Por Miguel Croceri

Las personas individualmente, o los grupos humanos pequeños, o las sociedades más ampliamente consideradas, tienden/tendemos a naturalizar situaciones que se constituyen en nuestro contexto de socialización y de las cuales, muchas veces, son/somos parte. Sin embargo, lo que ocurre cada 24 de marzo en Argentina no tiene nada de “natural” o casual. Todo lo contrario.

Esa fecha, debido a una ley que impulsó en 2006 el entonces presidente Néstor Kirchner, es feriado nacional y se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La sanción de la norma tuvo lugar cuando se cumplían 30 años del golpe de Estado tras el cual se instauró la dictadura genocida que duraría hasta 1983.

Previo a la mencionda ley, ya en 2002 otra norma legislativa similar había instituido a la referida jornada como tal (como “Día de la Memoria… etc.”) pero solo restringido al sistema educativo, estableciendo que en ese ámbito debían realizarse clases especiales y otras tareas conmemorativas.

La ampliación, a partir de 2006, del significado jurídico, institucional y social de la fecha, ahora con carácter de “feriado nacional”, consolidó un proceso excepcionalísimo o quizás único a nivel mundial, donde existe una jornada específica y oficial todos los años para repudiar a un golpe de Estado, a sus perpetradores, y a todo el horror que significó aquella etapa.

El Día de la Memoria (para denominarlo abreviadamente) es una construcción histórica colectiva iniciada, sin saberlo, en total soledad y bajo el terror, por personas que buscaban a sus familiares desaparecidos y por otras/os dignas/os y valientes militantes, más unas pocas personalidades públicas. En tal contexto empezaron a realizarse actividades específicas los 24 de marzo como forma de singularizar y señalar aún más la lucha contra la dictadura en una jornada trágicamente simbólica.

Así, nacida de la más terrible tragedia política sufrida por el país en su historia contemporánea, pero resignificada como expresión de reservas éticas e ideológicas atesoradas por una porción muy grande de argentinos y argentinas, la fecha expresa el repudio de la Nación al gobierno de facto y terrorista del periodo 1976-1983 y a cualquier régimen dictatorial, y al mismo tiempo reivindica la lucha y los derechos populares contra toda forma de opresión y violencia del poder, al tiempo que reafirma el compromiso con los Derechos Humanos, la paz y los principios democráticos.

Los mismos intereses de hace 50 años

Las movilizaciones con motivo del Día de la Memoria no son solo manifestaciones callejeras y concentraciones de personas en espacios públicos, aun siendo ese un aspecto extraordinariamente significativo.

Además, aunque el porteñismo mediático lo oculte, las marchas se realizan no solo en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, sino en decenas -o quizás más de 100- ciudades grandes, medianas o chicas de todas las provincias del país. Es una categórica demostración ciudadana de carácter absolutamente federal.

Pero en realidad la conmemoración del 24 de marzo abarca, y de múltiples maneras “moviliza” políticamente a la Nación, a través de infinitas creaciones y producciones comunicativas -en esta época fundamentalmente en la comunicación digital, además de una parte de los medios tradicionales-, y de igual modo culturales, educativas, deportivas y de las más diversas formas de expresión de la sociedad civil, prácticamente en la totalidad del territorio nacional.

Esa gigantesca fuerza social y política, por supuesto no es unánime en la ciudadanía. Nada es unánime ni homogéneo en la complejidad, heterogeneidad y contradicciones de la vida de cualquier sociedad. No obstante, manifiesta una rotunda voluntad colectiva que puede resumirse (de manera simplificada) en la consigna “Nunca Más” a las dictaduras.

Y ello ejerce, a su vez, una potente presión cívica sobre las autoridades institucionales y las burocracias políticas tanto del país como de las provincias y los municipios, aun cuando la Nación se encuentre en la actualidad bajo el control de un gobierno que niega y/o justifica los crímenes del terrorismo de Estado.

Al cumplirse esta vez 50 años del golpe militar-cívico que dio comienzo a la dictadura genocida, el amplio y plural entramado de sectores que mantienen viva la lucha por Memoria, Verdad y Justicia, tienen en contra al régimen encabezado por Javier Milei, como ocurre desde diciembre de 2023.

