Un anteproyecto impulsado por el Ministerio de Desregulación propone modificar dos leyes clave para el sector editorial. Libreros, editores y referentes de la cultura advierten que la iniciativa favorecería la concentración del mercado y pondría en riesgo la supervivencia de cientos de comercios independientes en todo el país.
El Gobierno nacional trabaja en un anteproyecto de ley que busca introducir una profunda desregulación del mercado del libro mediante modificaciones a la Ley de Protección de la Actividad Librera (25.542) y a la Ley de Fomento del Libro y la Lectura (25.446). La iniciativa, impulsada por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado que conduce Federico Sturzenegger, encendió las alarmas en toda la cadena editorial, donde advierten que la propuesta podría provocar el cierre de librerías independientes, debilitar a las editoriales de menor escala y concentrar aún más el negocio en manos de grandes cadenas y plataformas de venta online.
El punto más controvertido del proyecto es la eliminación del sistema de precio único del libro, vigente desde 2001. La normativa actual establece que cada título debe venderse al mismo precio en todo el país, con márgenes acotados para promociones y descuentos. El objetivo es evitar que los grandes jugadores del mercado utilicen su poder económico para ofrecer rebajas imposibles de sostener para los pequeños comercios, preservando así una red diversa de librerías y garantizando el acceso federal al libro.
Quienes rechazan la reforma sostienen que la eliminación de ese mecanismo no derivará necesariamente en libros más baratos para el público, sino en una competencia desigual que terminará expulsando del mercado a las librerías de barrio y a numerosas editoriales independientes. Una vez debilitada esa red, advierten, las grandes empresas quedarían en condiciones de fijar precios y condiciones comerciales con menor competencia.
La propuesta también alcanza a la Ley de Fomento del Libro y la Lectura, que reconoce al libro como un bien cultural estratégico y otorga al Estado herramientas para promover políticas públicas vinculadas a la lectura, la producción editorial, la compra y distribución de ejemplares y el fortalecimiento de toda la industria.
Desde distintos espacios vinculados a la cultura comenzaron a multiplicarse las críticas. La presidenta del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, Florencia Saintout, advirtió que el proyecto «favorece a grandes cadenas comerciales, hipermercados y plataformas de venta online», mientras que las librerías independientes «no podrán competir en igualdad de condiciones y serán obligadas a cerrar». Además, sostuvo que cuando «se reemplaza el criterio cultural por un criterio comercial, todo se concentra, unos pocos salen ganando y se pierde diversidad y pluralidad». En la misma línea, cuestionó que el Estado nacional renuncie a herramientas para promover la lectura, incentivar la industria editorial y garantizar el acceso democrático a los libros.
El avance de este anteproyecto se inscribe, además, en una orientación más amplia del gobierno de Javier Milei respecto de las políticas culturales. Desde el inicio de la gestión, el Ejecutivo impulsó recortes presupuestarios, redujo programas de promoción cultural, avanzó sobre organismos públicos vinculados al sector y promovió una concepción en la que la cultura es entendida prioritariamente como una actividad económica antes que como un derecho y un bien público. En ese marco, la desregulación del mercado editorial aparece como un nuevo capítulo de una política que privilegia la lógica de mercado por sobre la protección de la producción cultural y de los actores que sostienen la diversidad del ecosistema del libro.
Mientras el texto definitivo aún no fue enviado al Congreso, el rechazo ya comenzó a organizarse entre librerías, editoriales, escritores, distribuidores y organizaciones culturales. Para el sector, la discusión no se limita al precio de los libros: lo que está en juego es el modelo de producción, circulación y acceso a la cultura que tendrá la Argentina en los próximos años
