Este lunes comenzaron los alegatos por el triple lesbicidio de Barracas, que tiene como imputado Fernando Justo Barrientos, como autor del ataque que culminó con la vida de Pamela Cobas, Roxana Figueroa, Andrea Amarante y dejó con heridas a Sofía Castro Riglos, la única sobreviviente del caso. Las querellas hablaron de un ataque premeditado, describieron los hechos y el ensañamiento hacia las víctimas y reclamaron que sea reconocido como un crimen atravesado por el odio hacia las lesbianas.
Ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 5, integrado por Cinthia Oberlander, Juan Manuel Grangeat y Adrián Pérez Lance, quien preside el tribunal, este lunes se presentaron los alegatos de dos de las tres querellas. Por un lado, el de la Defensoría Pública de Víctima, que representa a las familias de Cobas y Figueroa; por otro, el de la abogada Luciana Sánchez, en representación de Castro Riglos y de su pareja, Andrea Amarante, fallecida en el hecho. En tanto, el miércoles harán lo propio la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans+ (FALGBT), con las abogadas Samanta Pedrozo y Flavia Massenzio.
La abogada Carolina Cymerman, de la Defensoría Pública de la Víctima, reconstruyó el ataque de Justo Fernando Barrientos a partir de los testimonios de vecinos, policías y bomberos que intervinieron aquella noche, pero también recuperó la voz de Sofía Castro Riglos, la única sobreviviente, cuyas declaraciones fueron incorporadas por lectura durante el juicio.
La letrada recordó que en su primera declaración, Castro Riglos contó que estaba descansando en la habitación 14 junto a Andrea Amarante, su pareja, y a Roxana Figueroa y Pamela Cobas, cuando un hombre alto, delgado, de pelo corto y canoso ingresó y las prendió fuego. Después precisó que les arrojó un artefacto incendiario con ambas manos, que describió como una “bola de fuego”. El fuego alcanzó primero a Roxana, luego a Pamela y a Andrea, que se interpuso para evitar que llegara hasta Sofía. Las cuatro intentaron salir de la habitación y llegar hasta las duchas para apagar las llamas. Pero allí, según relató la sobreviviente, Barrientos volvió a atacar a Andrea: la golpeó y la arrojó nuevamente al fuego.
De los vecinos que del lugar, se recordó que varios señalaron a Barrientos por ser el autor del fuego y que incluso vieron como una de las víctimas lo acuso directamente. También indicaron que «por la maldad con la que obró, lo tendría que haber planeado de antemano». Cymerman, recordó que al igual que Sofía, otro vecino recordó «otro foco de fuego en el pasillo entre la cocina y el baño» y que cuando las mujeres llegaron a las duchas, el acusado tomó una por detrás y la comenzó a golpear, tal como había indicado Castro Riglos. Uno de los vecinos incluso dijo no «poder creer tanto ensañamiento con una persona», recordó la letrada.
Cymerman también retomó el testimonio del policía que llegó primero al lugar. “Vio un tacho en el pasillo cerca del baño, que fue justamente el secuestrado. Y recordó también que conversando con un bombero le dijo que los perros habían registrado la presencia de una sustancia combustible en ese balde”, sostuvo.

Sobre los bomberos, la abogada recordó con detalles lo vieron ese día: “quemaduras terribles, gritos y alaridos” con las mujeres que directamente era imposible tocarlas. “Acá estamos hablando de un bombero que está acostumbrado a intervenir en este tipo de situaciones y la verdad es que lo vimos quebrado y conmovido por el estado en el que vio a las víctimas. Lo que hace evidente que esto no había sido un incendio cualquiera”, destacó Cymerman.
Una vez que lograron apagar el incendio, un teniente de bombero encontró en el baño del segundo piso a Barrientos con una herida en el cuello una hoja metálica con filo en su mano. «Ahí advirtió que además tenía la nuca quemada y le sintió olor a alcohol, ese mismo olor a alcohol que sintió en el pasillo de la primera planta. Interpretó que Barrientos estaba en shock porque no hablaba. Pero además escuchó como los vecinos lo increpaban por haber querido matar a las víctimas», destacó.
