POV| Los chicos están bien

Por R.G.M.

En la misma semana que los Stones anunciaron y anticiparon su próximo disco, Paul Mc Carntney lanzó un adelanto junto a Ringo Starr. Las glorias siguen adelante, los chicos quieren rock. Viejos…viejos son los traps.

“We Love You”. Para 1967, año en el que grabarían Their Satanic Majesties Request como respuesta psicodélica a Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, ironizar o parodiar a The Beatles ya era más una muestra de admiración y afecto que una estrategia mercantil basada en una rivalidad que nunca existió. Por eso, John Lennon y Paul McCartney sumaban voces a esa balada onírica. De hecho, la dupla de Liverpool había escrito I Wanna Be Your Man para The Rolling Stones en 1963, convirtiéndose en su primer gran éxito en el Reino Unido. La amistad y el entrecruzamiento serían constantes a lo largo de los años, a pesar de los caídos en el cumplimiento del deber.

Y hace apenas unos días, esta historia de enemigos íntimos o hermanos y rivales tuvo un nuevo capítulo que se diluyó en un mundo distraído por el ruido. Mientras The Rolling Stones anunciaban un nuevo disco ya sin Charlie (ni Brian, ni Mick, ni Ian ni otros soldados), Paul McCartney lanzó su segundo single adelanto de “The Boys of Dungeon Lane”, su decimoctavo disco en solitario. Y lo hizo nada menos que con un compañero especial: Ringo Starr, el mejor compañero que cualquier humano pueda tener. Mientras tanto, Mick Jagger y Keith Richards (junto a otro compañero ideal, un tal Ronnie Wood) salieron con la blusera “Twisted and Rough” y esa mezcla de rock y pop que es “In the Stars”. Y eso no es todo: además de Robert Smith o Chad Smith, el disco contará con el mismo McCartney de invitado.

Fiel al supuesto contraste —todos sabemos que los Stones son mucho más que riffs y nos han regalado algunas de las mejores y más sofisticadas melodías—, Macca hace gala de su rol de genio de la canción perfecta y vuelve a tocar nuestro corazón con la melancólica “Home to Us”. Ya nos había arrancado alguna lágrima con su primer corte, “The Day We Left Behind”: “Y nada permanece igual / Nadie necesita llorar / Nadie puede recuperar / Los días que dejamos atrás”.

Pero ninguno de estos muchachos pareciera ceder al recuerdo, sino más bien a la memoria. Y, como bien sabemos, la memoria es un ejercicio. Y vaya que les sobra energía. Y si no, miren al bueno de Bob Dylan, con sus 84, o a John Fogerty recuperando sus canciones de Creedence Clearwater Revival, o a Bruce Springsteen y tantos otros girando y girando. Los chicos, cantaban The Who, están bien.

“Parece que cumplir años está mal, ahora. Bueno, les deseo que lleguen a mi edad así, con todo este pelo”, ironizó el gran Machi Rufino en una reciente entrevista.

“Parece que cumplir años está mal, ahora. Bueno, les deseo que lleguen a mi edad así, con todo este pelo”, ironizó el gran Machi Rufino en una reciente entrevista. Un exponente local de una generación que, le guste a quien le guste, escribió algunas de las mejores páginas de la historia del arte y que, lejos de las caricaturas, construyó el movimiento cultural más importante del siglo pasado: el rock.

¿Y por qué no de este siglo? Hace un par de años, el viejo y querido movimiento nacido en 1972 y que solíamos llamar hip hop pareció tomar el reinado cultural —no solo musical— a través de sus vertientes sonoras contemporáneas y, sobre todo, de un modo de concebir el arte, la imagen, la composición y la indumentaria. El rock, al parecer, era cosa de viejos. Los chicos ya no quieren rock. Eso dicen que decían los chicos. Desde siempre hay alguien diciendo lo que dicen los chicos, pero casi nadie los escucha. Conforme al paso de los años, algo de eso no quedó tan claro. El trap comenzó a diluir su potencia, el reggaetón se instaló como ritmo hegemónico y el pop —fiel a su esencia camaleónica y pragmática— cambió de piel, pero no de estrategia.

¿Pero qué pasó con los y las jóvenes que hacen música? Las guitarras se multiplican en pequeños y grandes escenarios. Desde Trueno o Dillom hasta la nueva generación rollinga, pasando por la grandilocuencia de Airbag o por el under que puede ir de Camionero a Mujer Zebra o Nina Suarez, sumado a los Calamaro o Cadillacs y tantos consagrados, hay rock por todos lados. En nuestro país ya nadie niega que los sub 25 consumen masivamente rock argentino de décadas pasadas. Al parecer, la narrativa del éxito individualista basado en bling blig, autos caros y mansiones en Miami, no son suficientes cuando el estomago pica y las hormonas entienden que sexo es más complejo que un levante bolichero en un V.I.P. Chicos y chicas queren quieren quieren rock.

Quizá el problema con el rock no era de la generación Z o de la generación alfa, sino de ese segmento (¿millennial?) culposo, subido a la ola con la fe del converso, que quiso deshacerse de él como quien oculta sus canas o se pone un gorrito, cual meme del señor Burns

En el mundo, el “fenómeno” se repite. No es solo Oasis o AC/DC: ¿o acaso Olivia Rodrigo no se cuelga la eléctrica a pura potencia? Billboard incluye cada vez más artistas de este género en sus edulcoradas listas.

Quizá el problema con el rock no era de la generación Z o de la generación alfa, sino de ese segmento (¿millennial?) culposo, subido a la ola con la fe del converso, que quiso deshacerse de él como quien oculta sus canas o se pone un gorrito, cual meme del señor Burns.

Pero a estos viejos jóvenes poco les preocupa. Van para adelante aunque les digan que adelante no queda mucho. Pero ¿qué les vas a decir a tipos que precisamente tuvieron que inventar un camino que no estaba? Honor y gratitud, boomers sagrados, jóvenes eternos, viejos queridos. Nadie puede recuperar los días que dejamos atrás. Pero tampoco quitarnos los que vienen por delante. Y hay algo que permanece igual: we love you too.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

SEGUINOS EN REDES

7,526FansMe gusta
1,707SeguidoresSeguir
4,085SeguidoresSeguir
ESPECIALspot_img

ÚLTIMOS ARTÍCULOS