Lula venció por el 1,7 % hace cuatro años a Jair Bolsonaro, hoy preso por instigar un golpe de Estado. Su hijo Flávio empata en las encuestas con el actual presidente, y si gana indultará al padre. “Flávio al gobierno, Jair al poder”. Solo México quedaría a salvo del control estadounidense. Amenaza para el Grupo Brics+.
Por Miguel Croceri
Hace casi cuatro años Lula Da Silva derrotó en la segunda vuelta electoral en Brasil al entonces presidente Jair Bolsonaro, quien aspiraba a la reelección. Pero la diferencia entre uno y otro fue de apenas el 1,7 % de los votos: el ganador obtuvo el 50,85 % y el perdedor 49,25 %.
Antes, Lula había sido presidente en dos mandatos consecutivos: primero 2003/2007 y luego en 2007/2011. Le sucedió su discípula política Dilma Rousseff, también del PT (Partido de los Trabajadores), quien completó el mandato 2011-2015 y fue reelegida para el periodo 2015-2019. Sin embargo en agosto de 2016 fue derrocada por el Parlamento, que dio el último paso “institucional” de un plan golpista diseñado en Estados Unidos con intervención de las élites empresariales brasileñas, y ejecutado por corporaciones judiciales y mediáticas.
Fue el primer caso exitoso -para los intereses dominantes- en un país poderoso de América Latina, en el cual un gobierno soberanista y popular era destituido sin utilizar la violencia militar explícita que caracterizó a los golpes de Estado en el siglo XX. Esta vez se llevó a cabo la “guerra sucia judicial” que en los ambientes politizados se suele denominar con el neologismo del idioma inglés “lawfare” (traducible como “guerra jurídica” o “guerra judicial”).
El plan antidemocrático no solo consistió en derrocar a Rousseff sino además en impedir el retorno de Lula al gobierno. Para ello fue juzgado, condenado, encarcelado y proscripto con la excusa de delitos inexistentes, inventados en su contra para darle apariencia de “legalidad” a la persecución política, y tramitados -mediante simulacros de juicio, con la sentencia resuelta de antemano- por una corporación judicial corrompida.
Idéntica situación a la que sufre hoy Cristina Kirchner en Argentina, y que también padecieron/padecen, con variantes propias de cada situación nacional específica, el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa (quien debió exiliarse en 2017, poco después de concluir su gobierno, y también su ex vicepresidente Jorge Glas, preso desde entonces); el peruano Pedro Castillo (destituido y tomado prisionero en 2022, después de apenas un año y cuatro meses de gobierno); el paraguayo Fernando Lugo (derrocado en 2012 por el Parlamento con excusas judiciales); y antes el hondureño Manuel Zelaya (destituido en 2009 con el aval de la Corte Suprema de Justicia, e inicialmente obligado a exiliarse).
Condena a Lula: información errónea en Argentina
En Brasil, la condena y proscripción de Lula generaron las condiciones fraudulentas para que Bolsonaro venciera en la elección de 2018. Profesionales del periodismo argentino de todas las tendencias políticas suelen repetir una afirmación equivocada: que el fallo condenatorio no había sido confirmado por la máxima instancia judicial del país, y que por eso, cuando tal pronunciamiento se produjo, finalmente la sentencia fue anulada y él pudo postularse nuevamente. La información es 100 % errónea: simplifica los hechos a costa de falsearlos y confundir.
En abril de 2018 el Supremo Tribunal Federal (STF) brasileño, por seis votos a favor contra cinco (6 contra 5) confirmó la condena a 12 años de cárcel para el entonces ex presidente. El popular líder político quedó detenido 48 horas más tarde y estuvo prisionero durante 19 meses. En diciembre de 2019 fue liberado provisionalmente hasta que se agotaran todas las instancias de apelación.
Mientras transcurrían los hechos, y en gran medida por causa de la criminal decisión política de Bolsonaro frente a la pandemia del covid -se negó a establecer cuarentenas y demás medidas de cuidado, lo cual significó para la población brasileña una cantidad de muertos proporcionalmente mucho mayor a casi todos los países del continente-, tanto sectores de la judicatura como de las corporaciones mediáticas e igualmente de partidos y dirigencias que habían participado del golpe de 2016, rompieron su alianza con el bolsonarismo.
Ocurrió entonces que tres años después de que el Superior Tribunal Federal mandara a Lula a la cárcel, ese mismo órgano judicial -con algunos cambios en su composición- en abril de 2021 anuló su propio fallo anterior y le restituyó los derechos políticos, es decir que lo dejó en condiciones de volver a ser candidato. Esta vez la decisión tuvo el voto afirmativo de ocho jueces y tres se pronunciaron por la negativa (8 contra 3).
Intento de golpe de Estado en 2023
En 2022, el reñido balotaje entre Lula y Bolsonaro tuvo lugar el 30 de octubre. Quien ya había sido dos veces mandatario nacional y volvía a ganar una vez más, asumió su tercera presidencia el 1 de enero de 2023. (Por una cláusula constitucional, el recambio presidencial cada cuatro años se debe realizar el día de Año Nuevo).
Pero ena semana más tarde el país sufrió un intento de golpe de Estado, perpetrado por miles y miles de bolsonaristas violentos que asaltaron simultáneamente la sede de los tres poderes de la República en la capital, Brasilia. La intentona no contó con suficiente apoyo militar ni del resto de las corporaciones, y así pudo preservarse la estabilidad institucional.
