Probablemente, el récord de suicidios sea la peor consecuencia humanitaria del “capitalismo de libre empresa” que promueven Milei y todo el régimen gobernante. Más de 370.000 empleos perdidos y récord de deuda externa. Nuevas marchas multitudinarias por las universidades y violencia represiva cada vez mayor.
Por Miguel Croceri (*)
Prácticamente dentro de un mes y medio -el 10 de diciembre próximo- se cumplirán tres años desde que comenzó el gobierno de Javier Milei y empezó a ejecutare el modelo de sociedad que él mismo llama “capitalismo de libre empresa”, que los sectores críticos generalmente mencionan como “neoliberal”, y que también desde una perspectiva crítica puede denominarse “libertinaje capitalista”.
Sus consecuencias se pueden advertir en una devastación humanitaria, social, económica y de todo tipo para la abrumadora mayoría de la sociedad, sin que hasta el momento la resistencia popular haya encontrado formas de articulación política y niveles de fortaleza suficientes como para ponerles freno.
Milei, como presidente de la Nación, es el funcionario público que concentra la mayor responsabilidad por la catástrofe que sufren la Nación y el pueblo. Y como tal es el jefe institucional de las estructuras de control y dominio sobre la sociedad. Pero éstas exceden completamente al gobierno propiamente dicho y a las propias características desquiciadas, extremistas y violentas del dirigente que ocupa el más alto cargo del Estado.
Mucho más que eso, dichas estructuras se componen de poderes de facto -tanto del ámbito estatal como de las élites empresariales locales y del exterior, y asimismo de los intereses de potencias extranjeras- que conforman el régimen de ultraderecha gobernante. (“No es solo Milei: es un régimen corporativo y colonial”, fue el título de una columna de opinión similar a esta que VCF publicó a comienzos de mes. Nota del 04/10/26).
Personas que se quitan la vida
Los dramas que sufren las mayorías sociales como resultado del accionar del gobierno y las coporaciones aliadas, se reflejan de múltiples formas. Probablemente la más cruel y dramática sea el aumento de la cantidad de suicidios.
Semanas atrás se conocieron cifras elaboradas por el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) que depende del ministerio de Seguridad de la Nación. Esa fuente oficial constató que en nuestro país durante 2025 se quitaron la vida 5.209 personas, lo cual representa un 22,6 % más que en 2024, cuando el total de casos fue de 4.249.
“Es la cifra más alta desde que existe registro y triplica a los homicidios dolosos” -es decir intencionales- ocurridos durante el mismo periodo, destacó un artículo sobre el tema de la periodista Paz Tibiletti, publicado en el portal Cenital. Allí se exhiben cuadros estadísticos que registraban en 2016 una cantidad de 2.897 suicidios. Los 5.209 casos de 2025, tienden prácticamente a duplicar el número de víctimas en diez años.
Dicho medio consultó, entre otras/os, a la licenciada en Psicología Alicia Stolkiner, una de las principales referentes latinoamericanas en Salud Mental Comunitaria. La científica explicó que “la pandemia ha sido un hecho traumático colectivo y va a llevar mucho tiempo elaborarlo. Pero, además, aceleró transformaciones que venían sucediendo a nivel global: la acumulación de riqueza y el aumento de la desigualdad en Argentina y el mundo fue impresionante, y eso vino de la mano de la ruptura de los lazos comunitarios, lo cual genera condiciones para que aumente el sufrimiento de las personas”.
El citado portal de información y análisis enfatiza que “los especialistas señalan que el suicidio es siempre un fenómeno multi-causal, pero es importante entender el contexto social en el que ocurre”. Y luego expone otras consideraciones de Stolkiner: “Cuanto ves que la curva (NdR: alusión a la forma que presenta el gráfico estadístico) se dispara de esta manera, tenés que pensarlo no como una suma de problemas que les pasaron al mismo tiempo a un grupo determinado de personas, sino que algo que está sucediendo en la sociedad, y hacer una lectura que tenga relación con las condiciones de vida, con la cultura, con los vínculos sociales, con la capacidad de contención y también con la propuesta de sociedad que tenemos”, dijo la especialista.
