Desde la misantropía y endofobia que la constituye, una segunda versión de Homo Argentum podría incluir un personaje que hace campaña para el gobierno que deja sin trabajo a todos los colegas de su rubro. La contradicción, según esta gente, seguramente es algo “muy argentino”. Pues bien: en plena promoción de Playa de Lobos, Guillermo Francella comenzó a recalcular sobre sus posturas respecto a la industria audiovisual quizá con más contradicción que arrepentimiento. Tras volverse emblema del mileismo y la meritocracia salvaje, el protagonista de la película favorita del presidente realizó declaraciones que denotan preocupación. Y del mismo modo que hace unos meses señaló a esos directores que “le dan la espalda al público” y esas películas que “van a ver 4 personas”, el comediante mostró preocupación por todo el gremio y no solo las producciones que van bien.

“Hay una realidad: que no hay trabajo, que no hay ficción. Mis hijos son actores y me lo expresan todo el tiempo. El panorama es desolador. No se filma”, afirmó. Y amplió el diagnóstico con una comparación histórica: “Obviamente que la televisión abierta desapareció. Cuando yo empecé había unitarios, tiras diarias, tiras semanales. Siempre había muchísimo”.

El actor recordó esa lógica de producción continua como un ecosistema que permitía la renovación permanente: “Eso nos permitía, a nosotros protagonistas, de pronto observar la novela de la tarde y decir: ‘¿Quién es el que hace de chofer de tal actriz? Nos gusta este muchacho… esta chica, ¿por qué no la convocás para un casting y la llevamos a Mar del Plata?’ Siempre había una continuidad laboral y hoy desapareció”. La conclusión fue directa: “Hoy hay algo que excede si opinás así, no hay trabajo. La gente dejó de concurrir al cine”.

En otra entrevista, Francella planteó la necesidad de recuperar instrumentos de fomento: “Ojalá encontremos la manera de que se pueda seguir rodando. Que haya una política de fomento”. Como referencia mencionó el modelo español: “Hay un espejo que es España que tiene ciertas exenciones impositivas filmando en muchos lugares como Bilbao o como Canarias. Esta película fue filmada con grandes exenciones”.

En ese marco, defendió la continuidad del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales: “Para que podamos tener una autonomía financiera, como el INCAA, la pueda conservar. Gracias a Dios se postergó para el 2028 esta decisión. Ojalá que así sea y empecemos de nuevo a que el mecanismo vuelva a funcionar. Y que pueda generar de nuevo rodajes y actividad. Para actrices, para actores, para técnicos”.

También cuestionó la concentración de oportunidades en pocas producciones: “Que se pueda volver a empezar y que no sean solamente la continuidad de series que anduvieron medianamente bien. Entonces hacen la temporada 2 o la temporada 3, pero siempre con el mismo grupo. Ojalá que se empiece a ampliar”.

Las declaraciones marcan un punto de inflexión respecto del clima discursivo que el propio Francella ayudó a consolidar meses atrás, cuando relativizó el sistema de financiamiento del cine argentino al referirse a películas que “ven cuatro personas”, frase que fue rápidamente utilizada para reforzar la idea de un INCAA que sostiene producciones sin público. Aquella intervención alimentó un sentido común que cuestiona la lógica de fomento estatal.

Ahora, el actor describe un escenario “desolador”, reclama políticas de incentivo y celebra la postergación de cambios que afectarían la autonomía financiera del instituto. Sin embargo, en su diagnóstico no aparecen responsables concretos ni decisiones de política pública identificables: la crisis es presentada como una realidad que “excede”, como un fenómeno que simplemente ocurre.