Miles de mujeres y disidencias encabezaron este miércoles masivas movilizaciones en distintos puntos del país en una nueva jornada de Ni Una Menos. A 11 años del femicidio de Chiara Páez, que impulsó el nacimiento de esta movilización, el asesinato de Agostina Vega en Córdoba volvió a exponer la necesidad y urgencia de un reclamo que persiste más de una década después.
En la ciudad de Buenos Aires, al igual que en 2015, la concentración se dio en las puertas del Congreso de la Nación, con fuertes críticas al Ejecutivo nacional, pero también al Gobierno de Córdoba y al Poder Judicial tras el femicidio de Agostina. «El 3 de junio es nuestro grito. El grito de hartazgo que hace once años salió a las calles en Argentina y se extendió por todo el mundo, tejiendo una denuncia colectiva. Seguimos, desde entonces, cada año en las plazas, en las calles y en las casas denunciando las violencias contra mujeres, lesbianas, travestis, trans, intersex y no binaries. Hoy frente al gobierno de Milei, que es negacionista de la violencia patriarcal decimos: nuestras vidas no son desechables! Las vidas de las pibas valen! Denunciamos la crueldad ejercida sobre nuestros cuerpos-territorios, contra todas las formas de sometimiento, explotación y violencia. Hoy volvemos a gritar: ¡Ni Una Menos! ¡Vivas, libres y desendeudades nos queremos», comienza el documento que se leyó frente al Congreso.
«Nos movilizamos cargando la tristeza y la rabia de los femicidios, lesbicidios, travesticidios y crímenes de odio más recientes y de todes les que ya no están. Estamos conmovidas por el femicidio de Agostina Vega, adolescente de 14 años de Córdoba, y exigimos la renuncia del Ministro de Seguridad Juan Pablo Quinteros y la destitución de los fiscales Raúl Garzón e Iván Rodríguez por la desidia organizada del poder judicial que la desprotegió y garantizó la impunidad», agregó la organización del Ni Una Menos.
«Nos movilizamos hoy a lo largo y ancho del país convencides de que organizar la rabia es también construir una alternativa de vida y dignidad frente al saqueo criminal y la crueldad que impulsa el gobierno de Javier Milei y todos sus cómplices», apuntaron.
Párrafo aparte le dedicaron a la expresidenta. «Exigimos la libertad de las dirigentes políticas Milagro Sala y Cristina
Fernández de Kirchner. Basta de persecución judicial y proscripción política. Rechazamos la utilización del Poder Judicial como herramienta de disciplinamiento», manifestaron.
Agostina Vega, el caso que conmovió a Córdoba y al país
Desde el primer Ni Una Menos, en 2015, al menos 3.424 mujeres fueron asesinadas en Argentina, de acuerdo con los registros de La Casa del Encuentro. Entre esos casos, 3.073 fueron identificados como femicidios o femicidios vinculados, una modalidad en la que el agresor asesina a una o más personas para dañar, castigar o provocar sufrimiento a una mujer. Agostina engrosa hoy esa lista.
El cuerpo de Agostina Vega, de 14 años, fue hallado este domingo en un descampado de Ampliación Ferreyra, en Córdoba, tras permanecer una semana desaparecida. El principal acusado es Claudio Gabriel Barrelier, de 33 años y expareja de su madre, quien fue la última persona con la que se la vio. Según la investigación, la adolescente ingresó a su domicilio el 23 de mayo, día en que desapareció.
Con antecedentes por violencia de género, Barrelier negó cualquier vinculación con el hecho durante los primeros días de la búsqueda. Sin embargo, registros de cámaras de seguridad captaron a Agostina ingresando a su vivienda y también al acusado circulando en un Ford Ka por las inmediaciones del lugar donde posteriormente fue hallado el cuerpo.
Según trascendió, la adolescente había salido de su casa con destino a una rotisería, pero antes les envió un mensaje a sus amigas para avisarles que pasaría por la vivienda de Barrelier. Allí, les dijo, buscaría un regalo sorpresa para su mamá que el hombre le había prometido entregarle. Esa fue la última vez que se tuvo contacto con ella.
