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García Linera y la certeza de un destino incierto

“Vivimos en un mundo en el que futuro ha huido y lo único que queda es un presente angustiante sin promesas y sin redención”, afirmó García Linera.

El ex vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, disertó en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. El conversatorio, titulado «Interregno y democracias asediadas», se dio en el marco de las actividades realizadas por el 40 aniversario de la democracia argentina y fue presentado y acompañado por la presidenta de la Cámara, Cecilia Moreau.

Antes de la disertación de ex vicepresidente boliviano, la legisladora argentina remarcó las particularidades del momento que vive el país y aseguró que con el intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner se rompió el pacto democrático construido tras el fin de la dictadura (1976-1983).

«Son días muy difíciles para la democracia argentina porque desde el intento de magnicidio a la vicepresidenta de la nación se quebró por primera vez en mucho tiempo el pacto democrático que los argentinos habíamos construido. Y empezamos a transitar este proceso electoral con una democracia que está incompleta, porque no vamos a permitir la naturalización de la violencia política ni que quede impune ese intento de asesinato», sostuvo Moreau.

García Linera, considerado uno de los más destacados intelectuales de América Latina, analizó la situación actual y sentenció que el mundo transita «el ocaso» del modelo de acumulación que hegemonizó los últimos 40 años.

«Vivimos una transición de fase histórica mundial», aseguró, y explicó que «hasta ahora no se ha definido aún la forma duradera de la nueva organización de la economía y del Estado que va a regir las siguientes cuatro o cinco décadas. Que es lo que generalmente duran los ciclos de acumulación y de dominación a escala mundial».

Luego hizo un recuento de estos ciclos: desde del siglo XIX hasta los años 30, el globalismo liberal encabezado por el Reino Unido; desde los años 40 hasta los 70, la globalización controlada con estado de bienestar con fuerte presencia del capitalismo de Estado y la ciudadanía corporativa de los sindicatos; desde 1980 hasta el año 2010, el neoliberalismo globalizado, y aseguró que «hoy estamos presenciando el ocaso de este ciclo».

«Durante los 40 años previos, el orden moral y laboral del planeta estuvo regido por un conjunto de principios básicos que alimentaban un destino imaginado e inevitable del curso de las sociedades, de los esfuerzos personales y familiares y el libre mercado con asignación de recursos», señaló.

Luego remarcó que «resulta que ahora ninguno de estos credos narrativos que prevalecieron durante 40 años en el planeta entero los cumplen quienes los propugnaron, quienes los pontificaron, quienes los consagraron. Ninguno de esos lineamientos supremos resuelve las actuales angustian asfixiantes que se agolpan frente las personas o, peor, en la actualidad carecen de fuerzas para cautivar las esperanzas colectivas de manera duradera y a largo plazo».

«Los ejes rectores del orden dominante han entrado en un ocaso histórico y el resultado es un desquiciamiento cognitivo, un estupor social generalizado por el desencuentro entre las certidumbres imaginadas durante 40 años y las evidencias prácticas. El mundo, tal como las personas imaginaban su destino, se ha roto».

«Estamos, sin duda, ante las señales clarísimas de un crepúsculo del modelo de acumulación predominante a escala mundial de los últimos 40 años».

«El mundo ya no volverá a ser como antes, cuando el globalismo era el entusiasta lenguaje común de las sociedades. Pero esto no significa que mañana va a desaparecer el neoliberalismo planetario, ni que estamos ante el fin del capitalismo, ni mucho menos que su remplazo ya está a la vuelta de la esquina. El neoliberalismo seguirá existiendo, a girones, fragmentado, envilecido, rabioso en medio de patéticas incertidumbres sobre el porvenir».

«Vivimos en un mundo en el que el futuro ha huido y lo único que queda es un presente angustiante sin promesas y sin redención», afirmó García Linera.


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