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Estados Unidos y las dictaduras del Cono Sur

Qué rol jugó Washington en los golpes militares en América del Sur. Opinan: Juan Ramón Quintana, Stella Calloni, Carlos Filizzola y Carlos Ciappina.
América Latina

Por Héctor Bernardo

El 24 de marzo de 1976 se producía el golpe de Estado contra el Gobierno de Isabel Martínez de Perón y se instalaba la dictadura militar en Argentina (1976-1983). No se trataba de un hecho aislado, ni de un fenómeno particular de este país. El golpe se daba en el marco de la Guerra Fría y la instalación de la Doctrina de Seguridad Nacional de Estado Unidos sobre lo que la Casa Blanca consideraba (y aún considera) su patio trasero.

En aquel momento, ya se habían dado los golpes de Estado y la instalación de dictaduras en Paraguay (1954-1989), Brasil (1964-1984), Chile (1973-1989), Bolivia (1971-1978) y Uruguay (1973-1985).

Para entender el marco regional en que se dio la dictadura argentina y el rol que jugaron las políticas de Estados Unidos hacia la América Latina, Contexto dialogó con cuatro destacados referentes políticos e intelectuales de la región: Carlos Ciappina, Juan Ramón Quintana, Carlos Filizzola y Stella Calloni.

«Si nos posicionamos en el 24 de marzo de 1976, con el golpe de Estado que inicia la dictadura cívico-militar-eclesiástica en Argentina, debemos tomar en cuenta el contexto: en ese momento ya estaban instaladas las dictaduras militares en Chile, con Augusto Pinochet, en Paraguay, con Alfredo Stroessner, en Uruguay, con José María Bordaberry, en Bolivia, con el general Hugo Banzer Suárez; y también estaban las dictaduras de Centroamérica, como, por ejemplo, la de Nicaragua, con Anastasio ‘Tachito’ Somoza, y el creciente proceso de represión en Colombia, con Julio Cesar Turbay Ayala», explicó Carlos Ciappina, profesor titular de Historia Contemporánea de América Latina y vicedecano de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

El académico remarcó que «todas estas dictaduras no fueron el resultado del azar, ni del desarrollo individual de cada país latinoamericano. Hay que entenderlas dentro del contexto de lo que llamamos ‘las dictaduras de la seguridad nacional’, dentro de la Doctrina de la Seguridad Nacional desplegada desde los Estados Unidos y donde el conflicto central estaba planteado entre los países de Occidente, autodenominados ‘libres’, y los países de comunistas que tenían como centro a la Unión Soviética».

«Fue así que la Doctrina de Seguridad Nacional se desplegó por toda América Latina bajo el paraguas de la política exterior norteamericana», sostuvo Ciappina.

En el mismo sentido, el dirigente paraguayo Calos Filizzola explicó que «la nefasta dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay duró 35 años. Durante ese largo y oscuro momento de la historia paraguaya el dictador contó con el apoyo de los Estados Unidos de Norteamérica, así como otras dictaduras de América Latina y de América del Sur, en particular, también recibieron ese apoyo en el marco de la Guerra Fría».

«En ese contexto, se impulsó el intercambio de prisioneros políticos entre las distintas dictaduras de la región. Todo ello facilitó el secuestro de militantes políticos en distintos países, la tortura, el intercambio y la desaparición», sostuvo el exlegislador.

Filizzola es actualmente presidente del Partido País Solidario, es ex senador nacional y fue ministro del Interior durante el gobierno de Fernando Lugo, pero su trayectoria política comenzó mucho antes, cuando formó parte de la lucha por la recuperación de la democracia en su país como parte de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), donde llegó a ser secretario general adjunto y en 1991, tras el regreso de la democracia, fue el primer intendente electo de Asunción (capital del país).

El dirigente paraguayo señaló que la dictadura recibió «todo el apoyado y la legitimación desde Estados Unidos. La dictadura strossnista, en nuestro caso, hizo un gran daño en todos los ámbitos: en derechos humanos, en las libertades, en el tema de la justicia social, en la democracia en general. Durante todos esos años hubo mucha gente que ha muerto, que ha desaparecido o que ha sido torturada. La dictadura ha dejado un legado oscuro que hasta hoy sigue vigente en algunos aspectos de nuestro país».

Algo similar ocurrió en Bolivia, y así lo explica Juan Ramón Quintan: «Después de aquellos países que fueron intervenidos de manera directa, militar y políticamente, Bolivia ha sido uno de los países más azotados por los planes de desestabilización y de golpes de Estado promovidos por Estados Unidos en América Latina. Todo ello, claro, en relación al alineamiento que exigía la Casa Blanca frente a un país que siempre fue rebelde y que poseía potenciales recursos naturales como, en su momento, la plata, el estaño, el caucho y, posteriormente, el petróleo, el gas y, ahora, el litio».

