Carencia de seguridad, falta de insumos, salarios de miseria y una total falta de voz propia son algunos de los reclamos que buscan visibilizar los trabajadores del ex Zoológico de La Plata, ahora reconvertido en bioparque, gesto que según sus trabajadores no fue más que un cambio de fachada para una precarización total. Así lo viven los 107 empleados del predio que permanece cerrado y a su suerte desde hace cinco años.

Las condiciones de abandono del lugar volvieron a quedar en evidencia en las últimas semanas con nuevos episodios: perros callejeros que se metieron en el predio y mataron algunos de los animales que aún están sueltos en el lugar, así como la vandalización del serpentario o incluso un perro arrojado a la fosa de los chimpancés.

«La infraestructura está venida abajo y es un desastre, necesitamos también trabajadores de seguridad, son 18 hectáreas de predio que necesitan atención y hay solo dos o tres personas para recorrer todo el lugar. En siete de los ocho años que lleva Julio Garro de gestión, por ejemplo, no nos han dado ropa a los trabajadores del bioparque, y eso está en el presupuesto municipal», dijo a Contexto Damián Diéguez, trabajador del ex zoo, cuidador de fauna silvestre desde hace 29 años y actual delegado gremial de ATE.

Al igual que en múltiples sectores de trabajo de la esfera municipal, el personal del bioparque no escapa al vaciamiento presupuestario y abandono de gestión que ya ha sido denunciado en áreas patrimoniales de la ciudad. 

«Hay personas que están hace 11 años trabajando en el lugar y no las han puesto en planta permanente, están ganando unos 67.000 pesos. Otros están ganando en este momento 48.000 pesos, es de no creer, y cuando esa persona acude a su superior para negociar mejores condiciones, la respuesta es ‘si no te gusta, te vas’, con esa violencia se les contesta», añadió el trabajador del predio. 

«Solo en las últimas semanas, como no hay control ni seguridad, entraron perros en jauría y han matado gansos que tenemos sueltos, también animales domésticos que llevan para recibir atención, como gatos. Mataron también maras patagónicas que hay sueltas. En los últimos años, por ejemplo, hemos dejado de trabajar con ñandúes porque los perros también los mataron a todos. Teníamos dos familias de carpinchos importantes y ahora solo quedan dos o tres», puntualizó Diéguez.

En la actualidad, en el bioparque permanecen unos 400 animales de variadas especies, entre ellos, autóctonos. Son los que no pueden ser trasladados debido a que han vivido muchos años en cautiverio y no podrían adaptarse a otros ambientes porque están en permanente contacto con el hombre.

«Desde hace 40 años que venimos pidiendo, de manera central, que la institución tenga estructura, comunicación y voz propia. Lo único que se transformó es el nombre y el resto es vaciamiento permanente», indicó Diéguez, y agregó: «Necesitamos que la institución tenga principalmente su autonomía para manejar su presupuesto, sus recursos humanos y sus comunicaciones. Las comunicaciones en lo referente al cuidado, la biodiversidad, las especies, lo manejan desde una oficina del municipio, en términos que son verdaderamente nocivos en lo científico y lo educativo. Es totalmente irresponsable y eso repercute en el vínculo con la comunidad».