El consumo de carne vacuna en Argentina alcanzó en julio su nivel más bajo en más de dos décadas. Según el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), el consumo per cápita se ubicó en 46,3 kilos anuales, un 9,4% menos que un año atrás. Es decir que cada habitante consume unos 4,8 kilos menos de carne vacuna por año que en julio de 2025.
La caída también se observa en el mercado interno: entre enero y julio se absorbieron 1,202 millones de toneladas de carne vacuna, unas 163.400 toneladas menos que durante el mismo período del año pasado, lo que representa una retracción del 12%. Al mismo tiempo, las exportaciones crecieron 8,8% interanual, hasta alcanzar unas 487.200 toneladas.
Detrás de las estadísticas aparecen nuevas modalidades de compra: quienes antes llevaban dos kilos ahora llevan uno, y quienes compraban uno se llevan medio. También se modificó la forma de comprar: en lugar de pedir una cantidad determinada, muchos llegan al mostrador con un monto fijo y buscan qué corte pueden llevar con ese dinero.
La explicación tampoco pasa únicamente por una cuestión de preferencias. La menor oferta de hacienda es uno de los factores que presiona sobre el mercado: la faena cayó 9,8% durante los primeros siete meses del año. Pero el otro componente es el poder de compra. La carne vacuna se encareció fuertemente durante el último año y, frente a esa diferencia, los hogares comenzaron a reemplazarla por alternativas más económicas, especialmente pollo y cerdo.
El dato deja así una imagen difícil de ignorar para una economía que busca mostrar como principal logro la desaceleración de la inflación. Que los precios suban más lentamente no significa necesariamente que los ingresos hayan recuperado capacidad de compra. En la mesa de los hogares, uno de los indicadores más tradicionales del consumo argentino muestra otra realidad: menos carne vacuna, compras por monto en lugar de por kilo y un mercado interno que absorbe cada vez menos.
