Otra derrota del coloso

Por Gustavo Cirelli

Allá lejos en el tiempo, cuando los historiadores narren el primer cuarto del siglo XXI, uno de los mejores alumnos de Domingo Felipe Cavallo – otro ineludible personaje para entender cómo llegó la Argentina al año 2000 – debería disponer de un lugar destacado. Se trata del economista Federico Sturzenegger, actual ministro de Desregulación y Transformación del Estado. El coloso arrasador. Uno de los preferidos de Javier Milei entre su staff ministerial. Tienen varios aspectos en común, pero uno que los distingue: profesan una fe ciega a la religión económica con la vehemencia elegante de un elefante bailando en un bazar ordinario de productos importados. Obviamente.

Sturzenegger es el responsable del proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que entre sus capítulos contaba con uno que desterraba la ley de Tierras rurales de 2011. Desde que lo presentó en el Congreso el pasado 27 de marzo ya hubo 15 versiones, cambios, y en cuatro oportunidades se frenó su tratamiento. Ahora, ante lo inevitable de un nuevo fracaso frente a una multitudinaria manifestación popular el torno al parlamento, desde el bloque de senadores del oficialismo anunciaron que sacarían el capítulo en cuestión para que se puede avanzar con la ley en la Cámara alta.

Una derrota anticipada de los libertarios, al menos transitoria, que entendieron que la sociedad movilizada en un sentido amplio y efectivo les puso un límite claro. Hace semanas que en la conversación pública está resonando la palabra soberanía en sus múltiples acepciones, todas nítidas. Quizá el efecto cascada (perdón Manuel Adorni. Fin) de la indeleble bandera improvisada y eterna escrita en una sabana de hotel en los Estados Unidos, que los jugadores de la selección argentina sostuvieron con orgullo tras el triunfo contra el conjunto inglés: “Las Malvinas son argentinas”. Por esas horas los senadores libertarios, con la imperecedera Patricia Bullrich al frente, vieron claudicar su interés por tratar esta misma ley a la que ahora le extirpan el adefesio entreguista made in Sturzenegger.

Hubo un gran trabajo del activismo político y social. Un quirúrgico trabajo del Observatorio de la Tierra que, semana a semana, fue presentando sus informes demoledores que acentuaban los peligros sobre la extranjerización de tierras, incluso en el presente, con la norma actual que rige desde el 2011.

En la actualidad, el 5 por ciento del territorio nacional está en manos extranjeras, son unas 13 millones de hectáreas tierras en poder foráneo, lo que equivale a la superficie de Inglaterra o de la provincia de Santa Fe. Dentro de esa extensión encaja 11 veces el territorio de las Islas Malvinas.

De las 13 millones de hectáreas, 2.700.000 pertenecen a propietarios estadounidenses, lo que supera las dimensiones de la provincia de Tucumán. El 50 por ciento del total de tierras extranjerizadas las tienen estadounidenses, italianos y españoles. El podio lo tiene el italiano Luciano Benetton: a través de la Compañía de Tierras del Sud Argentino, el grupo textil controla unas 920.000 hectáreas repartidas entre Chubut, Santa Cruz, Río Negro y Buenos Aires. Es el principal terrateniente extranjero. Sin olvidar otro caso emblemático: desde 1996, el magnate británico Joe Lewis fue comprando tierras en torno a Lago Escondido, en Rio negro, donde cuenta con 12 mil hectáreas. El británico cerró el acceso al lago, montó un lujoso club de campo, y fue (al menos una vez en un caso escandaloso) anfitrión de jueces, funcionarios judiciales y ejecutivos del Grupo Clarín.

Con estos antecedentes sobre la mesa, no es la primera vez que Sturzenegger quiere sepultar la Ley de Tierras Rurales. Ya lo había intentado con el monumental (y trágico) DNU 70/2023, que en su artículo 154 pretendía la derogación de la norma de 2011, pero la aplicación fue frenada en la Justicia mediante una medida cautelar impulsada por el Centro de Excombatientes de Malvinas (CECIM) de La Plata.

Un sueño húmedo que el ministro de Desregulación y Transformación del Estado deberá seguir postergando. Al menos por ahora. Porque es insaciable. Su recorrido público así lo confirma.

¿Quién es Sturzenegger?

Como ministro cuenta con un sueldo bruto mensual de unos 8.500.000 pesos, según las escalas salariales de las autoridades superiores del Poder Ejecutivo Nacional. Lo que da una salario neto en mano de entre 5.1 y 5.5 millones de pesos.

Si bien su salario está muy por encima de la media, los ingresos como funcionario no representan una complicación ni mucho menos. Declaró activos en el exterior por más de 1,4 millones de dólares. Lo que representa el 98% de sus ahorros líquidos fuera del sistema local.

