Lucía Libertaria es una influencer más que promueve las ideas de Milei y la derecha. Pero hay un pequeño detalle: no es real. ¿O sí?
A decir verdad, el llamado arte de la política responde en mayor número de ocasiones a pasiones bajas que a sólidos fundamentos ideológicos. Y dentro de esa dinámica, no solo están bajas las pasiones sino la vara. También podría decirse-a riesgo de ser vulgares u obvio o ambas- que algunos hombres piensan más con la vara que con la cabeza. Lo cierto es que en este futuro vulgar y obvio que llegó hace rato, las innovaciones tecnológicas operan muchas veces con menos sutileza de las que imaginó la ciencia ficción . Mientras el avance de la I.A. promueve desde las corporaciones la socialización de la ignorancia y la privatización del conocimiento, la política la utiliza para ejercer control o influencia que no siempre está sujeta a grandes estrategias y manejo de datos (la moneda del siglo XXI).A veces todo se reduce a una cara bonita. Así de básico y previsible, como reducir a un sector de la sociedad a un perfil determinado. Así de básico y previsible como que esos prejuicios se cumplan.
Lucía Libertaria, tal como señala su cuenta de Instagram con más de 13 mil seguidores, es una joven de rasgos innegablemente hegemónicos que se expresa sobre asuntos políticos. Su contenido combina videos sobre actualidad política con posicionamientos favorables al Gobierno de Javier Milei y a La Libertad Avanza. Entre los temas abordados aparecen críticas al kirchnerismo, la eliminación del Banco Central, cuestiones vinculadas con el funcionamiento de la economía y distintas medidas de la administración nacional. Mantiene una identidad visual estable y se presenta ante sus seguidores como una creadora de contenido de derecha y libertaria, construyendo así una personalidad reconocible para intervenir en el debate político.
Pero hay un pequeño detalle: no existe. ¿O sí? Y es que Lucía es un perfil generado mediante inteligencia artificial. Las preguntas pueden ser existenciales, éticas o más concretas: ¿cuántas otros perfiles falsos habrá? Infinidad. Pero dentro de la llamada “dead internet”, lamentablemente no es llamativa la estrategia de apuntar a ciertos segmentos del electorado que literalmente se deja seducir.

El fenómeno tiene un antecedente reciente en Estados Unidos con Jessica Foster, una influencer virtual que comenzó a publicar en Instagram a fines de 2025 y que para marzo de 2026 se acercaba al millón de seguidores. Foster es presentada como una supuesta integrante de los Marines estadounidenses y publica fotografías y contenidos de apoyo a Donald Trump. Las imágenes la muestran junto a Trump, Melania Trump, Vladimir Putin y otras figuras públicas, además de escenas relacionadas con una supuesta vida cotidiana dentro de las Fuerzas Armadas. Ninguna de esas situaciones corresponde a la experiencia real de una persona llamada Jessica Foster: el personaje fue generado mediante inteligencia artificial.
El caso estadounidense alcanzó una escala considerablemente mayor. La cuenta de Foster reunió cerca de un millón de seguidores en Instagram y utilizó imágenes generadas artificialmente para construir una identidad asociada al ejército estadounidense y al movimiento político de Trump. Entre sus publicaciones aparecen contenidos vinculados con la actualidad política norteamericana y fotografías en las que la influencer virtual aparece junto al presidente o a otras personalidades. La cuenta también incorporó acontecimientos recientes a sus publicaciones, como una imagen relacionada con la visita de Lionel Messi a la Casa Blanca. De esta manera, una identidad inexistente puede ser incorporada a acontecimientos reales y mantener una presencia aparentemente personal y cotidiana en las redes.
Lo fascinante o decepcionante a la vez es la precariedad intelectual que habita detrás de la innovación tecnológica. Apuntar a los votantes de Milei o de la derecha en general como “incells” o demás motes despectivos puede ser una generalización engañosa y violenta. Pero es innegable que hay un perfil cuyo rechazo a las consignas emancipadoras de las mujeres y disidencias es proporcionalmente inverso a su deseo y cosificación de ellas.
El punto no reside tanto en burlarse de sus confusas líbidos sino de alertarnos nuevamente sobre la multiplicidad de engaños y una batalla que se da en todos los ámbitos: la soberanía. Porque no solo vienen por nuestras tierras y recursos: vienen por nuestra cognición. Hace rato.