El hecho generó profunda indignación. No sólo por la violencia que hoy revela la autopsia de cómo se perpetró el crimen, sino por la falta de celeridad en el accionar de las autoridades cordobesas en la búsqueda: el Ministerio de Seguridad activó recién el miércoles 27 activó la Alerta Sofía, el sistema nacional de búsqueda de menores. Un día después, el fiscal Raúl Garzón aseguró que tener expectativas de encontrar “en buen estado” a Agostina. Este domingo, finalmente el mismo funcionario fue el que confirmó el hallazgo del cuerpo y no tuvo mejor idea que felicitar a los perros que participaron del operativo. Ahora, la Asamblea Ni Una Menos de Córdoba, presentará un pedido de jury para él y otro de destitución para el ministro Juan Pablo Quinteros.
Tras la movilización, en Córdoba habló Elizabeth, la abuela de Agostina. «Queremos que haya justicia y que caigan todos los que tienen que caer porque ese tipo no lo pudo haber hecho solo», reclamó.
«Que pongan al frente (de la Justicia y la Policía) a personas que cuando reciban la denuncia escuchen a las mujeres. Que pongan personas que tengan empatía por el otro», exigió la abuela de Agostina. Y agregó: «Porque las personas que estaban en ese lugar no le dieron importancia a mi hija. Ella fue a denunciar la pérdida de su hija que había desaparecido y nadie la escuchó».
De Chiara a Agostina: 11 años después
Cuando Chiara Paez fue asesinada tenía también 14 años. Estaba embarazada y el femicida resultó ser su novio, que la quería obligar a abortar. Su femicidio generó una reacción que colmó primero las redes sociales y que se trasladó a los días a las calles, con movilizaciones masivas sin precedentes de esa magnitud para el feminismo argentino.
Ese fue el puntapié para un movimiento que no pararía de crecer. Con esa fuerza se instaló en la agenda pública y empezó a cuestionar en todos los ambientes las formas estructurales de la violencia machista. De esta forma, la consigna Ni Una Menos atravesó escuelas, universidades, sindicatos, clubes, medios de comunicación, espacios culturales y organismos del Estado, impulsando debates que hasta entonces habían quedado relegados.
En 2019, con la llegada de un nuevo gobierno, se creó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, un organismo que representó la institucionalización de muchas de las demandas surgidas al calor de las movilizaciones feministas. Desde allí se fortaleció la Línea 144; se creó el Programa Acompañar para brindar asistencia económica y acompañamiento integral a personas en situación de violencia de género; se impulsó la implementación de la Ley Micaela; se diseñó y puso en marcha el Plan Nacional de Acción contra las Violencias por Motivos de Género; se conformaron los equipos interdisciplinarios del Programa Acercar Derechos; se fortalecieron hogares y refugios para víctimas de violencia y se desarrolló una red federal de promotoras y promotores territoriales de género y diversidad, entre otras iniciativas, que con un presupuesto por demás de limitado, resultaron insuficientes.
Para Javier Milei, este Ministerio represó un gasto innecesario y lo eliminó de un plumazo de su estructura de Gobierno, reduciendolo a la Subsecretaría de Prevención de las Violencias, la cual tuvo su primer paso por el Ministerio de Capital Humano y posteriormente por el de Justicia. En este camino, no solo perdió jerarquía: también tuvo un fuerte desmantelamiento de sus áreas y programas, teniendo el golpe final cuando el ahora exministro Mariano Cuneo Libarona echó al 85% de su personal el año pasado.
Pero la disputa no fue sólo presupuestaria, a la par de los recortes y el vaciamiento de programas, el Gobierno desplegó un discurso que cuestionó la existencia misma de la violencia de género como problema específico e incluso llegó a proponer la derogación de la figura de femicidio, instalada en Argentina desde 2012. A la par, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, se refirió al caso de Agostina como «homicidio» negando tal figura.
De Chiara a Agostina pasaron once años. En el medio hubo gobiernos de distinto signo político, cambios culturales, avances legislativos y retrocesos en materia de políticas públicas. Pero también una transformación más profunda: la violencia contra las mujeres dejó de ser un problema relegado al ámbito privado para convertirse en una discusión pública imposible de ignorar que cada año vuelve a copar las calles.
Por eso, mientras Javier Milei intenta desmantelar buena parte de las herramientas construidas al calor de esa lucha y convertir al feminismo en uno de los principales enemigos de su «batalla cultural», miles y miles de personas volvieron a salir a las calles para gritar Ni Una Menos. Porque si algo demostraron estos once años es que cada derecho conquistado fue producto de la organización y la movilización colectiva. Y que frente a cada intento de retroceso, siempre habrá quienes vuelvan a ocupar las calles para defenderlos. Y ante cada femicidio, habrá también una sociedad movilizada, lista para reclamar Justicia.