«Quiso terminar con la vida de cuatro mujeres lesbianas provocandoles el mayor sufrimiento posible»
La abogada también se detuvo en explicar en cómo se originó el fuego. “Consideramos que está probado que para cometer este hecho aberrante fue necesario cierto grado de planificación. Que se refleja en el medio empleado y en el modo escogido para esa ejecución. Consideramos que no fue una casualidad que Barrientos eligiera un horario en el que las 4 víctimas estaban descansando en una misma habitación, y consideramos también que la modalidad escogida por Barrientos pone además de relieve que quiso terminar con la vida de cuatro mujeres lesbianas provocándoles el mayor sufrimiento posible, a cualquier costo y sin importar las consecuencias”, sostuvo.
Esto, lo sustentó primero en los resultados de las pericias. Uno de los elementos centrales fue un balde de plástico de unos 10 kilos que se encontró en en el pasillo, cerca de los baños. Según los informes presentados por los bomberos que intervinieron en la investigación, el recipiente desprendía un fuerte olor a alcohol y presentaba signos de derretimiento y tiznamiento en su interior. “Tenía signos claros de haber sido, de haber estado involucrado en el incendio”, detalló la abogada.
Aunque en la muestra del balde no se detectaron restos de líquidos inflamables, la querella sostuvo que eso podía explicarse por la volatilidad de la sustancia y por las condiciones en las que fue conservado hasta su análisis. En cambio, las pericias detectaron esto en prendas de vestir y una manta de las víctimas. Lo que, sumado a los testimonios de ese día, da cuenta que efectivamente se uso un liquido inflamable o combustible.
La querella también se detuvo en la hipótesis sobre cómo fue arrojado el combustible. Si bien los especialistas descartaron que se tratara de una bomba molotov en el sentido técnico como se había dicho en una oportunidad, consideraron compatible con la evidencia que Barrientos hubiera arrojado un recipiente con combustible previamente encendido. Esa hipótesis coincide con el relato de Sofía, que describió una “bola de fuego”, y con los testimonios de vecinos que escucharon un estruendo similar a una explosión. Según explicó la querella, el encendido del combustible dentro del recipiente podía generar una llamarada y explicar las quemaduras que también sufrió Barrientos en el rostro y la nuca.

Otro elemento en el que se detuvo la querella es en la puerta de la habitación, la cual por fuera se encontraba intacta, pero que por dentro presentaba signos claros de fuego. “Es evidente que para arrojarles este artefacto incendiario, Barrientos tuvo que abrir la puerta de par en par. Pero no la dejó abierta. Después de prenderlas fuego, Barrientos les cerró la puerta para que no pudieran salir con facilidad”, destacó la abogada.
Las evidencias forenses en tanto también dan cuenta de que se trató de un fuego directo. Los médicos “señalaron es que la mayoría de las lesiones se concentran en la región anterior del cuerpo: tórax, abdomen, rostro, manos y miembros, y de forma parcheada, lo que indica que las víctimas recibieron fuego de frente”.
Los motivos: “Para Barrientos eran unas tortilleras asquerosas»
Para concluir su intervención, la letrada puso en un reclamo central en este caso: se trató de un ataque de odio. “En en este debate se pudo acreditar que Barrientos prendió fuego no a una, sino a 4 mujeres lesbianas. Y también acá quedó probado que había un contexto de hostigamiento, de repudio, de desprecio, de discriminación. De Barrientos hacia las víctimas por ser mujeres lesbianas, y que también hubo una complicidad machista dentro del hotel. Para Barrientos, estas 4 mujeres eran una misma cosa: unas tortilleras asquerosas, como contó Araujo(vecino), que Barrientos decía”.
