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Daniel Santoro: «El peronismo tiene que sorprender, no ser una maquinita de respuestas automáticas»

En pleno marco de llegada de la nueva era de Milei, el artista plástico habló con Contexto sobre los desafíos políticos que se vienen: desmitificación del «descamisado», llamado a repensar lo nacional-popular y la urgencia peronista de aprender a «moverse en la confusión».

En un marco en que la conmemoración de cuarenta años del retorno democrático coincide con la asunción de un presidente como Javier Milei, dispuesto a transgredir o directamente romper gran parte de los pactos y consensos sociales que se creían naturalizados, la incertidumbre crece en los sectores populares. Daniel Santoro, artista plástico que se ha sumergido en la iconografía histórica del peronismo, conversó con Contexto sobre la deriva del campo nacional y popular en tiempos de neoliberalismo rabioso, la necesidad de «destruir el panteón» del discurso alfonsinista y la premisa de que el peronismo, para que vuelva a retornar, primero pueda volver a sorprender.

En tu obra es permanente la observación sobre la iconografía clásica de lo peronista, de lo «nacional y popular». ¿Qué evaluación hacés de esa tradición en la actualidad?, ¿dónde está ese componente hoy?

Quizás lo popular de hace un tiempo ya no es lo popular de ahora. La vieja popularidad del campo nacional, lo «nacional y popular», ese sintagma, también es un problema a veces. En un momento había autores nacionales y populares, hoy envejeció o está ignorado todo eso, pasó a otro estándar fuera de uso. Eso que para nosotros eran valores impresionantes, ahora quedó lejos. Todo está muy bien, por otro lado, es un desafío para quienes tienen esa idea congelada de que hay algo nacional y popular que se ejerce y se puede manipular políticamente para nuestro lado. No hay ninguna garantía de eso, incluso lo ideológico, izquierda y derecha, está inestable.

Eso es algo que también está siendo muy discutido desde algún tiempo, «la izquierda y la derecha» y su relación con el pueblo argentino, el sentido de esas categorías.

Es algo que Cristina [Fernández de Kirchner] ya mencionó en su momento y todo el mundo se puso de acuerdo en ignorar. Creer que el peronismo es de izquierda es un disparate tanto como creer que es de derecha. ¡Tal vez habría que pensarlo de las dos formas! Creo que es caduco, no creo que hay que usar otras categorías. Pero es complicado. ¿Cómo se hace?

¿Creés que, ante la falta de encontrar ese lenguaje, algo de ese componente de lo popular ahora encuentra representación en Milei?

Mirá la capacidad de movilización de Milei, ese era nuestro campo, ahora pareciera que no lo es. Y nosotros movilizamos minorías muy intensas y tal vez nos olvidamos de las mayorías que se referencian en Milei. Eso es un quilombo también. Pensar que hay unas categorías universales que se aplican a todo y así nos quedamos tranquilos es una falsedad total. Eso es una incertidumbre enorme que se nos presenta.

Sin embargo, Milei convoca a través de ideas que son violentas, cuando no un disparate total. ¿Cómo se doblega eso?

El enemigo dice barbaridades sobre la justicia social, nadie se animaba a decir eso antes. Todo el mundo lo tenía de algún modo en su repertorio. Ellos lo expulsan del campo político como posibilidad. Eso es un desafío enorme. ¿La justicia social es de izquierda o de derecha? No sé. Al peronismo si uno le hace preguntas de izquierda es de izquierda, pero si también le hace preguntas de derecha es de derecha. 

¿Cada tanto ocurre que el peronismo entra en una crisis donde debe reformularse a sí mismo?

En el 83 recuerdo que fue muy terrible eso. Era una situación muy parecida a esta. Solo que ahí estaba Alfonsín, que se adueñaba de todo, ya hablaba del tercer movimiento histórico, daba por superado el peronismo. Nosotros estábamos abroquelados ahí cantando «llamen al gorila de Alfonsín». Ahora se habló mucho de los 30.000, que si son 8.000, y no se habló de los números de la comida. 

¿Hay que volver a observar ese proceso del peronismo en el retorno de la democracia?

Hay que revisar quizás también la idea de la memoria. Entiendo que hablar del olvido es un problema grande, es muy difícil hablar. Eso no implica el olvido como lo contrario a memoria, sino que hay temas que pasan, que no están en primer plano. A lo mejor están en el patio de la facu Puán, o de algunos compañeros del progresismo. ¿Querés «materialismo dialéctico»? No hay nada más materialista que el voto del pueblo.

Mientras tanto, los sectores reaccionarios dicen cualquier cosa del peronismo o de la justicia social.

