El trumpismo empezó el año con el bombardeo a territorio venezolano y llevó al extremo el bloqueo contra Cuba. Ofensiva en Brasil para impedir la reelección de Lula. Extorsión estadounidense a la cooperativa neuquina Calf. Argentina enfrenta el riesgo de ser una neo-colonia manejada desde Washington.
Por Miguel Croceri
Dentro de pocos días (el día 2 de septiembre) se cumplirá un año del momento en que Estados Unidos empezó a dinamitar lanchas en el mar Caribe y en el océano Pacífico oriental, en cercanías de las costas de Venezuela. Para legitimar y justificar semejante agresión, la propaganda ideológica norteamericana disfrazada de información afirmaba -y afirma- que su propósito era/es combatir al narcotráfico, pretexto con lo cual se adjudica el derecho a cometer crímenes masivos allí donde lo crea conveniente. Desde aquel entonces han sido asesinadas 215 personas que iban a bordo de las embarcaciones. Y ahora el gobierno de Donald Trump anunció que planea atacar directamente “en tierra” a “grupos del narcotráfico” que operen “donde quiera” que sea en cualquier parte de América Latina. Así lo hizo saber durante un viaje a Panamá el secretario de Guerra (antes llamado “de Defensa”) de EEUU, Pete Hegseth.
En realidad, y de manera explícita y a la vista de todo el mundo (literalmente), las operaciones bélicas comandadas por Trump contra territorio latinoamericano y “en tierra”, comenzaron casi exactamente cuando se inició el corriente 2025. El pasado 3 de enero Estados Unidos bombardeó Venezuela, y secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, la diputada Cilia Flores. (El ataque a la nación caribeña-suramericana provocó estimativamente 100 muertos “y una cantidad parecida de heridos”, dijo poco después el ministro de Interior venezolano, Diosdado Cabello. Por su parte, el gobierno de Cuba comunicó que entre las víctimas mortales se encontraban 32 ciudadanos cubanos que trabajaban en el servicio de seguridad presidencial por acuerdo entre las respectivas autoridades. Tema resumido por la plataforma informativa pública de Alemania “DW-Deutsche Welle”.
Las acciones bélicas ofensivas de una superpotencia basadas en la superioridad armada y de tecnologías para la guerra, constituyen actos de terrorismo imperial. En los casos perpetrados en lo que va del año -pero que habían empezado en septiembre de 2025 en aguas del Caribe y del Pacífico-, el propósito es expandir la dominación estadounidense en el centro y el sur continental, como parte de una estrategia de poder a escala mundial.
A fin de ejecutar ese plan, el presidente de EEUU puso en marcha una dictadura de alcances globales (aunque casi nadie la llame de esa manera) para imponer sus intereses mediante la aplicación de -o la amenaza de aplicar- cualquier tipo de violencia militar, económico-social, cibernética, diplomática, comunicacional, de fraudes electorales, del espionaje y la vigilancia, etcétera, etcétera. Después del bombardeo a Venezuela, consultado por periodistas sobre cuáles son los límites para el uso de su poder como comandante en jefe de las fuerzas armadas estadounidenses, Trump declaró que todo depende únicamente de él mismo. “Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es la único que puede detenerme”, respondió a reporteros del diario The New York Times, y luego agregó: “No necesito el derecho internacional”.
Cuba, “una Gaza silenciosa”
A partir del tercer día de este año, EEUU tomó el control del Estado, la economía y la sociedad en Venezuela. Se mantienen en funciones la mayor parte de las autoridades legítimas del país agredido, pero sometidas a la voluntad de la superpotencia agresora.
Probablemente, la aceptación de tal imposición por parte de los/las funcionarios/as encabezados/as por la presidenta interina Delcy Rodríguez, evitó una guerra prolongada y un genocidio contra la población civil.
Apenas perpetrado el ataque imperialista, el trumpismo prohibió que se le vendiera petróleo venezolano a Cuba. Así, este último país comenzó a padecer un agravamiento a niveles extremos del sabotaje que sufre desde hace más de 65 años mediante el bloqueo económico iniciado en 1961. (“Fuentes expertas calculan que Cuba necesita unos 110.000 barriles de petróleo por día, y produce por su cuenta aproximadamente 40.000 barriles”, según una estimación publicada al finalizar enero por la tradicional cadena informativa británica BBC-News)
Ante la resistencia heroica del pueblo cubano, el intento de estrangulamiento de la vida cotidiana se hizo aún más violento a partir de julio. Expertos en derechos humanos de Naciones Unidas acaban de advertir que las sanciones “ahora también se extienden a las empresas energéticas, lo que ha bloqueado aún más la adquisición de combustible, incluso por razones humanitarias”.
Un reciente informe oficial puntualiza que “Cuba se enfrenta a una grave escasez de combustible y ha sufrido su tercer gran apagón (eléctrico) a nivel nacional. Los sectores de la energía, el transporte, el riego de cultivos y los servicios básicos están fallando simultáneamente”, lo cual afecta de manera particular “a las mujeres, los niños, las personas mayores y otros grupos vulnerables de la población, incluidos los campesinos de la economía rural”.