Sucede que la ultraderecha gobernante representa hoy, en otro contexto del país y del mundo, al mismo bloque de poder histórico y a los mismos intereses que cinco décadas atrás asaltaron los poderes públicos a través de la violencia, y perpetraron un genocidio planificado con el fin de eliminar físicamente -mediante el asesinato de las personas y la desaparición/ocultamiento de sus cuerpos- a toda una generación de militantes populares.

El objetivo último era -fue- destruir toda forma de organización política de las clases sociales oprimidas y del conjunto del pueblo, como condición necesaria para implantar un tipo de sociedad basado en el libertinaje de las clases capitalistas, y al cual desde entonces se lo menciona habitualmente con el nombre de “modelo neoliberal”.

(“La destrucción del trabajo industrial y la deuda externa fueron los peores daños económico-sociales que provocó la dictadura genocida”, destacaba la presentación de una columna de opinión similar a esta que Vaconfirma publicó el mes pasado, con el título “El plan de hace 50 años pero ahora con votos”. Nota del 22/02/26). https://www.vaconfirma.com.ar/?articulos_seccion_719/id_16511/el-plan-de-hace-50-aos-pero-ahora-con-votos

EEUU e Israel, con la complicidad de Milei

En este 2026 la humanidad transcurre sus días bajo la renovada ofensiva militar imperialista que desató Estados Unidos por decisión de su presidente, Donald Trump. La estrategia de ataque, iniciada al año pasado con el despliegue de una flota de guerra en el mar Caribe y el océano Pacífico oriental, se consumó de manera explícita en el bombardeo contra Venezuela el 3 de enero, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.

Posteriormente, a partir del 28 de febrero, EEUU junto con Israel -este último bajo el mando del primer ministro Benjamin Netanyahu- comenzaron un bombardeo sobre la República Islámica de Irán. Esta vez el país agredido tomó represalias y se desató así una guerra internacional con epicentro en Asia Occidental y con potencialidad para expandirse a otras regiones y países, e incluso hacia otras zonas del mundo.

Argentina, por decisión exclusiva del Poder Ejecutivo, se involucró en el conflicto al pronunciarse en favor del bando agresor. Semejante complicidad del gobierno mileísta no produjo en principio mayores reacciones en las demás instituciones del Estado -no las hubo, patéticamente, en el Congreso-, ni tampoco en las principales dirigencias políticas democráticas y populares ni, menos aún, en la opinión pública y el conjunto de la sociedad.

Mientras la guerra se prolonga y se expande, Milei redoble casi diariamente su posicionamiento criminal. El martes 10 de este mes, al hablar en una universidad de Nueva York, calificó a Irán como “enemigo” y dijo que se consideraba a sí mismo como “el presidente más sionista del mundo”. (Crónica del diario La Nación, nota del 10/03/26).

(Acerca del término “sionista” y similares, muy comunes en sectores politizados pero de poco conocimiento en amplios grupos de la población argentina, como aproximación conceptual y referencia crítica puede leerse un breve texto del académio mexicano Israel Lazcarro Salgado, titulado “Qué es el sionismo” y publicado meses atrás en el blog “Revista Común”. Artículo del 21/10/2025).

Durante la semana pasada, el miércoles 18 Milei habló en Buenos Aires durante el acto realizado al cumplirse 34 años del ataque terrorista contra la embajada israelí en Argentina. Allí dijo: “Dejamos en claro en dónde nos paramos en este momento histórico en que Estados Unidos e Israel han decidido ponerle fin al régimen iraní”. (Sus expresiones, con altísima repercusión internacional, fueron recogidas por ejemplo en un reporte de la cadena pública informativa francesa “France-24”. Nota del 18/03/26).

Desde Irán hubo dos reacciones consecutivas en un par de días. Por un lado, el diario oficialista Teherán Times publicó el martes (17/03) un duro editorial contra el gobierno argentino, y afirmó que las autoridades de nuestro país habían cruzado “una línea roja” con su respaldo a la agresión estadounidense-israelí. “Milei, ¿qué estás haciendo?”, fue el título en forma de pregunta. (Análisis del periódico digital “Diario Red”, editado en España y en capitales latinoamericanas. Nota del 18/03/26).

Por otro lado y más importante aún, a mitad de semana se difundió en Buenos Aires por vías diplomáticas una declaración emitida desde Teherán por Zahara Ershadi, asesora del ministerio de Relaciones Exteriores y directora general para las Américas de la cancillería de su país.

La funcionaria iraní denunció que los dichos se Milei eran “insultantes, hostiles y anti-iraníes”. Agregó que “el apoyo descarado del presidente de Argentina a la agresión de EEUU y del régimen sionista contra la República Islámica de Irán constituye una violación de las obligaciones internacionales”.

