock Nacional se planteó un desafío inhumano o todo lo contrario: componer esa cantidad de temas en un plazo muy limitado con el fin de lograr “el mejor disco de la historia”
El cantautor norteamericano Jeff Tweedy dedica su libro “Cómo escribir una canción”, precisamente, a “todas las canciones por venir. A las tuyas y las mías”. Señala su prólogo: “Ninguna de estas canciones por venir nos salvará por mucho tiempo. Pero hay que seguir componiendo, esperando y observando cómo la vida se nos va revelando poco a poco a lo largo del tiempo. De hecho, cada canción y cada acto de creatividad es un acto de desafío en un mundo que a menudo parece decidido a autodestruirse. Las canciones que nos quedan por componer siempre serán más importantes que las que ya hemos cantado, y, desde luego, más importantes que las canciones que nunca engendraremos”. Y remata: “Podemos elegir entre estar del lado de la creación o rendirnos ante los poderes destructores”.
Pues bien: a los muchachos de Rock Nacional no les gusta o les interesa Jeff Tweedy. Pero sí la I.A. o al menos eso dijo Lucas Salvadori, mitad creativa del proyecto junto a Santiago Bercini. Así que esta nota fue realizada con Chat GPT incluyendo un prompt que pedía trazar la relación entre una de las bandas más aventuradas, irreverentes y prolíficas del under y el consagrado líder de Wilco. Y es que ambos están unidos por una obsesión inalcanzable: la canción perfecta. ¿Hay una forma de lograrlo? Miles y ninguna a la vez. La banda que se presentó al mundo con el notable largo “El pacto de Mayo” (un cúmulo de adhesivas piezas con numerosas referencias históricas,, políticas y estéticas atravesadas por la ironía) se propuso un desafío tan lúdico como disciplinado: hacer canciones en solo una semana.
De esa manera destinaron alrededor de ocho horas diarias que fueron religiosamente transmitidas por su canal de YouTube. Melodías previsibles, geniales, balbuceos, gritos y armonías entre infinidad de instancias desordenadas y necesarias que conformar el acto creativo, fueron transmitidos y registrados en lo que Calamaro llamaría “aquellas maratones sin parar de escribir canciones”. Y sí: al parecer fueron “buena pesca”. El objetivo fue cumplido: ciento un canciones. Y no fue magia: tampoco prompt.
“En primer lugar para tener un cúmulo de ideas más grande del cual decidir para hacer un disco- explica Salvadori-. Es decir, hacer un volumen grande de melodías, estribillos, estrofas, riffs, para tener opciones y hacer canciones buenas. Como nos pusimos ciertos deadlines para cerrar la lista, queríamos acumular rápidamente muchas ideas así tenemos tiempo de elaborarlas y armar la idea del disco. Las reglas eran simplemente hacer música nueva desde 0: 100 canciones en una semana. No son canciones terminadas con letra y todo definido, pero sí son melodías y algunos esbozos de letra, canturreos y demás”. Y fiel a la impronta de la banda, no duda en definir el objetivo de tamaña empresa: “Hacer el mejor disco de la historia de la música”.
El proceso implicó, por supuesto, algunas dificultades y anomalías: “Obviamente el reloj corriendo no te ayuda a profundizar en cada idea, pero al mismo tiempo te ayuda a no trabarte porque, básicamente, no te podés permitir ese lujo. Las letras fueron lo que más sufrió a partir de la velocidad. El resto funcionó bien. Esas son las principales diferencias con hacer canciones de a una, no tenés tanto tiempo para pensar las cosas”.
Y es que hay un diferencia entre la urgencia y la ansiedad, que es signo de estos tiempos. En una era de prompts y resultado inmediatos, la propuesta podría constituir toda una declaración en nombre de la humanidad y la soberanía cognitiva. Pues no: del mismo modo que la banda ironiza sobre ambos bandos de la llamada grieta o se escapa de cualquier etiqueta o solemnidad. “No nos planteamos ningún tipo de declaración en relación a la IA. Soy pro ia y anti anti-ia. Lo que sí fue un statement fue el querer mostrar un compromiso con la canción, hacer un pequeño sacrificio en nombre de la canción”.
Y es que ante todo, hay algo divertido en ello. “Que salga bien suele estar bueno. Elaborar y resolver el puzzle cuando algo no funciona (ponerse a pensar en qué querés que diga la segunda estrofa en relación a la primera, por ejemplo) suele ser una parte satisfactoria del proceso, en este caso no hubo tanto tiempo para ello, como ya dijimos”.
Parte de ese proceso implica otras etapas. Porque ese centenar de canciones son apenas un paso –gigante, sin dudas- para un recorrido necesariamente extenso hasta materializarse en un disco. Salvadori cita: “Pagni siempre cuenta que Piazzolla en su primer disco en vivo dijo, antes de empezar a tocar, «buenas noches, vamos a grabar este espectáculo, solo espero…» y en vez de terminar con «que les guste», remató con «…que toquemos bien». Yo solo espero que hagamos un disco bien”.
La banda cuyo nombre surgió como una parodia intentará estar a la altura de esa tradición de la canción como género. Posiblemente, en el medio surjan otras cien ideas más de discos o temas o sonidos que se interpongan o lo alimenten. El trayecto de una banda es casi tan aleatorio como el de un modelo de lenguaje cuando alucina y achís estornudo social David Viñas del Señor. Esa es su gracia. Un tal García Lorca decía: “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio”. Si vamos a develarlo o –mucho mejor- perpetrar ese misterio, ¿qué mejor que hacerlo desde el lado más divertido del asunto? Es decir, el lado de la creación.
(*) Bait: este texto fue hecho por un humano. Fuck I.A.