En este marco, recordó a partir de diferentes testimonios que Barrientos las insultaba y que incluso, Castro Riglos, aseguró que hubo intentos de agresiones sexuales. Un hostigamiento que también percibían de otros hombres del lugar que incluso prestaron declaración en la causa y que siguieron reproduciendo esa violencia.
“Barrientos no es un monstruo ni es una víctima del sistema. Es un hombre que pudo no hacerlo y lo hizo. Mató porque no soportó que Roxana, que Andrea, que Pamela y que Sofía no se comportaban como a su juicio debían hacerlo las mujeres. Matar para él fue una prerrogativa de macho. Aunque intentó aparentar ser un varón adulto mayor, con rasgos de senilidad, dar cuenta de su vida humilde, lo cierto es que bien se sabe que aún en ese contexto de vulnerabilidad siempre hay un cuerpo feminizado para oprimir. Y este es el caso de cuatro mujeres lesbianas con una vida precarizada”, manifestó Cymerman.
«Barrientos mató por el odio a la orientación sexual de las víctimas»
Tras la reconstrucción de los hechos, el abogado Pablo Rovatti, también de la Defensoría, se concentró en la calificación legal del ataque. “Los hechos que consideramos probados encuadran a nuestro ver en el delito de homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía, por ensañamiento, por odio a la orientación sexual, por un medio idóneo para crear un peligro común y por un hombre contra una mujer mediando violencia de género”, sostuvo
Uno de los puntos centrales fue la alevosía. Rovatti explicó que esta agravante se configura cuando el autor aprovecha o provoca una situación de indefensión, como en este caso cuatro mujeres en una habitación. “No hace falta premeditación, es decir, no hace falta una deliberación fría y serena, como suele decir la doctrina, pero sí […] una actitud cobarde y traicionera, que elige la ocasión y los medios para que la víctima no pueda defenderse”, explicó. Asimismo destacó el ensañamiento con que se dio el ataque: el fuego como arma, la puerta cerrada, los golpes en las duchas.
Rovatti dio una larga explicación sobre la importancia de la figura de femicidio en este caso, pero centralmente remarcó el agravante de odio a la orientación sexual. «Barrientos mató por el odio a la orientación sexual de las víctimas. El primero de estos indicadores es la crueldad y el ensañamiento que ya vimos»
El abogado recuperó la voz de testigos que escucharon a Barrientos hablar de «tortilleras asquerosas» y el acusado no distinguía a las víctimas. «Eran una misma cosa. Y eso es lo que define el odio integrupal, caracteristico de los delitos de odio», destacó y agregó: “el odio no se dirige a una persona por lo que hizo o por cómo es, sino a una clase entera de personas. Las tortilleras, en este caso”.
Para Rovatti, Barrientos atacó a las mujeres porque «eran lesbianas y también quiso decirle a todas las demás que eso se paga con la vida. Ese es el odio a la orientación sexual que la ley agrava y es el que esta querella le pide al tribunal que reconozca”.
Finalmente, Rovatti pidió que Barrientos fuera condenado por homicidio doblemente agravado por violencia de género y por violencia discriminatoria contra las mujeres por haber sido percibidas como lesbianas. Para los tres asesinatos y el intento de homicidio de Sofía, pidió la pena de prisión perpetua y reclamó, además, medidas de reparación para la sobreviviente y de reconocimiento público del lesbicidio y el femicidio.
La querella de la única sobreviviente
La abogada Luciana Sánchez puso el foco en los prejuicios y estereotipos contra las lesbianas y sostuvo que el ataque de Justo Fernando Barrientos debía ser reconocido tanto como femicidio como lesbicidio.