(Puede verse el informe completo de Cenital, titulado “Radiografía de una emergencia: el suicidio ya es la principal forma de muerte violenta en Argentina”. Nota del 03/08/26).
Destrucción del empleo y récord de deuda externa
Tristemente, son infinitos los datos que podrían mencionarse para ejemplificar, en cualquiera de las dimensiones de la realidad colectiva, el carácter violento del modelo de sociedad que se está conformando. Apenas un par de ellos, se refieren a la destrucción del empleo y a la deuda externa de Argentina.
Desde que Milei está en el gobierno y hasta julio pasado, se perdieron más de 370.000 (trescientos setenta mil) puestos de trabajo formales. La estadística incluye al empleo en el sector público y también en el privado. En este último, la cantidad de trabajadores/as que se quedan sin su fuente laboral viene aumentando desde hace 14 meses.
Los datos surgen de los registros oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), donde constan los aportes de empleados/as y las contribuciones de las empresas cuando se trata de relaciones laborales legalmente formalizadas y fiscalmente registradas, es decir las que en el habla coloquial se suelen denominar “en blanco”.
(La información ha sido difundida en los últimos día a través de múltiples medios informativos y redes socio-digitales. Constan, por ejemplo, en un artículo del portal “Mundo Gremial”. Nota del 14/10/26).
En cuanto el endeudamiento del país con distinto tipo de acreedores extranjeros, se trata de información prioritaria para los expertos en economía que sirven a las élites capitalistas, y asimismo para las/los investigadores en temas económicos y políticas públicas, como así también para el periodismo especializado.
En la mayoría de los discursos públicos es una temática bastante ajena, a pesar de que quienes pagan/pagamos la deuda continuamente son/somos el conjunto de las personas que viven/vivimos en el territorio nacional.
Los últimos datos al respecto del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) corresponden al primer trimestre del año, es decir que está calculado solo hasta el 31 de marzo inclusive. En ese momento la deuda externa argentina marcaba un nuevo récord y alcanzaba a U$S 321.783 millones (más de trescientos veintiún mil millones de dólares). Dos de cada tres dólares está conformado por pasivos que debe afrontar el Estado, es decir el conjunto de la sociedad. El resto fue contraído por empresas privadas.
(Puede hallarse una reseña de la información oficial, por ejemplo, en el sitio informativo “Con interés”, especializado en temas económicos y financieros. Nota del 24/07/26).
(Para obtener información financiera detallada y especializada, está accesible públicamente el propio reporte del instituto de estadísticas. Ver Indec. Cuentas Internacionales. Primer trimestre 2026).
(Por otra parte, una actualización extraoficial que alcanza hasta el segundo trimestre inclusive, sitúa el total de la deuda externa en U$S 327.855 millones. En letras: más de trescientos veintisiete mil millones de dólares. Publicado en el portal de El Destape, nota del 29/09/26).
Marchas universitarias en todas las provincias
Como se sabe, en los casi tres años del gobierno de Milei, las universidades públicas han sido/son uno de los sectores de la comunidad nacional que más ha contribuido a realizar acciones de protesta, resistencia y reclamo contra los efectos devastadores de las políticas oficiales.
Así fue que el pasado jueves (15/10) se desarrolló la quinta edición de la Marcha Federal Universitaria en todo el territorio nacional. El porteñismo mediático muestra de forma casi exclusiva la manifestación que tiene lugar en la ciudad de Buenos Aires, cuando en realidad las movilizaciones se realizan en decenas, o quizás más de cien, ciudades grandes, medianas y aún de poca población en la totalidad de las provincias argentinas.
