Dolly Parton, reina del country e icono gay

Dolly Parton murió ayer, a los 80 años, y con ella desaparece una de las artistas más extraordinarias de la música popular estadounidense. Cantante, compositora, actriz y productora, Parton construyó durante más de seis décadas una obra capaz de atravesar las fronteras del country para convertirse en patrimonio de la cultura popular. Escribió clásicos como “Jolene”, “I Will Always Love You”, “Coat of Many Colors” y “9 to 5”, canciones que sobrevivieron a sus propias épocas y que fueron reinterpretadas por generaciones de artistas.

Pero su dimensión artística no se explica solamente por la cantidad de éxitos. Parton fue, ante todo, una extraordinaria narradora. Buena parte de sus canciones están habitadas por personas comunes: mujeres pobres, trabajadores, amantes abandonados, familias atravesadas por conflictos, personas que cargan con la soledad o la exclusión. Allí radica buena parte de su enorme poder como compositora: podía convertir una historia aparentemente pequeña en una canción capaz de hablarle a millones.

“Coat of Many Colors”, una de sus canciones más personales, convirtió un abrigo confeccionado con retazos en una historia sobre pobreza, dignidad y orgullo. “9 to 5” transformó la experiencia cotidiana de millones de mujeres trabajadoras en un himno contra la explotación laboral. “I Will Always Love You”, escrita originalmente por ella, demostró además que detrás de la figura exuberante y televisiva había una compositora de enorme sofisticación emocional.

Y en esa obra también existe una Dolly menos citada pero fundamental para comprender su legado: la que escribió “Family”. Incluida en el álbum Eagle When She Flies, de 1991, la canción plantea una idea sencilla y profundamente política: la familia no debería ser un mecanismo de exclusión. En plena crisis del sida y en un momento de enorme estigmatización de la comunidad gay, Parton incluyó entre los integrantes de esa familia a quienes una sociedad conservadora acostumbraba colocar afuera. La canción habla de predicadores, personas con adicciones, marginales y también gays, para afirmar que ninguno debe ser rechazado cuando forma parte de una familia.

No fue un gesto menor para una estrella del country. Fue, en cierto modo, una declaración desde adentro de uno de los universos culturales más identificados con el conservadurismo estadounidense.

Ella misma explicaba esa relación con la comunidad  LGBT+ de una manera muy sencilla: “Creo que siempre fui aceptada en la comunidad gay porque yo los acepto”. En otra entrevista sostuvo que no estaba allí para juzgar a nadie y que cada persona debía poder ser quien era.Parton no necesitó convertirse en una dirigente política ni abandonar su identidad sureña, religiosa y profundamente ligada al country para defender la diversidad. Su argumento era mucho más elemental: nadie debería ser condenado por ser quien es.

Y eso tuvo un peso particular porque Dolly nunca fue una artista periférica. Era la reina del country, una mujer nacida en la pobreza rural de Tennessee, criada en una familia profundamente religiosa y convertida en una de las mayores estrellas de la música estadounidense. Su imagen —el pelo enorme, las lentejuelas, el maquillaje, los tacones, el humor y una feminidad deliberadamente exagerada— también desafiaba las expectativas sobre cómo debía comportarse una mujer proveniente de ese mundo.

Su estética terminó siendo, además, especialmente cercana a la cultura drag. Parton llegó incluso a participar de manera anónima en un concurso de imitadoras drag de ella misma y contó entre risas que perdió.

Pero detrás del juego había algo más profundo. Dolly representaba una posibilidad que para muchas personas LGBT+ resultaba poderosa: que alguien proveniente de un entorno rural, religioso y conservador pudiera decirles que también había un lugar para ellas.

Parton evitó durante buena parte de su vida identificarse con partidos políticos. Esa distancia le permitió conservar una audiencia extraordinariamente amplia y atravesar las profundas divisiones políticas de Estados Unidos. Pero no debe confundirse esa posición con indiferencia. Cuando se trató de derechos y dignidad, Parton tomó posición. Defendió a la comunidad LGBT+, respaldó a personas trans y habló públicamente de sus empleados y amigos gays, lesbianas y trans. También escribió Travelin’ Thru, canción nominada al Oscar que acompañó la película Transamerica, centrada en la historia de una mujer trans. Y su vínculo con la cultura queer no quedó reducido a declaraciones: tuvo una relación particularmente afectuosa con artistas drag y, en 2023, apoyó de manera discreta a la drag queen Brigitte Bandit, quien había testificado contra una legislación que buscaba restringir las actuaciones drag en Texas.

La filantropía de Parton fue una extensión de una mirada social que atravesó su propia historia. Creó la Imagination Library, un programa que comenzó entregando libros gratuitamente a niños de su Tennessee natal y que terminó expandiéndose por distintos países. También realizó importantes aportes a la investigación médica y a comunidades afectadas por desastres.

Pero ante todo estuvo la música. Una obra enorme, construida con canciones que ya forman parte de la memoria colectiva. Una voz increíble y una técnica notable para tocar la guitarra… ¡inclusive con uñas postizas!  Dolly Parton fue la gran estrella del country. Y algo más: una figura que demostró que incluso desde el corazón de una cultura conservadora podía cantarse una idea profundamente sencilla y revolucionaria. Que nadie quede afuera de la familia.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

SEGUINOS EN REDES

7,526FansMe gusta
1,707SeguidoresSeguir
4,085SeguidoresSeguir
ESPECIALspot_img

ÚLTIMOS ARTÍCULOS