La abogada recordó que, en su declaración, Barrientos intentó instalar estereotipos sobre las víctimas. “Se trata de un discurso que pretende ser exculpatorio, que se basa entonces en un contexto histórico de prejuicios y estereotipos de género contra las personas LGBTQ+, que dice que las personas LGBTQ+ se matan entre sí, que las lesbianas son celosas de los varones, que los odian, que los agreden, que sus parejas son tóxicas. Son discursos para invalidar las relaciones y los proyectos de vida de las personas con identidades lesbianas y se generalizan. Además, estos estereotipos Barrientos generaliza estas características que serían de las lesbianas, las atribuye indistintamente a estas cuatro víctimas, lo cual demuestra también que se trata de un estereotipo y no una descripción de hechos”, sostuvo.
Sánchez descartó esta versión y repasó los testimonios que señalaron al imputado en distintos momentos del ataque. También mencionó el olor a alcohol que emanaba de Barrientos y las autolesiones que se provocó después de los hechos. La abogada vinculó esta conducta con una modalidad frecuente en casos de femicidio, en los que el agresor intenta presentarse también como víctima.
Otro elemento que destacó fue el hallazgo de un segundo balde en el pasillo del hotel. A diferencia del recipiente que sí fue secuestrado y sometido a peritajes, este segundo tacho, que presentaba signos de haber sido alcanzado por el fuego, no fue recogido para su análisis. La falta de preservación de las pruebas fue uno de los cuestionamientos más severos de la exposición. Sánchez enumeró elementos que no fueron secuestrados, entre ellos los celulares de las víctimas, que podían contener información sobre sus vidas y sobre lo ocurrido aquella noche. También señaló que no se preservó adecuadamente la escena para realizar nuevos análisis, que no se allanó la habitación de Barrientos y que tampoco se secuestraron las cámaras de seguridad de los días previos y de la noche del ataque. Esas omisiones, sostuvo, impidieron determinar con mayor precisión qué había en la habitación del acusado, si tenía combustible y qué movimientos había realizado antes del incendio.

En ese marco, Sánchez sostuvo que Barrientos conocía las condiciones de precariedad del hotel y que las utilizó para concretar el ataque. “La conocía y la instrumentalizó, o sea, no lo disculpa”, afirmó. Según planteó, el acusado sabía que los matafuegos no funcionaban, que el agua de las canillas era insuficiente y que el establecimiento no estaba habilitado ni había sido controlado. También conocía las características de la puerta de la habitación 14 y que allí vivían cuatro personas en un espacio de apenas entre 10 y 12 metros cuadrados. A partir de esos elementos, la querella sostuvo que el ataque fue deliberado.
“Solicitamos […] que se condene a Justo Fernando Barrientos como autor de homicidio doblemente agravado por haber sido cometido por un hombre contra tres mujeres mediando violencia de género y con violencia discriminatoria por haber sido percibidas como lesbianas”, sostuvo Sánchez. Para el caso de Sofía, pidió que se contemple la misma calificación en grado de tentativa. La pena solicitada es prisión perpetua, de acuerdo con los artículos 42, 45, 54, 55, 79 y 80, incisos 4 y 11, del Código Penal.
La abogada insistió en la importancia de que la sentencia nombre específicamente el lesbicidio. “Desde 2012, que se cambió la legislación, en ningún caso donde fueron asesinadas lesbianas […] hubo una condena que tuviera en cuenta este agravante”, afirmó. Para la querella, reconocer la violencia discriminatoria contra las lesbianas no excluye la perspectiva de género, sino que permite identificar la especificidad del odio que atravesó el ataque.
Además de la condena y las accesorias legales, Sánchez presentó un extenso pedido de reparación, con medidas destinadas a atender las consecuencias que el ataque dejó en Sofía para compensar daños materiales y simbólicos (atención gratuita a sus problemas de salud; compensaciones económicas; una pensión por viudez) y prevenir nuevos hechos de violencia contra personas LGBTIQ+. Entre ellos, propuso que el hotel de la calle Olavarría se expropie como un espacio de la memoria y que lleve el nombre de las víctimas. Asimismo, reclamó un reconocimiento público del Estado nacional al hecho como un lesbicidio y que la legislatura porteña trabaje en soluciones habitacionales para la comunidad LGBTIQ+.
