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Cinta abierta| Mileth Iman

Por R.G.M.

“Odio el verano porque puedo verme las piernas”. En el videoclip-que en sus delicada y original sencillez acompaña más que adecuadamente la canción- Mileth Iman nos muestra su cabeza. De alguna manera recrea ese curioso juego playero de enterrar el cuerpo entero, mientras a base de croma y  otros recursos, pasan a su lado un caniche, le ofrecen tragos o un churro.

 “Quiero que vuelvas del kiosco con algo para mi/Damos vueltas sin sentido con el churro en la boca/Ya no da más la ciudad, dame más”. Como si Juana Molina trazara coordenadas  con Velvet o Los Punsetes, la artista construye un retrato cotidiano sobre el agobiante verano en su ciudad. Y por supuesto, no está exento de cierto humor corrosivo y un componente lúdico, rasgos distintivos de esta artista que entiende que a la música se juega. E igual que los niños, si no se juega en serio es aburrido.

Por eso en esta pieza minimalista llamada «Odio el verano», Mileth combina algo de house, de synth pop y facilidad melódica  a través de una voz dulce pero arenosa como la rionegrina playa de La Boca. Los distintos detalles de producción (como algunos los paneos oscilantes )  y  algunos intertextos dan a entender que esa cabeza que nos muestra explota por dentro, atestada de ideas. Que debajo hay más.

Escribió un poeta: “Para ser grande, sé entero: nada tuyo exageres o excluyas/Sé todo en cada cosa./Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas/Por eso la luna brilla toda/en cada lago, porque alta vive”. La buena noticia es que al parecer, detrá de este single nuevas canciones están en camino. Y en ellas seguramente se siga ampliando el plano. Y no hablamos de ver piernas sino de lo mejor que pueden ofrecer los artistas verdaderos: su corazón.

(Foto portada: Manuel Cascallar. Fotos interior: Merra)

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“Me llamo Mileth, vivo en Viedma, Río Negro y a mis 32 años hice mi primer lanzamiento solista, el sencillo: “Odio el verano”. Esta canción reúne elementos del mundo pop y también de la música house y el electro ácido más chirriante, herencia de mi oficio como dj. Una voz desganada que se arrastra sobre médanos de sonidos adhesivos y disparatados.

Mi relación con la música comenzó en casa como hija única de madre cantora y padre guitarrero de fogón. Desde siempre mi instrumento fue la voz. Me crié de brazo en brazo en ensayos de coro y desarrollé un pensamiento polifónico (muchas voces), superponiendo melodías mentales como si en vez de dos cuerdas vocales yo tuviera una guitarra, la clase de esquizofrenia de la que no me voy a hacer cargo”.

RECª

«Odio el verano fue grabado en octubre 2023, mezclado y masterizado por Matias Cella en Colegiales, producido por Matias Salerno y Lionel Demian Celaya en Paternal, con arte original del pintor Martin Kazanietz, más conocido como `gordopelota`”.

REW<<

“Para hablar de continuidad preciso mencionar que viví 10 años en la ciudad de La Plata, estudié la carrera de Música Popular y me dediqué a tocar en cuanto proyecto pude, pasando del chamamé al flamenco sin escalas para finalizar como bajista en bandas de indie rock como Srta. Trueno Negro, Los Subterráneos y Las Bermudas”.

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“Palante solo queda resistir, salir de la cama todos los días sabiendo que hay canciones y hay amores por los que vale la pena intentarlo. La música y la amistad son los alambres que sostienen todo lo demás. Hoy mismo lloré de alegría porque fué mi cumpleaños y mis amigxs juntaron los manguitos que no tienen para ayudarme a seguir grabando y produciendo mi música. De marzo en adelante, con suerte, habrá nuevos lanzamientos y sin suerte, lo habremos intentado”.

PAUSE||

“Es un tema absolutamente diurno, soleado, acalorado, fatigado y quejoso. Pero, como suelo aclarar, yo lo que odio no es el verano… yo lo que odio es trabajar como un gil y ser apenas pudiente como para pagar la luz que hace enfriar el agua que dejé en la heladera. A groso modo: Señora, usted no odia el verano, usted odia el capitalismo”.

LADO B

Odio el verano tiene un componente o guiño geográfico, local, viedmense, que solo la gente de mi pueblo entiende. Se trata de la melodía pentantónica, oriental, que es una adaptación de la bocina del vendedor de churros, que todos los días camina de puente a puente la costanera del río negro. No hay nadie aquí que no la haya escuchado y es una manera de honrar, con gracia y cariño, a la ciudad que me lo dio todo”.

SECCIONES