“‘Las consecuencias humanitarias ya se están convirtiendo en una crisis que amenaza los derechos a la salud, a la vida, a la alimentación y al desarrollo’, afirmaron los expertos, tras los informes de que los residuos no recogidos se están acumulando en algunas zonas de la ciudad de La Habana, lo que agrave el riesgo de propagación de enfermedades”.
Los autores del informe “han instado a la comunidad internacional y a la sociedad civil a actuar con rapidez para evitar que se produzca en la isla una ‘Gaza silenciosa’, tal y como han señalado recientemente cuatro miembros del Congreso de EEUU durante su visita a Cuba”.
Impedir la reelección de Lula
La dictadura global de Trump ataca a diferentes países de formas diversas. En Brasil, donde también existe un gobierno soberanista y habrá elecciones dentro de un mes y medio (primera vuelta el 4 de octubre y eventual balotaje el 25 del mismo mes), la administración norteamericana despliega todos sus recursos para evitar la reelección de Lula Da Silva.
El rival del actual mandatario es Flávio Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha pro-estadounidense y pro-israelí, que es hijo de Jair, el ex presidente condenado y detenido por haber instigado un golpe de Estado en enero de 2023. Como parte de su hostigamiento contra el gobierno en funciones, EEUU dispuso aumentar en un 37,5 % los aranceles para que ingresen a su territorio los productos brasileños. A su vez, Brasil anunció el jueves que aplicará medidas similares, previstas en la “ley de Reciprocidad Económica” aprobada el año pasado. (Reseña de la agencia informativa “Noticias Argentinas”)
Además, Lula dijo que estaba gestionando una conversación por video-llamada con Trump para plantearle directamente que no se entrometa en cuestiones internas del país suramericano. “Estoy intentando un contacto con él, cara a cara, para decirle que no se meta en los asuntos de Brasil, especialmente en las elecciones. Si se meten, van a perder”, afirmó el presidente brasileño. “No quiero una guerra”, enfatizó de inmediato. “Quiero acordar una conversación para decirle que Brasil desea tener una buena relación con Estados Unidos. No queremos pelear ni con Estados Unidos ni con China ni con Rusia, Bolivia o España”, dijo para ejemplificar el espíritu nacionalista y pacifista.
En la provincia donde está Vaca Muerta
Por una combinación de causas, el plan de dominación de la superpotencia de Occidente deriva hoy en una situación de alcances históricos (en el peor de los sentidos) para la provincia de Neuquén y para toda la Nación.
La extorsión y amenaza de la embajada de EEUU en Argentina contra la cooperativa Calf, en una maniobra destinada a impedir acuerdos comerciales con la empresa china Huawei para la provisión de tecnología digital, se ha convertido en una alevosa demostración de la actual impunidad imperialista.
Los hechos, ampliamente conocidos en los días recientes por la opinión pública neuquina y con repercusión nacional e internacional, tienen como contexto a la profunda transformación de la estructura económica y social de Neuquén y del país en la última década y media, tras el descubrimiento y posterior explotación de petróleo y gas no convencionales en la formación geológica Vaca Muerta.
Además, la vertiginosa revolución mundial de las telecomunicaciones también condujo/conduce a que la tradicional cooperativa de suministro de energía eléctrica en la capital provincial, se haya ampliado a la oferta de servicios de conectividad digital tanto en la ciudad de origen como en la propia zona de producción hidrocarburífera.
En paralelo con las razones de fondo referidas a las nuevas bases del sistema productivo neuquino, que le han otorgado a la provincia una trascendencia mundial nunca antes conocida, la alevosa intromisión norteamericana se debe asimismo a los motivos de política interna y de geopolítica a escala planetaria.
Argentina está hoy bajo control de un gobierno abiertamente sometido a los mandatos de Estados Unidos y de los más poderosos conglomerados capitalistas locales y extranjeros. Los respectivos presidentes, Javier Milei y Donald Trump, convergen en una alianza internacional que fomenta la transformación de nuestro país en una neo-colonia, cuya conducción política se ejerce desde Washington.
Desde principios de año Venezuela quedó bajo control del poder norteamericano. Como derivación directa de ello, Cuba sufre un genocidio silencioso perpetrado a través del impedimento para acceder a las condiciones indispensables de subsistencia humana.
Brasil, mientras tanto, es víctima de una embestida basada en la hostilidad arancelaria y propagandística, con generación de condiciones para la violencia política y el desconocimiento del resultado electoral, todo lo cual apunta a obstaculizar la continuidad de un gobierno soberanista.
Por el contrario, en el Cono Sur del continente, del lado Este de la Cordillera de los Andes, un gobierno nacional al servicio de la superpotencia hegemónica le otorga facilidades absolutas a los intereses dominantes extranjeros y también de las élites locales.
Aquí la ofensiva tiene sus particularidades y excluye -al menos por el momento- el uso de la violencia militar. Pero forma parte del mismo expansionismo estadounidense, hoy dirigido por la dictadura global trumpista y ejecutado por la ultraderecha trasnacional.
