Del discurso a la gestión: los giros de Milei frente a los límites del poder. Breve repaso para no caer en la trampa del pesimismo.
«Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros», reza un viejo chiste de Groucho Marx. Desde su irrupción, Javier Milei se mostró como un hombre convencido. Se le podían impugnar sus argumentos y aún más su modos (casi tan disparatados y violentos como sus ideas, pero no su genuinidad. Su carácter propositivo, ante cierta incertidumbre o tibieza del lado contrario, fue lo que quizá sedujo a parte de su electorado. En términos más sencillos, “está loco, pero le creo”.
Y en ese asombroso poder de ser creíble a la par de lo insólito, construyó un relato que se instaló no solo entre sus seguidores sino –y de manera muy peligrosa- en sus opositores: Milei hace lo que quiere. Con la ayuda de poderes oscuros y foráneos, sí…pero hacer lo que quiere. Como un niño malcriado o un bufón que un día van a descartar, también. Algo que -sumado a las fragilidades o grietas dentro de la oposición-potencia el desánimo de quienes comprenden el saldo de un presidente así conduciendo nuestro país.
Sin embargo está comprobado que el señor de los perros invisibles tiene menos poder o impunidad de lo que él manifiesta…y de lo que nosotros terminamos creyendo. He aquí un repaso de algunos ejemplos, no para desestimar su capital político pero sí para tener una perspectiva más realista y proyectar, en función de ello, un futuro alternativo.
El topo del Estado
Javier Milei llegó a la Presidencia con un programa construido alrededor de algunas definiciones contundentes. El Banco Central debía desaparecer, la economía debía avanzar hacia la dolarización, las empresas públicas debían pasar al sector privado y el Estado debía reducirse drásticamente. En política exterior, el nuevo Gobierno planteaba una alineación preferencial con Estados Unidos e Israel y una distancia explícita respecto de China. Casi tres años después, el mapa es más complejo.
El peso continúa siendo la moneda argentina, el Banco Central no fue cerrado y el Gobierno impulsa una reforma de su Carta Orgánica. China continúa siendo un socio comercial y financiero relevante. YPF mantiene al Estado como accionista mayoritario. Las privatizaciones avanzaron, pero a un ritmo mucho más acotado que el planteado inicialmente. Las retenciones fueron reducidas, pero no eliminadas. Y la estabilización económica quedó acompañada por un nuevo acuerdo con el FMI por 20.000 millones de dólares.
En septiembre de 2026, además, Milei volvió a colocar Malvinas en el centro de la agenda presidencial, con sanciones a empresas vinculadas con la explotación petrolera en las islas y anuncios vinculados con la presencia militar argentina en Tierra del Fuego. El contraste resulta particularmente visible porque se trata de una cuestión sobre la que su discurso había sido muy distinto. Pero como es sabido, la famosa “batalla cultural” fue perdida por el admirador de Tatcher y tuvo, nuevamente, que acomodarse. Y es que incluso Milei, con su tono altanero, su voracidad de poder y su temeraria demencia, se encuentra con las restricciones concretas del ejercicio del poder.
Pocas consignas fueron tan emblemáticas de Milei como la eliminación del Banco Central. Durante la campaña, el entonces candidato no solamente defendió la dolarización: presentó el cierre de la autoridad monetaria como una consecuencia necesaria de su programa. En uno de sus discursos, llegó a definir al Banco Central como un “cáncer” y sostuvo que, una vez saneado su balance, Argentina podría dolarizar y cerrar la institución.
La realidad de la gestión llevó el planteo hacia otro lugar. El peso continúa siendo la moneda de curso legal y el Banco Central sigue funcionando. En 2026, además, el Gobierno presentó una reforma de su Carta Orgánica destinada a modificar las funciones y mecanismos de la institución.
Durante la campaña electoral de 2023, Milei cuestionó duramente los vínculos con Beijing. En una entrevista de aquel año incluso calificó el uso del swap de monedas entre Argentina y China como una forma de “financiar la corrida con deuda”.
