De los elogios a Thatcher al acuerdo con Londres: la cronología de la política de Milei sobre Malvinas
Es sólo un partido de fútbol. Desde su responsabilidad como conductor y consabida moderación a la hora de hacer declaraciones, no solo no sorprende sino que la postura de Lionel Scaloni es la más atinada en términos deportivos. Y no por promulgar una visión aséptica e indemne del juego sino precisamente para que el plantel no se vea sobrepasado por una instancia que ya es lo suficientemente emocional.
Y claro que es un partido de fútbol. ¿Pero desde cuándo el fútbol es solo un juego? ¿O acaso son falsas todas esas publicidades que claman por el ser nacional y así somos los argentinos y demás etcéteras entre bares y abrazos y cervezas y músicas emotivas? ¿Cuál es la tierra que pisaron esos pies humildes que hoy patean en los grandes estadios mundiales y que se enorgullecen con justa razón de sus raíces modestas? ¿No es acaso el recuerdo del gol en aquel televisor de aquella casa de aquel barrio con aquel familiar lo que invocamos? ¿No es acaso la historia lo que nos emociona más allá de un resultado? Y entonces: ¿podemos obviar la historia? ¿O alguien determina qué historia se juega y cuál no?
Pues bien: el miércoles se enfrentan Argentina e Inglaterra en una de las semifinales del Mundial de Fútbol. Un simple partido, excepto para cualquier argentino que se precie de serlo. Porque en su amplia y compleja composición, no hay manera de concebir nuestra identidad sin su relación con política e histórica con Inglaterra. Desde las invasiones hasta Baring Brothers, desde el Pacto Roca-Runciman hasta la guerra de Islas Malvinas.
Pero no todos los argentinos somos iguales. Al menos para nuestro presidente, que distingue entre aquellos que son de bien…y el resto, basura. ¿Cuál sería entonces la postura de un “argentino de bien” como Milei frente a Inglaterra? Por lo pronto, habría que revisar dicha locución preposicional: “frente a”. Lejos de enfrentarse, lo del Javo ha sido más bien condescendencia.

Minuto a minuto
Desde que asumió la Presidencia el 10 de diciembre de 2023, Javier Milei sostuvo formalmente que «las Malvinas son argentinas». Sin embargo, esa definición convivió con una serie de declaraciones, decisiones diplomáticas y gestos políticos que marcaron un giro respecto de la política que la Argentina había mantenido durante las últimas décadas. La admiración pública por Margaret Thatcher, la apelación a la voluntad de los habitantes de las islas y el acercamiento al Reino Unido despertaron críticas de excombatientes, especialistas en derecho internacional y distintos sectores de la oposición.
El primer gran debate llegó incluso antes de cumplirse cuatro meses de gestión. El 2 de abril de 2024, durante el acto central por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, Milei pronunció un discurso que rompió con la tradición de los presidentes argentinos. Después de ratificar el reclamo de soberanía, afirmó que el objetivo debía ser convertir a la Argentina en una potencia para que «los malvinenses prefieran ser argentinos».
«Buscamos ser una potencia para que ellos prefieran ser argentinos y ni siquiera haga falta la disuasión o el convencimiento», sostuvo.La frase provocó una inmediata controversia porque la posición histórica del Estado argentino no se basa en la autodeterminación de los habitantes de las islas, sino en el principio de integridad territorial reconocido por las Naciones Unidas. Para la diplomacia argentina, los isleños constituyen una población implantada por la potencia ocupante y, por lo tanto, no son el sujeto al que debe aplicarse el principio de libre determinación.
Pocas semanas después, durante una entrevista con la BBC, Milei volvió a quedar en el centro de la polémica. Consultado por sus reiterados elogios a Margaret Thatcher, lejos de retroceder profundizó su posición: «Admiro a Margaret Thatcher. ¿Cuál es el problema?»
Luego explicó que podía reconocer las capacidades políticas de la ex primera ministra británica aun cuando hubiera conducido al Reino Unido durante la guerra de 1982: «Hubo una guerra y nos tocó perder. Eso no significa que no pueda reconocer que quien estaba enfrente hizo bien su trabajo.»También calificó como «intelectualmente muy precario» rechazar automáticamente a una figura política únicamente por su nacionalidad.
En las semanas siguientes Milei insistió con otra definición que marcó diferencias con gobiernos anteriores. Afirmó que la recuperación de las islas no tendría una solución inmediata y utilizó el caso de Hong Kong como ejemplo de una negociación de muy largo plazo. «No hay una solución instantánea», señaló.
Pero el episodio que generó las críticas políticas más fuertes ocurrió meses después, el 24 de septiembre de 2024, cuando la entonces canciller Diana Mondino se reunió con su par británico David Lammy en Nueva York, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Tras ese encuentro ambos gobiernos difundieron una declaración conjunta en la que acordaron avanzar en distintas áreas de cooperación. Entre los puntos incluidos figuraban la reanudación del intercambio científico en materia pesquera, el impulso a nuevas conexiones aéreas entre las islas y terceros países, la conservación de recursos naturales y la continuidad del trabajo para identificar a los soldados argentinos sepultados en el cementerio de Darwin.
El Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) de La Plata calificó el entendimiento como un retroceso en la política exterior y sostuvo que implicaba retomar aspectos del denominado «Pacto Foradori-Duncan», firmado durante el gobierno de Mauricio Macri y duramente cuestionado por amplios sectores políticos.
Desde el oficialismo respondieron que el acuerdo buscaba reconstruir una relación diplomática racional con el Reino Unido sin abandonar el reclamo de soberanía.
Durante 2025 esa estrategia se profundizó. El Gobierno mantuvo un tono considerablemente menos confrontativo con Londres, evitó convertir la cuestión Malvinas en uno de los ejes de su política exterior y priorizó el fortalecimiento de los vínculos con Europa y Estados Unidos.
Mientras tanto, el Presidente continuó defendiendo sus elogios a Thatcher. Cada vez que fue consultado reiteró que admiraba su liderazgo político y económico, diferenciando esa valoración de la posición argentina sobre la soberanía de las islas.
Para la tribuna
Ya en 2026, en medio de nuevas discusiones internacionales sobre el Atlántico Sur, Milei endureció parcialmente el tono de sus declaraciones públicas. «Las Malvinas fueron, son y serán argentinas.»La frase fue interpretada como una respuesta a las críticas internas, aunque no estuvo acompañada por cambios en la estrategia diplomática que el Gobierno había desarrollado desde el inicio de la gestión.
A más de dos años y medio de haber llegado a la Casa Rosada, la política de Javier Milei sobre Malvinas quedó definida por una combinación que no registra antecedentes recientes en la historia democrática argentina: la ratificación formal del reclamo de soberanía convivió con la reivindicación pública de Margaret Thatcher, el reconocimiento del control británico sobre las islas, una interpretación distinta sobre el papel de los isleños y una política de acercamiento diplomático con Londres que modificó el tono de una de las cuestiones más sensibles de la política exterior argentina.
El miércoles se juega un partido de fútbol y es cierto: solo definirá un lugar en la final. Pero antes o después del mundial, hay una historia en juego. Y al parecer, a nuestro presidente le queda grande la camiseta. O mucho peor: abajo lleva otros colores.