Pero a su vez, en un involucramiento aún mayor del mileísmo -y, en consecuencia, de nuestro país- en la contienda bélica, el canciller Pablo Quirno llegó a decir en una entrevista televisiva que el gobierno “no descarta” el envío de buques de guerra a la zona de combate “en caso de que se necesite”.

(La escalada iniciada por Milei y respondida desde Irán fue comentada en el portal Perfil por la periodista Cecilia Degl’ Innocenti, quien es politóloga y licenciada en Relaciones Internacionales. Nota del 19/03/26).

“El pueblo argentino no está en guerra con Irán”

La posibilidad de que Argentina entre en una guerra por decisión de Milei y sus secuaces, ya está a la vista de toda persona que quiera observar responsablemente en qué país vive y por quién está gobernado.

Apenas en los días recientes hubo algunas personalidades con responsabilidad política y/o influencia en la opinión pública que se manifestaron contra semejante tragedia potencial. Sin embargo esas mínimas reacciones son insignificantes frente a la locura.

Nuestro país necesita construir de forma urgente una conciencia social generalizada, que a su vez pueda convertirse en una expresión política contundente, para defender la propia vida de cada persona y la paz de todas las familias, y reafirmar la decisión histórica de la Nación para convivir pacíficamente con todos los pueblos del mundo.

Hace falta ya mismo un “No a la guerra” sostenido desde las bases de la sociedad, que sea capaz de influir en los poderes públicos y asimismo en las dirigencias, al menos en aquellas que se oponen al régimen de ultraderecha y aspiran a representar los intereses populares.

Hace falta una voluntad colectiva similar, aunque sea embrionariamente, al “Nunca más” a las dictaduras que se reafirma en el país cada 24 de marzo.

Días atrás una figura de la música dio un ejemplo: se trata del cantante y compositor de tango Guillermo Fernández, quien elaboró una carta abierta que él mismo leyó en forma oral y difundió en sus redes digitales, dirigida al máximo líder religioso e institucional de Irán, ayatola (o “ayatolá”, o “ayatollah”, según distintas formas de transcribir en castellano el idioma farsi) Mojtaba Jamenei. (Nombrado en el cargo después de que las potencias atacantes asesinaran, entre otros, a su padre, Alí Jamenei).

El artista dijo que le hablaba al líder iraní“como ciudadano común, trabajador de la cultura argentina, (…) para trasmitirle un mensaje que nace de lo más profundo de nuestra identidad nacional”.

“La mayoría del pueblo argentino no está en guerra con Irán. Esto va más allá de diferencias ideológicas. Muchos de nosotros podemos estar en desacuerdo con muchas actitudes de su régimen”, dijo dirigiéndose al ayatola, “pero no somos quién para tener injerencia en la política interna de su nación, y mucho menos juzgar su religión. (…) Quiero aclarar que no apoyamos actos terroristas, pero definitivamente respetamos la soberanía de los pueblos”.

“Nuestro actual presidente tiene una obsesión personal y económica con los líderes de Estados Unidos y de Israel. Sin embargo, esa vision no representa el sentir de nuestro pueblo. Los argentinos no apoyamos invasiones a países soberanos, (ya fueren) motivadas por ideologías, o por ambición de (apropiarse) de riquezas naturales, ni mucho menos por diferencias religiosas”, manifestó el músico entre otros conceptos. (Se puede ver/escuchar al propio Guillermo Fernández en un video de 2 minutos y medio publicado en su cuenta de Facebook. Narración de la carta pública del 12/03/26).

Son solo las ideas y palabras de un artista. Pero eventualmente podrían expresar lo que piensan y sienten otras personas -quizás miles y miles-, o formar parte de cualquier tipo de pronunciamiento ciudadano contra la guerra.

La lucha por Memoria, Verdad y Justicia luego de sufrir una dictadura genocida, es un ejemplo gigantesco de fuerza política colectiva. Se construyó históricamente a lo largo de décadas.

Ahora, para evitar un futuro atroz no hay más tiempo. Urge una reacción inmediata de la sociedad civil argentina y de sus representaciones políticas y de cualquier tipo, frente al peligro que genera un gobernante desquiciado, extremista y violento, sometido por decisión propia a los intereses de EEUU e Israel.

