La señal televisiva estatal cambia su marca y profundiza su visión de lo «público»
No casualmente, el 17 de octubre la emblemática Televisión Pública Argentina anunció el regreso a su nombre histórico: “Canal Siete”. De manera mucho menos inocente, se habla de “recuperar” el nombre de la señal que comenzó a transmitir en octubre de 1951, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón. Y es que la eliminación del término “Pública”, que durante décadas remitió a un medio estatal abierto y comprometido —al menos como horizonte institucional—, es un gesto simbólico que no pasa inadvertido. Subyace en esta simple cuestión nominal no tanto la concepción númerica que este gobierno tiene de todo como sí una idea de restitución o de volver a cierta y supuesta normalidad despolitizada.
Canal 7 fue el primer canal de televisión del país y uno de los pioneros en América Latina. Su primera transmisión regular mostró el acto por el Día de la Lealtad peronista, con imágenes de la multitud reunida en Plaza de Mayo y los discursos de Juan Domingo y Eva Perón. La televisión comenzaba así su historia en Argentina, con una tecnología que pronto se convertiría en una herramienta de comunicación masiva.
La historia del canal, sin embargo, estuvo lejos de ser lineal. Durante sus primeros años fue la única señal televisiva del país y, en la década de 1960, se destacó por la difusión de contenidos culturales. En 1979, durante la última dictadura cívico-militar, pasó a denominarse Argentina Televisora Color (ATC), en el marco de la modernización tecnológica impulsada alrededor del Mundial de Fútbol de 1978. Las transmisiones regulares en color comenzaron en 1980. Aquel cambio también dejó expuesta una contradicción que atravesaría la historia de los medios estatales: la capacidad de llegar a grandes audiencias y producir contenidos de alcance nacional no garantiza, por sí sola, una programación plural ni independiente del poder político.
Durante las décadas siguientes, a pesar de los distintos cambios políticos y económicos, el canal mantuvo una identidad que lo diferenciaba de las señales privadas, aunque no estuvo exento de intervenciones gubernamentales, crisis y cambios de orientación.
En la etapa kirchnerista, esa vocación pública se renovó con una política activa de producción propia y federal. En esos años se consolidaron o alcanzaron amplia visibilidad espacios como “Cocineros Argentinos”, además de propuestas infantiles, documentales, ficciones y programas de actualidad y análisis político.

Uno de los hitos más significativos de esa etapa fue la creación de Fútbol para Todos, en agosto de 2009, que permitió transmitir por televisión abierta y gratuita los partidos de los torneos de Primera División, hasta entonces condicionados por el acceso a señales de pago.
La expansión de la televisión estatal también se expresó en la producción de ficción, humor, contenidos educativos y propuestas culturales. En la pantalla tuvieron lugar ciclos como Peter Capusotto y sus videos, que desde 2006 construyó un espacio singular para el humor y la cultura rock, y “En terapia”, ficción producida junto a Dori Media Group, con dirección de Alejandro Maci y un elenco encabezado por Diego Peretti, Norma Aleandro y Leonardo Sbaraglia. En paralelo, durante esos años se consolidaron señales públicas especializadas: Encuentro comenzó a transmitir en 2007 con una propuesta educativa y cultural, y Pakapaka se convirtió en señal infantil en 2010. Aunque estas últimas no dependían de la grilla del canal 7, formaron parte de una política audiovisual estatal más amplia, orientada a diversificar la oferta, desarrollar producción nacional y ampliar el acceso a contenidos educativos, científicos y culturales.
Desde la llegada de Javier Milei a la presidencia, en diciembre de 2023, la situación del canal cambió. La política de ajuste del gasto público y la reorganización de los medios estatales afectaron el marco en el que se desarrollan sus actividades. Los presupuestos oficiales de Radio y Televisión Argentina para 2025 y 2026 permiten seguir la evolución de sus recursos, aunque no alcanzan, por sí solos, para afirmar que el canal sufrió un recorte real de entre el 40% y el 50% sin comparar partidas equivalentes y su ejecución. En paralelo, el discurso oficial sobre la necesidad de reducir el gasto y despolitizar los medios públicos instaló una nueva orientación institucional, cuyo alcance también puede examinarse en la programación y en los criterios de selección de temas, invitados y formatos.
La grilla actual ofrece algunos indicios concretos de ese desplazamiento. “Las Mañanas con Andino”, “Mediodía Bien Arriba” y “Estamos en Una” ocupan franjas centrales de la programación con magazines que combinan actualidad, entrevistas, espectáculos y noticias sobre la vida privada de figuras conocidas. A esa oferta se suman ciclos como “La Noche Es Nuestra”, “Iluminadas” y “Stream Room”, con propuestas de entretenimiento y participación de invitados. La pantalla conserva también espacios como “Aire Nacional”, “Se Siente Argentina”, “Unísono” y “Pampero TV”, vinculados con la información federal, la música y la producción agropecuaria.
El problema, entonces, no es afirmar que hayan desaparecido todos los contenidos culturales o regionales, sino observar el peso que adquieren los magazines y el espectáculo en la programación cotidiana frente a la discusión política, el periodismo de investigación y la producción cultural de mayor profundidad. La selección de temas y su jerarquía también construyen una mirada sobre la realidad: cuando los conflictos sociales, las políticas públicas y las decisiones del Gobierno no ocupan un lugar equivalente al de la actualidad liviana, la supuesta neutralidad de la pantalla puede terminar funcionando como una forma de despolitización.
