Por R.G.M.
Además de ser una de las grandes voces de la historia, Bonnie Tyler compuso la inolvidable melodía («It´s a heartache») del que quizá sea el más potente y dramático cántico de cancha, por no decir la amenaza definitiva o el terror de todo plantel profesional: “Jugadores, la concha de su madre, a ver si ponen huevos que no juegan con nadie”.
Los ´80 son posiblemente los años dorados del pop, básicamente porque el pop aún respondía a su esencia: las grandes melodías. Lo que funciona en la cancha es el canto colectivo y por eso era frecuente que artistas impensados fueran resignificados en nuestras tribunas. Conforme al paso de los años se utilizaron canciones de cumbia, de rock o de artistas, precisamente, “melódicos”. ¿Urbano? ¿Reggaeton?
La insistencia de los genios del marketing en que “el tema del mundial” sea una suerte de frankenstein multiétnico y percusivo como si eso tuviera que ver con “lo futbolero” y los bombos de las tribunas sigue siendo un fracaso comprobado. Porque lo que naturalmente se impone son las melodías, no los waka waka de turno. Así es que aún no olvidamos “Notti Magiche” del Mundial ´90, “Muchachos” fue un mantra en Qatar y ahora el plantel eligió una canción de Gilda. Por alguna razón es que desde Sergio Denis a Turf, de Creedence a Estelares, lo que se corea no es un beat o una ingeniosa barra. Los Auténticos Decadentes, grandes proveedores de cantos tribuneros, lo saben: cualquiera puede cantar. Y si puede, quiere.
El siglo XXI, sabemos bien, exacerba una tendencia histórica: dirigirse hacia la síntesis. Todo más pequeño, más fragmentado y más utilitario. La música no ha sido excepción. Y nadie niega la riqueza en el minimalismo del hiphop o el dril o la electrónica en sus múltiples variables. Pero así como es real que esas músicas evocan el pulso primitivo y casi tribal del tambor, las canciones son las que evocan una memoria que nos trasciende. La canción, glorioso fragmento de la existencia, nos define como humanos. Y claro que el ritmo, sí…y la armonía, más…Pero la melodía es invencible. Porque la guitarra no se mancha.
Dicho eso, gracias Bonnie. Y jugadores…ya saben…