La relación bilateral, sin embargo, no desapareció con el cambio de Gobierno. China continuó siendo un socio comercial de peso y el swap permaneció como una herramienta financiera relevante para la Argentina. Para 2026, incluso, el vínculo volvió a adquirir centralidad en las discusiones sobre las necesidades externas del país. Al mismo tiempo, Milei comenzó a referirse públicamente a China como un “gran socio comercial”.
YPF fue presentada por Milei durante la campaña como una de las empresas estatales que podían pasar al sector privado. La petrolera, sin embargo, adquirió una relevancia todavía mayor durante su gestión por el desarrollo de Vaca Muerta y por su peso en la estrategia energética y exportadora.
El Estado argentino conserva el 51% de las acciones y la discusión sobre el futuro de la compañía quedó atravesada, además, por el litigio internacional derivado de la expropiación de 2012. En 2025, una jueza estadounidense había ordenado entregar ese paquete accionario como parte de la ejecución de una sentencia por unos 16.100 millones de dólares; la decisión fue posteriormente apelada y la entrega quedó suspendida mientras continúa el proceso judicial. La paradoja es que el Gobierno que llegó al poder reivindicando la reducción del Estado terminó teniendo que defender judicialmente la permanencia de su participación mayoritaria en una de las empresas estratégicas del país.
La distancia entre la consigna y la gestión también aparece en las privatizaciones. En 2023, Milei prometía privatizar las empresas públicas deficitarias. El proyecto original de Ley Bases llegó a incluir 41 empresas estatales. Después de las negociaciones legislativas, la lista se redujo considerablemente. La ley finalmente habilitó mecanismos para avanzar sobre ocho empresas. El Gobierno consiguió concretar la privatización de IMPSA y avanzó en procesos sobre otras compañías, pero el ritmo fue mucho más limitado que el planteado inicialmente. Para privatizar empresas estatales no alcanza con la decisión presidencial. Se necesitan leyes, mayorías parlamentarias, compradores y condiciones económicas que hagan viable cada operación.
Las retenciones ofrecen un contraste menos abrupto, pero también ilustrativo. Milei construyó buena parte de su discurso económico sobre la reducción de impuestos. En 2023 había planteado, entre otras medidas, la eliminación de las retenciones a la soja. Durante su gestión se produjeron efectivamente reducciones y se eliminaron otros tributos, pero las retenciones no desaparecieron.
La relación con el Fondo Monetario Internacional agrega otra capa. Antes de ser presidente condieraba que era una organización “nefasta” y un manotazo de ahogado para países en crisis. Sin embargo, la “estabilización” necesitó respaldo financiero internacional.En abril de 2025, el FMI aprobó un nuevo acuerdo de 48 meses por 20.000 millones de dólares para Argentina, con un desembolso inicial de 12.000 millones. En mayo de 2026, el organismo aprobó además la segunda revisión del programa y habilitó otro desembolso de aproximadamente 1.000 millones.

El caso más reciente es también uno de los que presenta un contraste político más visible. Durante su campaña, Milei reivindicó a Margaret Thatcher y había planteado una estrategia que incluía el reconocimiento de la posición de los habitantes de las islas. Con el paso del tiempo, la cuestión Malvinas fue adquiriendo otro lugar dentro de su discurso.
El 4 de septiembre de 2026, en cadena nacional, Milei anunció sanciones contra empresas vinculadas con la explotación petrolera en las islas, anticipó una iniciativa legislativa para endurecer la respuesta argentina y anunció una ampliación de la infraestructura militar en Tierra del Fuego. El contexto internacional también cambió. Días antes, Donald Trump había realizado declaraciones que Milei interpretó como una señal favorable a la posición argentina frente al Reino Unido.
No se trata tanto de señalar las contradicciones o mentiras del gobierno. Tampoco dejar de ver el debilitamiento del sistema democrático con líderes y poderes de este tipo. Se trata, con más razón, de reivindicar las lógicas de la política, la economía y las instituciones para se ejercidas virtuosamente como sociedad y, en caso de tomar finalmente la decisión, como una una oposición sólida.
