Por Ramiro García Morete

Combinando criterio y osadía, experimentación y forma, guitarras y loops, el músico y productor expone su visión sobre el oficio.

1) ¿Qué entendés por producción musical?

Creo que es aumentar las posibilidades de una obra, no solo como un producto de venta sino como un producto artístico. Darle otra mirada. Ser un agente externo, pero inmensamente involucrado.

Muchas veces el artista -al estar tan involucrado con la obra- no logra ver sobre ella y la toma de decisiones puede no siempre ser la correcta. Nuestro trabajo está ahí. Debemos ser casi como consejeros apoyando la obra y al artista. Y no focalizarnos en cambiar las cosas a nuestro gusto, que es algo que pasa seguido dentro un banda -por ejemplo- donde cada participante suele estar más pendiente de su parte que en el todo.

2) ¿Podrías dar tres claves sobre la misma?

Una parte fundamental es saber que la obra no es propia.

Otra cuestión no menor es no creer que uno está sobre el artista: somos socios. Aunque nos deleguen las decisiones debemos tomarlas teniendo en cuenta al artista y sobre todo a la obra.

Y vinculado a esto está generar confianza y que nunca se pierda el respeto a la hora de defender una idea con el artista. Roces y problemas siempre, pero ambas partes tienen que saber que todo es para mejorar la obra y no para ganarle a otro.

3) ¿Tenés alguna rutina o metodología de trabajo?

No, pero hay algunos patrones que creo que no pueden faltar. Por ejemplo, en algún momento de la mezcla me gusta eliminar todo y buscar otro enfoque. Hay veces que un aire fresco me hace revalorar algunas decisiones, sobre todo en producciones que las arranco de una maqueta primitiva o donde tengo que tocar varios instrumentos.

Últimamente no estoy trabajando con banda, lo que me permite trabajar más cómodo, porque somos el artista y yo. Me di cuenta que así puedo llevar la obra sin problemas y no hay desgaste por discusiones sin sentido. Si bien con las bandas generalmente hablo mucho con un integrante que tomo como referente, muchas veces sus compañeros le queman la cabeza y lo hacen dudar o cambiar de rumbo y eso atrasa mucho el trabajo.

4) ¿Te reconocés en algún estilo, género o territorio en particular?

No, puedo trabajar creo que en casi todo tipo de estilos, me gusta cuando me proponen ir por un estilo que desconozco. Hace unos años me tocó hacer trap. Me tuve que poner a explorar y me traje un montón de recursos que volví a usar en otros estilos. Si el proyecto me gusta y se va para el lado de las rancheras no tengo ningún problema, si es que tiene que ir para ese lado. Me cuesta mucho cuando un estilo está impuesto por capricho, aunque sea un estilo que me guste. Creo que si algo no está atado a un estilo tiene mucha más riqueza para todos.

5) ¿Te acordás de la primera vez que una canción o artista te interesó por algo que fuera más allá de la canción?

Me acuerdo de la primera vez que escuché «Colores Santos», de Cerati y Melero. Ese LP tiene todo en su justa medida. Eran dos, pero por ahí cantaba una chica o ninguno. El uso de la guitarra como un sinte lleno de efectos, generando climas y no solo melodías, fue como un faro. Me sentí muy identificado con ese tipo de búsqueda. Es un disco muy rockero sin ser un disco de rock.

6) ¿Qué programa o software usas? ¿Por qué?

Ahora uso Ableton Live y Reaper, son dos DAW multiplataforma, lo que me permite cambiar de sistema operativo sin tener mayor problema y además no los siento están tan enfocados en lo técnico ni en replicar la situación de estudio de antes. Reaper, por ejemplo, te permite en un mismo canal grabar MIDI con varios instrumentos a la vez y audio, que para mi forma de trabajar es genial ya que no suelo ser muy ortodoxo para hacer. Pero conservo la simpleza de grabar en cinta y que en un canal puede haber cualquier cosa en cualquier parte (una percusión, un coro y una guitarra). A muchos eso los pone nerviosos, pero a mí me libera y hasta muchas veces me sorprende. Muteas el BUS voces pero quedó una perdida en un pedazo de otro canal y todo puede tomar otro color.

7) ¿Cuánto hay de la pre y de la pos en un resultado?

Depende mucho de cada proyecto, yo trato de tener una pre constante. Antes se tocaba y ensayaba mucho, ahora con lo digital y la comodidad de grabar siento que los músicos estamos medio vagos. Y un productor nos viene bien para armar una buena plataforma de lanzamiento antes de subirnos al cohete.

Soy fan de la pos producción y lo hago mucho hasta después de la masterización. Un buen master te puede revelar algo que antes estaba oculto, y si modificás el todo se genera algo muy interesante, que desde la mezcla no da el mismo resultado. Hay detalles que solo los da la pos de la pos. Siempre teniendo en cuenta la obra, ya que a veces ni pos hace falta.

En una época a los master siempre les sumaba una convolución del tema realizada con Bias Peak y escuchando esas obras hoy hay varias en que eso sobra. Menos es más, pero la convolución iba siempre. Por suerte, cada día voy aprendiendo y siendo más objetivo con los recursos, aunque uno con los nuevos artilugios se deja llevar.

8) Tres productorxs favortixs.

Quincy Jones, sin dudas fue el primero que me llamó la atención.

Daniel Melero, que me impulsó a dedicarme a esto (es el culpable de todo).

Gordon Raphael, su forma de trabajar me es muy cercana, no es un tipo de manual (hijos de Steve Albini).

9) Una canción que te guste particularmente por su producción…

«Heart shaped box». Las voces y las guitarras en ese momento eran de otro planeta, en Parque Centenario había conseguido lo que luego supe eran las mezclas de Albini donde todo estaba más crudo o exagerado, y me hizo prestarle atención a todo este mundo.

10) ¿Hay algún sonido que te guste particularmente y otro que te moleste?

Hace bastante tiempo me hice medio fan del «ruido rosa», por su gran utilidad. Odio el cencerro de la cumbia.