 (Bajada): El Día de la Memoria es una construcción histórica iniciada por quienes resistieron al régimen genocida. El gobierno actual representa los mismos intereses del golpe de 1976. Ahora que Milei apoya la agresión de EEUU e Israel contra Irán, es urgente forjar una voluntad colectiva para luchar por la paz.

Por Miguel Croceri

Las personas individualmente, o los grupos humanos pequeños, o las sociedades más ampliamente consideradas, tienden/tendemos a naturalizar situaciones que se constituyen en nuestro contexto de socialización y de las cuales, muchas veces, son/somos parte. Sin embargo, lo que ocurre cada 24 de marzo en Argentina no tiene nada de “natural” o casual. Todo lo contrario.

Esa fecha, debido a una ley que impulsó en 2006 el entonces presidente Néstor Kirchner, es feriado nacional y se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La sanción de la norma tuvo lugar cuando se cumplían 30 años del golpe de Estado tras el cual se instauró la dictadura genocida que duraría hasta 1983.

Previo a la mencionda ley, ya en 2002 otra norma legislativa similar había instituido a la referida jornada como tal (como “Día de la Memoria… etc.”) pero solo restringido al sistema educativo, estableciendo que en ese ámbito debían realizarse clases especiales y otras tareas conmemorativas.

La ampliación, a partir de 2006, del significado jurídico, institucional y social de la fecha, ahora con carácter de “feriado nacional”, consolidó un proceso excepcionalísimo o quizás único a nivel mundial, donde existe una jornada específica y oficial todos los años para repudiar a un golpe de Estado, a sus perpetradores, y a todo el horror que significó aquella etapa.

El Día de la Memoria (para denominarlo abreviadamente) es una construcción histórica colectiva iniciada, sin saberlo, en total soledad y bajo el terror, por personas que buscaban a sus familiares desaparecidos y por otras/os dignas/os y valientes militantes, más unas pocas personalidades públicas. En tal contexto empezaron a realizarse actividades específicas los 24 de marzo como forma de singularizar y señalar aún más la lucha contra la dictadura en una jornada trágicamente simbólica.

Así, nacida de la más terrible tragedia política sufrida por el país en su historia contemporánea, pero resignificada como expresión de reservas éticas e ideológicas atesoradas por una porción muy grande de argentinos y argentinas, la fecha expresa el repudio de la Nación al gobierno de facto y terrorista del periodo 1976-1983 y a cualquier régimen dictatorial, y al mismo tiempo reivindica la lucha y los derechos populares contra toda forma de opresión y violencia del poder, al tiempo que reafirma el compromiso con los Derechos Humanos, la paz y los principios democráticos.

Los mismos intereses de hace 50 años

Las movilizaciones con motivo del Día de la Memoria no son solo manifestaciones callejeras y concentraciones de personas en espacios públicos, aun siendo ese un aspecto extraordinariamente significativo.

Además, aunque el porteñismo mediático lo oculte, las marchas se realizan no solo en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, sino en decenas -o quizás más de 100- ciudades grandes, medianas o chicas de todas las provincias del país. Es una categórica demostración ciudadana de carácter absolutamente federal.

Pero en realidad la conmemoración del 24 de marzo abarca, y de múltiples maneras “moviliza” políticamente a la Nación, a través de infinitas creaciones y producciones comunicativas -en esta época fundamentalmente en la comunicación digital, además de una parte de los medios tradicionales-, y de igual modo culturales, educativas, deportivas y de las más diversas formas de expresión de la sociedad civil, prácticamente en la totalidad del territorio nacional.

Esa gigantesca fuerza social y política, por supuesto no es unánime en la ciudadanía. Nada es unánime ni homogéneo en la complejidad, heterogeneidad y contradicciones de la vida de cualquier sociedad. No obstante, manifiesta una rotunda voluntad colectiva que puede resumirse (de manera simplificada) en la consigna “Nunca Más” a las dictaduras.

Y ello ejerce, a su vez, una potente presión cívica sobre las autoridades institucionales y las burocracias políticas tanto del país como de las provincias y los municipios, aun cuando la Nación se encuentre en la actualidad bajo el control de un gobierno que niega y/o justifica los crímenes del terrorismo de Estado.

Al cumplirse esta vez 50 años del golpe militar-cívico que dio comienzo a la dictadura genocida, el amplio y plural entramado de sectores que mantienen viva la lucha por Memoria, Verdad y Justicia, tienen en contra al régimen encabezado por Javier Milei, como ocurre desde diciembre de 2023.

