El presidente obtuvo el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro y se aseguró un nuevo mandato. Tras revertir la desventaja de la primera vuelta, reivindicó la derrota de “la mentira” y el “negacionismo”, defendió la soberanía brasileña y prometió modificar su forma de gobernar.
Luiz Inácio Lula da Silva consiguió una victoria histórica en las elecciones presidenciales de Brasil. En el balotaje celebrado este domingo, el mandatario del Partido de los Trabajadores (PT) obtuvo el 51,79% de los votos válidos, frente al 48,21% del senador Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Con más de 64,2 millones de sufragios, Lula superó a su rival por alrededor de 4,5 millones de votos y aseguró un nuevo mandato, que comenzará en enero de 2027. El resultado lo convierte en el primer presidente brasileño elegido cuatro veces por la vía democrática.
La dimensión histórica de la elección se explica, en buena medida, por la remontada. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había conseguido el 47,03% de los votos válidos, contra el 45,16% de Lula. El candidato del PT logró revertir esa ventaja en una segunda instancia atravesada por una disputa ajustada y una fuerte polarización política. Tras conocerse el resultado, el mandatario agradeció a quienes se movilizaron para respaldarlo y destacó especialmente a los jóvenes que salieron a las calles durante la campaña. “Quiero agradecer la generosidad de la juventud brasileña, que salió a la calle para defender la democracia”, afirmó en su discurso de victoria.
Lula también definió el resultado como una derrota política de su adversario y de las estrategias que, según sostuvo, marcaron la campaña. “Esta elección fue una derrota del negacionismo, fue una derrota de la mentira”, afirmó. En el mismo discurso cuestionó la influencia de las grandes plataformas digitales y anticipó que buscará regularlas durante su nuevo mandato. “No es posible que no tengamos conciencia de que un delito en el mundo digital tiene que ser tratado igual que un delito en la vida real”, sostuvo. El presidente denunció, además, que empresas tecnológicas con ganancias millonarias intentan influir en los resultados electorales sin asumir, según su planteo, las correspondientes obligaciones tributarias.
La defensa de la soberanía nacional ocupó otro lugar central en el discurso. Al recordar la movilización de sus seguidores en la avenida Paulista, en San Pablo, Lula destacó el entusiasmo de quienes cantaron el Himno de la Independencia y reivindicó la autonomía de Brasil frente a las potencias internacionales. “Este país no acepta ser el patio trasero de nadie”, afirmó. Luego recordó una frase del músico Chico Buarque para sintetizar su posición en política exterior: su gobierno, dijo, no debe “hablar fuerte con Bolivia y hablar bajo con Estados Unidos”, sino tratar a todos los países en condiciones de igualdad. La definición adquiere relevancia en un escenario regional atravesado por las disputas entre gobiernos de distinto signo político y por las tensiones en torno a la política exterior estadounidense.
El triunfo también tiene implicancias para América Latina. Brasil es la principal economía de la región y un actor central en el Mercosur y en los debates sobre integración, comercio y política exterior. La continuidad de Lula abre una nueva etapa en la relación bilateral con la Argentina, donde el presidente Javier Milei mantiene diferencias ideológicas con el mandatario brasileño. El vínculo entre ambos gobiernos será uno de los puntos de atención del escenario regional, tanto por el peso comercial de los dos países como por sus posiciones divergentes en materia de integración y relaciones internacionales.
Sin embargo, la victoria no elimina los límites políticos que enfrentará el próximo gobierno. El país continúa dividido y el Congreso conserva una composición más conservadora, una circunstancia que el propio Lula reconoció en su discurso. “Yo no elegí el Congreso, lo eligió el pueblo, y con él voy a trabajar y voy a aprobar las cosas”, afirmó, al responder a quienes anticipan dificultades para su gestión. El mandatario también prometió modificar su forma de gobernar y ampliar la participación popular en las decisiones: “Vamos a hacer que el pueblo participe más en nuestras decisiones”. En paralelo, anunció que la comunicación digital tendrá un lugar más importante en su gestión y que buscará establecer un contacto más directo con la población. <
En materia social, Lula adelantó que buscará profundizar las políticas educativas, ampliar la cobertura de la jornada escolar completa y crear una versión universitaria del programa de becas Pé-de-Meia, destinado a evitar que los jóvenes abandonen sus estudios por motivos económicos. También reivindicó el sistema público de salud y prometió dar mayor centralidad a las políticas destinadas a las mujeres y las personas mayores. “No fui yo y Alckmin quienes ganamos estas elecciones”, sostuvo, en referencia a su compañero de fórmula, Geraldo Alckmin. “Fueron la honradez, el nacionalismo, la democracia y el futuro que ustedes quieren para sus hijos los que hicieron que diéramos vuelta el resultado”, agregó.
Lula asumirá el 5 de enero de 2027 y prometió dedicar sus esfuerzos a mejorar las condiciones de vida de la población. “Voy a hacer el mejor mandato que un presidente haya hecho en la historia de este país”, afirmó ante sus seguidores. Entre los desafíos que anticipó también aparecen la seguridad pública, la economía digital, el desarrollo de una inteligencia artificial brasileña y la protección del medioambiente. La remontada le permitió superar una desventaja inicial y asegurar la continuidad de su proyecto político, pero el resultado dejó en evidencia que el bolsonarismo conserva una base electoral de gran magnitud. El nuevo mandato comenzará, así, con un respaldo mayoritario en las urnas y con la tarea de gobernar una sociedad profundamente polarizada.