La justicia social no es lo que estos pelotudos quieren hacer creer que es, que la demonizan porque creen que hacemos «pobrismo». No es eso, para nada. La justicia social es antes que nada la igualdad de oportunidades. El objetivo de la final es eso. De última, la acción real es la meritocracia, mirá lo que te digo. ¿Cómo es la meritocracia real cuando está bien? Cuando hay igualdad de oportunidad, no pobrismo. Eso lo hizo Alfonsín con la «Caja PAN». ¡Alfonsín fue un hambreador del pueblo, y encima hubo quienes hicieron campaña con él, como si al pueblo le conmoviera eso! Ya ningún radical ni siquiera se emociona con Alfonsín, se emocionan con Macri. ¿Por qué se hace campaña con Alfonsín?, ¿porque hay una especie de panteón que tenemos que proteger? Hay que hacerlo mierda ese panteón.

Vos hablaste en algún momento de lo «heterogéneo» como algo central del peronismo. ¿Cómo se puede ser heterogéneo y abierto sin perder una línea orgánica, doctrinaria, definida? Los límites se pueden poner confusos.

Tenés que moverte en la confusión total, siempre [risas]. Es eso, la confusión. Mirá, Milei es un buen performer y tiene una matriz artística en ese sentido. Se mueve muy bien en la confusión. Es confuso todo lo que dice. Dice una cosa y después otra que se desdice, su descargo, su rosca, viene por un lado y después aparece por el otro, te sorprende. De pronto se la agarra con el peronismo, pero después habla con peronistas, quiere funcionarios peronistas. 

¿Eso es una virtud y no un defecto? ¿Hay una especie de transversalidad en eso?

Más bien es una virtud a todas luces. La capacidad de ser heterogéneo. Te viene por un lado, por el otro, no sabés por dónde te aparece. Después no sé en qué decantará eso. Si no sorprendés sos como una maquinita, apretás un botón y decís «che, decile a la chica esta que diga que son 8.000», y a la noche tenés 10.000 declaraciones en contra de eso indignándose, es como un lavarropas. ¡Y no se sorprende nadie con eso! El peronismo tiene que tener respuestas de calidad para cualquier situación, de lo que queramos, pero tiene que ser heterogéneo para eso. Es como un almacén mayorista de respuestas políticas. Si no, sos un tipo al que aprietan un botón de respuestas automáticas. 

En ese sentido, ¿cómo se puede resucitar la identidad de «lo peronista» en la coyuntura de hoy? Pienso en el «descamisado», esa idea del trabajador y cómo representar eso en un mundo de trabajo precario y explotación.

El descamisado es un lindo símbolo, pero es un símbolo del pasado, no es actual. Nadie quiere ser descamisado ni va a ser descamisado, sos descarte humano, nada más. Son desocupados, y hay obreros ahí. Y los obreros también pueden votar a Milei, a Macri. Nadie tiene la «utopía del obrero» hoy, es algo medio de fantasía trotskista. No podemos estar todo el tiempo detrás de eso, cambió mucho todo. Ahí el descamisado se convierte en un mito. No hay un orgullo de eso, porque se ha superado socialmente, estamos para otra cosa.

¿Creés que hay un riesgo de que el peronismo se convierta, justamente, en una mitología y no una fuerza viva en el presente? 

Más bien, sí, siempre está ese peligro. El peronismo es parte de nuestra identidad. Hacia el futuro, si al peronismo lo entendemos bien, es la única solución para el hombre. Es lo humano, no hay otra cosa. En un código que está más allá de la izquierda y la derecha, de las ideologías y demás. Tiene más que ver con un código cabalístico de la misericordia y la severidad, donde está la codicia en el medio, con un tono más religioso si querés. La única forma en que el capitalismo pueda prosperar benéficamente es en el peronismo, no hay otra forma. Y muchos van a derivar hacia eso inevitablemente. Donde las leyes del mercado no son todo. Las leyes del mercado ya de por sí son severas, y si dejás todo en esas manos, la metáfora bíblica dice que Caín mata a Abel, eso siempre pasa y es mortal. La ley sin misericordia siempre mata. Entonces, cómo aplicás la misericordia en presencia del mercado. Esa es la presencia del peronismo.

Ya el problema no parecería simplemente peronismo versus antiperonismo, sino la humanidad contra el neoliberalismo directamente.

El neoliberalismo, esta deriva feroz, a lo que tiende es a anular las naciones, y ahí hay una gran pelea. Lo que le jode a Milei y su estructura es que detrás de todo hay una nación. Hay una contradicción entre el mercado y la nación. Por eso busca debilitar todas las instituciones de la nación, empezando por el Banco Central. El desafío va a ser eso. Por eso la conversación con Elon Musk, son tipos que pretenden crear sus propias naciones. Van a reclamar su propio Estado para ellos, un Estado bárbaro tipo country. Y después, afuera, el mundo del descarte. Es un neofeudalismo.


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