(Sola a modo de referencia orientativa, lejos de ser estricta y apenas como repaso somero de algunos casos, el portal “Letra P” publicó una reseña acerca de “cómo se vivió la marcha” en diferentes lugares del país. Nota del 15/10/26).
En la capital federal, a raíz de la densidad poblacional concentrada en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y además por el hecho de albergar a la universidad pública más importante, la marcha volvió a ser multitudinaria y expresó una vez más otro intento de respuesta popular masiva contra la ofensiva del gobierno.
Al mismo tiempo, en la Cámara de Diputados la oposición trataba de alcanzar el quórum para realizar una sesión especial en la que iba a debatirse el rechazo al “famoso” DNU-70 (decreto de necesidad de urgencia Nº 70/2023, el devastador decretazo anticonstitucional y antidemocrático con el que Milei empezó su gestión en diciembre del ‘23).
También estaba previsto analizar proyectos destinados a aliviar la situación de las familias endeudadas, y asimismo prorrogar la llamada “emergencia en Discapacidad”. Por la ausencia de una mayoría de diputados/as, tanto del oficialismo y sus aliados habituales como de otros/as legisladores/as que responden a gobernadores de diversos orígenes políticos, faltaron ocho presencias para alcanzar el quórum y la sesión no pudo realizarse.
(Medios como el diario cooperativo Tiempo Argentino informaron detalladamente acerca de los/las diputados/as que impidieron sesionar y quiénes son sus jefes políticos que ejercen como gobernadores en distintas provincias. Crónica de Verónica Benaim, nota del 15/10/26).
Violencia represiva para neutralizar las protestas
La multitud que se manifestó el jueves frente al Congreso nacional, y que excedió ampliamente a la comunidad universitaria propiamente dicha y además incluyó a otros colectivos sociales que forman parte de la vanguardia para oponerse al gobierno, volvió a tener un valor político extraordinario.
Sin embargo, el mileísmo ya “le tomó el tiempo” (o, como también solía decirse en el habla popular, “le picó el boleto”) a las grandes manifestaciones opositoras en el centro porteño -que es, a su vez, el centro político de Argentina-, y las convierte en escenas de “caos”, “incidentes”, “disturbios”, “enfrentamientos”, “jóvenes tirandole piedras a la policía”, “cuánto dinero cuesta reparar los destrozos”, etcétera, etcétera.
Con la impunidad que le otorgan las corporaciones mediáticas y judiciales que forman parte del régimen gobernante, el oficialismo despliega una planificada y minuciosa infiltración en la marcha de agentes secretos disfrazados de manifestantes, y así ejecuta una violencia represiva que desvirtúa el sentido de la protesta social y en parte neutraliza sus efectos políticos.
Además, en el colmo de la perversión moral, política y jurídica, el ministerio de Seguridad Nacional presentó denuncias judiciales por delitos tales como “atentado contra el orden constitucional”, “resistencia y atentado contra la autoridad” y “daño agravado”. (Tema detallado por la agencia informativa Noticias Argentinas, reporte del 16/10/26).
El modelo de sociedad que se está conformando en Argentina es intrínsecamente violento por sus consecuencias humanitarias, sociales, económicas, educativas, de acceso a la vivienda y de cualquier otro aspecto de la vida de la Nación.
Al mismo tiempo, ante los intentos de respuesta popular que se intentan una, y otra, y otra, y otra vez más desde distintos sectores de las bases sociales, el régimen reacciona con dosis crecientemente peores de violencia represiva, tanto en su faceta física-criminal como en la posterior persecución judicial contra las personas que protestan.
Argentina sufre colectivamente el peor momento histórico desde el fin de la dictadura genocida en diciembre de 1983. Una parte considerable de la sociedad trata de revertir ese destino destructivo, mientras gigantescos poderes locales y del extranjero pretenden afianzar y potenciar la defensa de sus intereses, sus negocios y sus privilegios. Por ahora, la disputa está en pleno desarrollo.
