Brutal represión y cacería policial para sancionar el saqueo previsional

Una multitudinaria marcha había llegado hasta la Plaza de los Dos Congresos, que se encontraba vallada por la Policía de la Ciudad para evitar el paso de los manifestantes hasta las puertas del parlamento, cuando se desató una nueva represión. Fue pasado el mediodía, minutos antes de que Cambiemos consiguiera el quorum para tratar la reforma previsional que recorta jubilaciones, asignaciones y pensiones por discapacidad.

Tras la desmedida violencia policial del jueves pasado en el Congreso, los efectivos del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, tenían limitado el uso de la fuerza por orden de la jueza en lo Contencioso Administrativo Patricia López Vergara, quien hizo lugar a un amparo presentado por el legislador de Unidad Ciudadana, Mariano Recalde. Sólo podían recurrir a las balas de goma y los gases lacrimógenos como “último recurso”, y a una distancia que garantizara la seguridad de los manifestantes.

Pero un grupo de encapuchados intentó derribar las vallas y tiró las primeras piedras contra los uniformados, lo que le permitió a la Policía de la Ciudad romper la orden de López Vergara. Desde distintas organizaciones políticas, sociales y gremiales denunciaron que eran “infiltrados” del gobierno para causar desmanes y justificar la represión.

Mientras los medios hegemónicos hablaban de “manifestantes violentos”, la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, sumó a la Policía Federal para avanzar con su brutalidad habitual contra los que protestaban en las inmediaciones del Congreso.

Tras dispersar a los manifestantes con balas de goma, palazos, gas pimienta y camiones hidrantes, efectivos porteños y federales comenzaron la cacería en la plaza, sobre Avenida de Mayo y calles laterales, hasta la 9 de Julio.

Dentro de la Cámara de Diputados, la oposición pedía suspender la sesión para evitar que la situación se agravara en las calles. “No es un problema de quién gana y quién pierde. Si algo pasa, perdemos todo. Acá hay un chico que ya perdió un ojo, están las carpas de defensa civil llenas de gente herida. Levantemos la sesión, no juguemos a la ruleta rusa con la democracia argentina”, dijo el diputado nacional del FpV-PJ, Leopoldo Moreau, luego de un cuarto intermedio.

Otros legisladores del mismo bloque, como Hugo Yasky y José Luis Gioja, hicieron el mismo reclamo, denunciando que estaban “cagando a palos a los manifestantes porque esta ley no tiene nada que ver con los intereses del pueblo argentino”.

Sin embargo, el presidente del cuerpo, Emilio Mozó, siguió adelante con el tratamiento de la reforma con el argumento de que “las mayores agresiones son sufridas por los miembros de seguridad” y que el gobierno podía “controlar” la situación, mientras la diputada Elisa Carrió se solidarizaba “con los heridos de la policía”.

En las calles, no obstante, quedó en evidencia que las principales víctimas eran trabajadores, militantes sociales, jubilados, jóvenes y periodistas, que vivieron en carne propia la bestialidad de los efectivos uniformados y de civil.

Uno de los primeros heridos fue un integrante del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), que perdió un ojo cuando le dispararon una bala de goma en la cara en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Solís. Cerca de ahí, un camión celular atropelló a un jubilado y se fue rápidamente del lugar sin asistirlo. También hubo varios trabajadores de prensa heridos, como Silvina Rouvier (La García), quien recibió una bala de goma en la boca.

También por Yrigoyen, casi llegando a la 9 de Julio, policías motorizados le dispararon a un joven, lo embistieron y siguieron reprimiendo a otros manifestantes. La víctima quedó desangrándose en el suelo hasta que llegó una ambulancia para trasladarlo de urgencia al Hospital Argerich. Mientras se lo llevaban, las personas que lo había asistido cantaron indignadas “¡Macri, basura, vos sos la dictadura!”.

Asimismo, los efectivos tiraron gases lacrimógenos en bares, locales comerciales y en las bocas del subte de la zona, de donde los asfixiados salían como hormigas en estado de pánico.

Por la noche se registraban 109 heridos, según el Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME). En tanto, la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) difundía a las 22.30 una lista actualizada con más de 80 personas demoradas en distintas comisarías porteñas, entre ellas, varios periodistas.

Para repudiar la represión y la reforma previsional, que por esas horas seguía tratándose en el Congreso, miles de personas salieron a las calles a golpear sus cacerolas en barrios porteños como Caballito, Almagro, San Cristóbal, Villa Crespo, San Telmo, Colegiales, Palermo y Constitución.

Los cacerolazos llegaron también hasta la Plaza de Mayo, el Congreso y las puertas de la Quinta Presidencial de Olivos, donde los ciudadanos denunciaron el “saqueo” de 100 mil millones de dólares sobre jubilaciones y asignaciones que implica el proyecto del gobierno de Cambiemos. “Esto no es una reforma, es un ajuste. El pueblo está en la calle y va estar en la calle todo lo que sea necesario”, sintetizó uno de los manifestantes.


 

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