El “coloso” – como lo llama Javier Milei – estudió en la facultad de Economía de la Universidad Nacional de La Plata y se doctoró en el MIT de Estados Unidos. Es hijo del miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas Adolfo Sturzenegger, vinculado a la Unión Cívica Radical. Pero su verdadero mentor y padre político fue Domingo Cavallo.

A finales de los ´90, Sturzenegger militó en Acción por la República, el partido fundado por Cavallo tras su quiebre con el gobierno de Carlos Menem. Y en 2001, cuando el referente de la Fundación Mediterránea volvió al ministerio de Economía de la mano del efímero presidente radical Fernando de la Rúa, lo convocó como Secretario de Política Económica. El joven Sturzenegger y Cavallo trabajaron juntos el diseño del fallido Megacanje de deuda. Un lazo inquebrantable entre ambos. Años más tarde cuando Sturzenegger asumió la jefatura del Banco Central recibía al cordobés y reconocía públicamente que lo consultaba permanentemente.

El liberal, hoy fiel libertario del canon mileista, y mano derecha del topo que vino a destruir el Estado desde adentro, acumula más de 13 años ejerciendo cargos públicos como funcionario nacional o en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires:

-Secretario de Política Económica de la Nación: 9 meses (marzo de 2001 –-noviembre de 2001).

-Presidente del Banco Ciudad de Buenos Aires: 5 años y 10 meses (febrero de 2008 – diciembre de 2013).

-Diputado Nacional por la CABA: 2 años (diciembre de 2013 – diciembre de 2015).

-Presidente del Banco Central (BCRA): 2 años y 6 meses (diciembre de 2015 – junio de 2018).

-Ministro de Desregulación y Transformacióndel Estado: 2 años y 1 mes (julio de 2024 al presente).

En el sector privado se le conocen sus trabajos como economista jefe de la petrolera YPF , entre 1995 y 1998, cuando ya había sido privatizada por Menem. Fue profesor en la Universidad Torcuato Di Tella y la San Andrés. Y en el exterior ejerció como profesor asistente de Economía en la Universidad de California en Los Ángeles y como docente visitante de Asuntos Públicos en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard.

Pero una de las claves de crecimiento patrimonial se encuentra en los años de intervalo en la función pública, en los que trabajó en su propia consultora privada desde donde brindó servicios de asesoramiento macroeconómico y financiero para fondos de inversión, cámaras empresariales y corporaciones nacionales e internacionales. Sus clientes incrementaron su fortuna y son parte de su secreto profesional.

El verdadero drama de la puerta giratoria. Funcionarios que dejan cargos con información sensible y de inmediato se incorporan a la actividad privada vinculada al área o injerencia que acaban de terminar.

Cuando dejó de ser funcionario de Mauricio Macri, creó Un Ombú SAS junto a su esposa, María Josefina Rouillet, después de presentar su renuncia como presidente del Banco Central. La firma se dedicó a la consultoría y al asesoramiento en ingeniería financiera. Y en especial, al diseño de carteras para fondos de inversión y corporaciones interesados en posicionar activos y reestructurar ahorros en el exterior.

Hubo más emprendimientos particulares del Coloso: por fuera de la consultoría tradicional, Sturzenegger se incorporó al mercado como Senior Partner de Latus View, un fondo de inversión privado dedicado a financiar plataformas tecnológicas de expansión regional. Ahí es donde aparece la figura de Gonzalo Lissarrague (ex-CEO global de la multinacional Thomson Reuters), que administró y representó fondos globales atraídos por la flexibilización de regulaciones financieras en América Latina. Desde la oposición ponen el foco en la relación del funcionario con Lissarrague, un vínculo que intuyen traerá sorpresas en el futuro.

En diciembre de 2023 Javier Milei firmó el famoso decreto de necesidad urgencia 70/2023 que definió un paquete masivo de más de 300 reformas profundas, que incluyó derogación de leyes, desregulación de la economía y transformaciones en el mercado laboral, de salud e inmobiliario. Sturzenegger fue su mentor. Lo había preparado como hoja de acción de un gobierno del Pro de Patricia Bullrich, pero perdió y se impuso el libertario. A él se entregó. El actual ministro lo redactó junto a buffet corporativos y lo impulsó antes de asumir formalmente un cargo en el gobierno de La Libertad Avanza.

No es la única propuesta o medida que impulsa que genera rechazo y movilizaciones y pone al gobierno en una encrucijada. Ahora fue el turno de la fallida derogación de la Ley de Tierras producto de la resistencia multisectorial. Pero no fue la primera y la última misión destructiva del Coloso que quiere aplastar a Estado.

Fuente: Contraeditorial

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