Messi le puso firma a su retirada de la Selección. De puño y letra. No va más. En agosto de 2005, Lionel vistió la camiseta por primera vez. En junio de 1994, Maradona la vistió por última vez. Entre uno y otro, una década caminando en el desierto. El siglo XXI empezó a tomar forma de algo el día que Messi metió su primer gol vestido de celeste y blanco. Fue contra Croacia en 2006. Parece ayer. Pasaron veinte años. Una adolescencia mundial. El resto es historia conocida. Una vida medida en goles y copas. Una generación nueva conoció su propio Estadio Azteca. Otra generación más vieja también, aunque estuviera dura mucho antes.
A Maradona, aún en vida, le cantaron rocanroles y cumbias, lo narraron una y otra vez hasta el hartazgo ¿Habrá canciones, poemas, rimas, mitología, también para Lionel? No me preocupa tanto cómo será el mundo del futuro que ya no verá a Messi. Me preocupa más qué hacemos ahora con el mundo que Messi nos hizo ver. ¿Y ahora qué pasa, eh?
Cuatro millones de veces se compartió la carta de despedida que Messi publicó ayer, escrita a mano con birome, en letras imprenta mayúscula grandotas, como si fuera un chico en la primaria o un preso. Para algunos la vida es una escuela. Para otros una cárcel. Messi le habló a ambos.
“Me vacié no, tengo más para dar”, escribió. Uno lee eso y se imagina un enorme palacio de lujo cuyo dueño, un buen día, decide sacar a la calle todas las posesiones, una por una. Desde un cuadro antiguo o una escultura de mármol, hasta el tacho de basura y la cucha del perro. Grifos de oro, sábanas de seda, vajilla de porcelana, mesas, sillas, cubiertos, todo afuera para que se lo vaya llevando cualquiera que pase. Una reliquia de recuerdo guardada en todas las casas del mundo.
Un viejo poeta me contó que una vez viajó a Santa Fe a dar una charla a una escuela. En el aula, preguntó si alguien sabía qué era un poema. Un nene de nueve años levantó la mano y respondió: “Algo que me sorprende”. Dentro de a mil años habría que responder eso cuando alguien pregunte qué fue Messi.
“Las cosas que nos hastían son las cosas que en determinando momento de nuestro viaje vamos a añorar”, explicó una vez el flaco Spinetta sobre la letra de El anillo del Capitán Beto. ¿Qué añoraremos de Messi, su juego o algo más? Un signo del alma.
Pasarán años hasta dimensionarlo. Un día alguien se preguntará de qué palacio salieron todas esas maravillas exóticas que andan repartidas por el mundo como un souvenir. Quién se vació hasta lo último de sí mismo para que el resto tenga algo más. En su despedida, Messi dejó un regalo final: que este mundo ya tenga algo propio que extrañar. Por una vez, no necesitará pedirle prestadas leyendas al pasado. Su historia ya se está escribiendo con birome. Mírenlo por última vez: ahí va el capitán Lionel. Extrañarlo será un privilegio.