Las turbas extremistas llevaban banderas y/o remeras con los colores patrios, de modo prácticamente igual a la selección brasileña de fútbol, debido a que el bolsonarismo utiliza la identidad cromática nacional como su propia simbología. Puede verse una selección de “impactantes imágenes” publicada aquella vez por la plataforma informativa pública británica BBC.
En septiembre de 2025 Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión como instigador del golpe, junto con un grupo de cómplices militares y civiles. Está preso desde entonces. Al principio pasó dos meses arrestado en su residencia, después fue enviado a una cárcel por violar las condiciones de detención, y luego hospitalizado por una neumonía. En abril de este año el Congreso sancionó una ley para bajarle la condena, pero esa norma fue repudiada por una parte de la población y del sistema político, e impugnada judicialmente. La reducción de la pena todavía no está resuelta. En julio se dictó una ampliación por tiempo indefinido del beneficio de la prisión domiciliaria.
Si triunfa el hijo, impunidad para el padre
Justamente por hallarse condenado y detenido, el jerarca de la extrema derecha brasileña -aliada de Estados Unidos y de Israel, como la totalidad de las derechas y ultraderechas latinoamericanas actuales- no pudo ser candidato en la elección presidencial de este año, que está a punto de realizarse. (La primera vuelta será el domingo 4 de octubre, mientras que el domingo 25 del mismo mes tendría lugar el muy probable balotaje).
El postulante que reemplaza a Jair Bolsonaro es su hijo Flávio, de 45 años y actual senador, quien exhibe un posicionamiento político-ideológico prácticamente idéntico al del padre, con quien además comparten un estilo despiadado y violento, y asimismo trayectorias ligadas al encubrimiento de bandas criminales y entramados de corrupción. Flávio ya dijo que, si gana, pedirá al Congreso una amnistía para su progenitor y los demás responsables del golpe del año ‘23, y que si no hubiera consenso parlamentario, les concederá un indulto.
La anunciada impunidad de Jair conlleva la posibilidad concreta de que, ocupando un cargo público o no, sea el verdadero jefe del gobierno durante un eventual mandato de su hijo. “Flávio al gobierno, Jair al poder” (emulando trágicamente a una consigna popularizada con los nombres de Héctor Cámpora y Juan Perón en la Argentina de 1973), podría ser la síntesis enunciativa de ese probable esquema de roles.
Las encuestas anticipan una extrema paridad entre Lula y Flávio Bolsonaro, particularmente ante la perspectiva de una segunda vuelta. En principio, para la primera ronda de votación se presentan un total de trece aspirantes presidenciales.
El último relevamiento de intención de voto difundido por la empresa Atlas-Intel, reconocida por sus aciertos en comicios anteriores, vaticina un empate técnico en el balotaje. Publicado por Bloomberg Línea, edición para América Latina y el Caribe de la agencia estadounidense Bloomberg News, especializada en economía, finanzas y política internacional.
Pero aún ganando Lula por un margen ínfimo, queda abierta la posibilidad de que el perdedor no reconozca el resultado, y así la ultraderecha desataría el caos, la inestabilidad y la violencia política en Brasil.
Y esta vez lo haría con respaldo del poderío estadounidense al mando de Donald Trump, cuyas huestes perpetraron el asalto al Congreso norteamericano cuando asumía Joe Biden a comienzos de 2021, en un hecho que el bolsonarismo imitaría casi tal cual dos años más tarde.
Control geopolítico de América Latina
Si Brasil cayera otra vez bajo un gobierno ultraderechista y aliado a la superpotencia del Occidente global, significaría que Estados Unidos alcanzaría el control geopolítico casi completo sobre los países más relevantes de América Latina, con excepción de México.
(El portal de BBC publicó hace poco un mapa coloreado del subcontinente: el rojo para las naciones con gobiernos denominados, según distintas interpretaciones, como de izquierda, o centroizquierda, o progresistas, o nacional-populares, etc., y en celeste aquellos de derecha o ultraderecha. El único caso en violeta es Venezuela, bombardeada por EEUU y con su presidente secuestrado. Dos pequeños países en rojo al norte de Brasil corresponden a Guyana y Surinam, y al este de ambos, en color blanco, el territorio colonial de Guyana Francesa. También en rojo, al sur de México, está Guatemala. En la Centroamérica insular aparece el rojo de Cuba, y en el istmo centroamericano, el de Nicaragua. La ilustración permite apreciar la extensión territorial y geopolítica de Brasil, y a la vez imaginar el impacto de su eventual coloratura “celeste”).
Un triunfo del bando pro-estadounidense en Brasil también implicaría una grave amenaza de debilitamiento para el Grupo Brics+ (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, el bloque integrado además por países incorporados posteriormente y otros que son asociados).
Bolsonaro-hijo ha declarado que si él fuera presidente, su país ya no se caracterizará por lo que llamó “sumisión a China”, e incluso dijo que iba a “considerar” el abandono del Grupo Brics+.
De estas informaciones y comentarios solo se desprenden hipótesis, conjeturas y suposiciones. El futuro nunca puede adivinarse. Además, con las tecnologías actuales una elección no solo se define por el voto ciudadano, sino también por posibles manipulaciones algorítimicas en el procesamiento de datos.
Primero deben continuar las campañas y luego transcurrir las jornadas electorales, y en el caso de que Lula fuera elegido por cuarta vez, hay que esperar para saber si la ultraderecha brasileña y trasnacional aceptan el resultado.
Según cómo se desarrollen los hechos, Brasil puede significar la caída final de casi toda América Latina bajo dominio de EEUU o, por el contrario, la perdurabilidad de poderes estatales democráticos, con vocación soberanista, pacifista y de respeto a la dignidad humana.
(*) Publicado en www.vaconfirma.com.ar