Juan Ramón Quintana Taborga fue ministro de la Presidencia durante el gobierno de Evo Morales (2006-2010, 2012-2017 y nuevamente desde enero de 2019 hasta el golpe de Estado en noviembre de ese año, cuando se produjo el golpe militar) y también se desempeñó como embajador del Estado Plurinacional de Bolivia en La Habana, Cuba (2017-2019). De formación militar, se licenció en sociología y realizó un posgrado en filosofía y ciencias políticas. Es considerado uno de los cuadros más importante del Movimiento al Socialismo (MAS) y tuvo un rol clave en el combate al injerencismo norteamericano en Bolivia.

Quintana detalló que «el drama de Bolivia fue esa persistencia casi obsesiva de Estados Unidos para ejercer control sobre sus Gobiernos, tanto durante la Guerra Fría, durante el ciclo neoliberal, como también en el ciclo progresista. El último golpe que se asestó en nuestro país fue durante el año 2019».

«Hay que recordar que la injerencia norteamericana discurrió desde la década de 1940 y hay información relevante, datos y cartas de operaciones encubiertas de Estados Unidos durante 1942 y 1943, cuando se tenían que discutir los precios del estaño, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, desde esa década hasta hoy, Bolivia ha ocupado un lugar fundamental en estos planes de desestabilización y golpes de Estado. No hay ninguna dictadura que haya llegado al poder en Bolivia sin apoyo de Estados Unidos», subrayó Quintana, quien luego explicó que «de todos los golpes de Estado apoyados por Estados Unidos en Bolivia, el más cruento fue el de Hugo Banzer Suárez, de 1971. El apoyo de Washington permitió que, además, ese fuera el cicló más largo de todas las dictaduras que hubo en Bolivia. Fue el período más oscuro de toda nuestra historia durante el siglo XX. Hubo desapariciones, asesinatos, masacres obreras, masacres campesinas, persecuciones, exilios forzados y todo tipo de violaciones a los derechos humanos. La noche más oscura y más turbulenta que vivió el pueblo boliviano fue apoyada de manera directa por el Gobierno Estados Unidos».

En la misma línea, la periodista e investigadora Stella Calloni, autora varios libros y artículos de sobre las políticas de Estados Unidos en América Latina, entre ellos el reconocido Operación Cóndor: Pacto Criminal, señaló que «la Doctrina de Seguridad Nacional surge en el marco de la Guerra Fría, del enfrentamiento de Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En ese contexto, América Latina quedó comprendida dentro del espacio que Washington aspiraba tener bajo un control total. Es así que, por ejemplo, la llegada de Joao Goulart a la presidencia de Brasil fue vista como una amenaza para Estados Unidos, ya que, entre muchas de las medidas que tomó en defensa de los intereses de su país, Goulart puso varios controles a las empresas multinacionales con fondos norteamericanos que estaban instaladas allí. Ya en 1962, la CIA [Central de Inteligencia Americana] invirtió más de 20 millones de dólares para evitar que el presidente brasilero consiguiera el control del Congreso. Dos años después, un movimiento liderado por Humberto Castelo Branco derrocó al presidente Goulart con un golpe de Estado, obviamente con el apoyo del embajador estadounidense y de quien estaba en ese momento como agregado militar norteamericano, Vernon Walters, quien tiempo después se transformaría en jefe de la CIA (1972-1976)».

«La formación de los militares latinoamericanos en la famosa Escuela de las Américas, controlada por Estados Unidos, permitió que la injerencia en las fuerzas armadas de nuestros países fuera determinante. El golpe en Chile contra Salvador Allende es, tal vez, el que más evidencia ha dejado de la participación de Estados Unidos en la instalación de las ‘dictaduras de seguridad nacional’ en el Cono Sur para combatir lo que ellos consideraban una amenaza, en ese caso, el Gobierno de Allende, pero también los grandes movimientos de masas como el Frente Amplio en Uruguay y el peronismo en Argentina», detalló la investigadora.

Calloni explicó que «en ese marco se dio la Operación Cóndor, que fue específicamente la articulación de todas las dictaduras de la región para perseguir y eliminar objetivos específicos: líderes que consideraban una amenaza para su proyecto, entre ellos están los casos del general Carlos Prats y Orlando Letelier (ex canciller del Gobierno de Salvador Allende)».

«Tenemos que entender todo ello para comprender que nuevamente estamos frente una nueva arremetida que tiene los mismos objetivos. Actualmente, debido a cómo se ha organizado el nuevo esquema mundial, se busca unificar a toda América Latina bajo el control de Estados Unidos en un nuevo plan de recolonización geoestratégico», concluyó la periodista.


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