La deuda familiar, cada vez más precaria

La deuda familiar toca techos históricos mientras el crédito con billeteras virtuales se profundiza en los sectores populares debido a los menores controles. Familias y jóvenes sostienen consumos básicos mediante endeudamiento, asfixiados por la caída salarial y sin asistencia del Gobierno de Milei.

La morosidad del sector privado con el sistema financiero alcanzó el 7,6% en junio de 2026. Si bien el indicador muestra una leve baja respecto de mayo, cuando se ubicó en el 7,7%, se mantiene en los niveles más elevados desde la crisis de 2001. El deterioro está impulsado principalmente por el segmento de las familias, cuya morosidad bancaria trepó al 12,8% tras registrar 20 meses consecutivos de incremento.

El dato central que destaca un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en base a datos oficiales del Banco Central, es el salto récord en la morosidad de las familias con las billeteras virtuales y los proveedores no financieros de crédito, que trepó al 30,1% en junio de 2026. Este porcentaje supera el techo alcanzado durante la pandemia de COVID-19, que había sido del 27,1% en mayo de 2020. 

Vale remarcar que las billeteras virtuales se encuentran en la mira. Diputados de la oposición pidieron que la Autoridad Nacional de la Competencia (ANC) investigue a las más importantes del país por presuntas conductas anticompetitivas. A la par, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires abrió una investigación tras recibir 2.240 denuncias contra las empresas Mercadopago, Naranja Digital, Ualá, Personal Pay, Brubank y Cencosud por incumplimientos a la normativa de defensa del consumidor, acoso y hostigamiento.

Precarización del financiamiento

La cantidad total de deudores morosos en el sistema asciende a 5,91 millones de personas sobre un universo total de 20,97 millones de deudores. Del total de incumplidores, 2,90 millones corresponden exclusivamente a deudas con billeteras virtuales, superando a los morosos bancarios y reflejando una profunda precarización del financiamiento hacia sectores con menores ingresos.

La mora en los bancos estuvo motorizada principalmente por los préstamos personales y las tarjetas de crédito, que concentraron el 73% del saldo irregular total a mayo de 2026. En paralelo, el perfil de riesgo se ha desplazado hacia la juventud: los menores de 34 años concentran hoy el 38,7% de los deudores irregulares del país, y el 72,6% de ellos mantiene deudas impagas con billeteras virtuales, precisó el CEPA. 

Esta cifra no es menor, ya que representa la puerta de entrada al crédito para los sectores informales y los jóvenes que han quedado fuera del sistema bancario tradicional debido a los estrictos requisitos de acceso.

La mora sube, los salarios bajan

El informe destaca que el crecimiento de la mora no es un evento aislado, sino la consecuencia directa de una severa contracción en la capacidad de pago. La escalada de la mora coincide con una caída del salario real registrado del 8,7% desde la asunción de Javier Milei, retroceso que se profundiza al 18,7% si se utiliza la metodología de la canasta ENGHo 2017/18. Ante este escenario de asfixia financiera, las familias han recurrido masivamente al endeudamiento para cubrir gastos corrientes de alimentación y servicios, transformando el consumo básico en una carga financiera de largo plazo.

La dinámica del mercado crediticio ha mutado. Mientras los bancos tradicionales han endurecido sus condiciones para evitar mayores riesgos, las empresas no financieras de crédito y billeteras virtuales han ocupado ese espacio con condiciones más laxas pero tasas de interés mucho más elevadas. Este ecosistema fintech, aunque facilitó la inclusión financiera digital, hoy enfrenta una situación de insolvencia creciente entre sus usuarios, muchos de los cuales ven cómo sus deudas se acumulan de manera exponencial ante la imposibilidad de afrontar los pagos mínimos. 

Los indicadores de la Central de Deudores del Banco Central reflejan que gran parte de esta cartera está clasificada hoy como «irrecuperable», un alerta roja para un sector que ha crecido al calor de la digitalización durante los últimos años y que ahora sufre el impacto directo de la crisis macroeconómica.

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