Teatro, inclusión y memoria: las sombras que iluminan la democracia

Por Catalina Romeo

Se apagan las luces de la Sala Payró y se levanta el telón. Una tela blanca iluminada por una lámpara aparece en escena junto con la canción «Sobreviviendo» de Víctor Heredia. De repente dos actores suben al escenario y sus sombras comienzan a danzar con cuidado y delicadeza reflejándose en el lienzo. Un giro inesperado sucede, y otros dos personajes toman sus armas y luchan entre ellos. Soldados caídos, agachados y que sostienen una flor como una ofrenda de respeto y memoria. Se levantan las sombras de las cruces en homenaje a los caídos. Inmediatamente, la consigna «Nunca Más» se eleva para completar la última escena que sorprende a todos los presentes que se acercaron a ver las obras de danza teatro presentadas en los Juegos Bonaerenses 2023.

Toda la sala queda boquiabierta. Se termina la música por unos segundos. Tres de los actores del elenco bailan. Ya no están detrás, sino delante. La luz se tornó verde esperanza y los cinco arriba del escenario entonan las estrofas del Himno Nacional Argentino en Lengua de Señas, mientras Ignacio, con su redoblante, y Luciano, con su teclado, musicalizan el momento.

«Me gusta el teatro, siento que puedo expresarme libremente y me da la vida para expresar lo que me gusta», cuenta emocionado Ignacio Romero de 12 años, que con sus compañeros y su maestra, Candela Ferra, obtuvieron la medalla de plata en la disciplina Danza Teatro PCD en los Juegos Bonaerenses 2023, que ahora lleva colgada en su pecho. 

En tiempos donde los discursos negacionistas afloran, cinco estudiantes de la Escuela Especial N°502 de Roberts, una pequeña localidad del municipio de Lincoln, para esta edición de los Juegos eligieron presentar una obra teatral de sombras titulada «Nunca Más». 

«Decidimos tratar de sensibilizar y expresar que lo que se vivió no se repita más. Que la gente sepa que vivir en democracia es un derecho y privilegio humano que no lo tenemos que perder, nunca más», relata Candela en relación a la elección de la temática de la obra, que además fue un eje transversal a trabajar en la escuela por los 40 años de Democracia en Argentina.

Este grupo está formado por los y las estudiantes Adriana Gutiérrez, Celeste Díaz, Ignacio Romero, Kaila Ambrosseti y Luciano Duarte. Con obstáculos pasaron de la etapa regional a la final. La escuela era su lugar de ensayo, allí practicaban obras de todo tipo. Sin embargo, para lo que tenían en mente necesitaban un espacio amplio, similar al lugar en el que iban a desplegar la obra en Mar del Plata, por eso los ensayos se trasladaron a la Casa de la Cultura de Roberts que prestó su sala de teatro.

«La preparación fue buena, tuvimos poco tiempo de ensayo, pero teniendo a la seño Cande que es muy buena, nos ha ayudado demasiado para poder expresarnos más arriba del escenario», cuenta Celeste Díaz, de 17 años, que no para de agradecer a la docente por todo lo que hizo por ellos.

«Es el segundo año en el que logramos venir. El año pasado fue el primer año en el que se creó la disciplina y cuando vimos la posibilidad en la escuela, creamos el taller de teatro», cuenta Candela, maestra especial de la institución. Al ser una nueva disciplina, la danza y el teatro se unen para traspasar los límites y desarrollar la creatividad. 

Danza Teatro es una disciplina en la que compiten personas con diversas discapacidad. Se trata de un lenguaje artístico que tiene como principal característica la utilización del cuerpo de cada artista como medio para la creación de una historia; incluye medios audiovisuales, plásticos, entre otros, que construyen una puesta escénica única porque se emplean elementos expresivos del teatro.

Los artistas utilizaron como recurso teatral las sombras, mejor conocido como Teatro de Sombras. Consiste en la creación de efectos ópticos que, con la utilización de una lámpara y una superficie lisa, el artista crea con su cuerpo diferentes figuras en conjunto con una pista musical para transmitir el mensaje de la historia a los espectadores que esa mañana quedaron cautivados por el grupo de Lincoln.

Al terminar la obra, el elenco saluda al público con la emoción en los ojos y sonrisas tímidas pero llenas de alegría por haber llegado hasta esa instancia, de encontrarse parados frente a muchas personas las cuales no saben sus nombres, pero que responden con una ronda de aplausos en una ovación que dura unos minutos entre personas de pie y una hinchada que desde el fondo alienta a todo pulmón.

Al bajar el telón, se funden en un abrazo que deja lagrimeando a competidores y profesores, en una instante que quedará grabado en el recuerdo. «La emoción que se siente cuando vos terminas una obra, los aplausos, la cara de emoción de la gente. Nos gusta, porque hicimos a la gente feliz. Eso es muy agradable», cuenta Celeste. 

«Los Juegos Bonaerenses para mí son en principio competencia, pero también reunirte con mucha gente, conocer nuevos lugares y disfrutar de lo que a uno le apasiona», concluye la joven que con orgullo representó a su municipio, a donde ahora volverá con una medalla plateada.

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