Sucede que la ultraderecha gobernante representa hoy, en otro contexto del país y del mundo, al mismo bloque de poder histórico y a los mismos intereses que cinco décadas atrás asaltaron los poderes públicos a través de la violencia, y perpetraron un genocidio planificado con el fin de eliminar físicamente -mediante el asesinato de las personas y la desaparición/ocultamiento de sus cuerpos- a toda una generación de militantes populares.

El objetivo último era -fue- destruir toda forma de organización política de las clases sociales oprimidas y del conjunto del pueblo, como condición necesaria para implantar un tipo de sociedad basado en el libertinaje de las clases capitalistas, y al cual desde entonces se lo menciona habitualmente con el nombre de “modelo neoliberal”.

(“La destrucción del trabajo industrial y la deuda externa fueron los peores daños económico-sociales que provocó la dictadura genocida”, destacaba la presentación de una columna de opinión similar a esta que Vaconfirma publicó el mes pasado, con el título “El plan de hace 50 años pero ahora con votos”. Nota del 22/02/26). https://www.vaconfirma.com.ar/?articulos_seccion_719/id_16511/el-plan-de-hace-50-aos-pero-ahora-con-votos

EEUU e Israel, con la complicidad de Milei

En este 2026 la humanidad transcurre sus días bajo la renovada ofensiva militar imperialista que desató Estados Unidos por decisión de su presidente, Donald Trump. La estrategia de ataque, iniciada al año pasado con el despliegue de una flota de guerra en el mar Caribe y el océano Pacífico oriental, se consumó de manera explícita en el bombardeo contra Venezuela el 3 de enero, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.

Posteriormente, a partir del 28 de febrero, EEUU junto con Israel -este último bajo el mando del primer ministro Benjamin Netanyahu- comenzaron un bombardeo sobre la República Islámica de Irán. Esta vez el país agredido tomó represalias y se desató así una guerra internacional con epicentro en Asia Occidental y con potencialidad para expandirse a otras regiones y países, e incluso hacia otras zonas del mundo.

Argentina, por decisión exclusiva del Poder Ejecutivo, se involucró en el conflicto al pronunciarse en favor del bando agresor. Semejante complicidad del gobierno mileísta no produjo en principio mayores reacciones en las demás instituciones del Estado -no las hubo, patéticamente, en el Congreso-, ni tampoco en las principales dirigencias políticas democráticas y populares ni, menos aún, en la opinión pública y el conjunto de la sociedad.

Mientras la guerra se prolonga y se expande, Milei redoble casi diariamente su posicionamiento criminal. El martes 10 de este mes, al hablar en una universidad de Nueva York, calificó a Irán como “enemigo” y dijo que se consideraba a sí mismo como “el presidente más sionista del mundo”. (Crónica del diario La Nación, nota del 10/03/26).

(Acerca del término “sionista” y similares, muy comunes en sectores politizados pero de poco conocimiento en amplios grupos de la población argentina, como aproximación conceptual y referencia crítica puede leerse un breve texto del académio mexicano Israel Lazcarro Salgado, titulado “Qué es el sionismo” y publicado meses atrás en el blog “Revista Común”. Artículo del 21/10/2025).

Durante la semana pasada, el miércoles 18 Milei habló en Buenos Aires durante el acto realizado al cumplirse 34 años del ataque terrorista contra la embajada israelí en Argentina. Allí dijo: “Dejamos en claro en dónde nos paramos en este momento histórico en que Estados Unidos e Israel han decidido ponerle fin al régimen iraní”. (Sus expresiones, con altísima repercusión internacional, fueron recogidas por ejemplo en un reporte de la cadena pública informativa francesa “France-24”. Nota del 18/03/26).

Desde Irán hubo dos reacciones consecutivas en un par de días. Por un lado, el diario oficialista Teherán Times publicó el martes (17/03) un duro editorial contra el gobierno argentino, y afirmó que las autoridades de nuestro país habían cruzado “una línea roja” con su respaldo a la agresión estadounidense-israelí. “Milei, ¿qué estás haciendo?”, fue el título en forma de pregunta. (Análisis del periódico digital “Diario Red”, editado en España y en capitales latinoamericanas. Nota del 18/03/26).

Por otro lado y más importante aún, a mitad de semana se difundió en Buenos Aires por vías diplomáticas una declaración emitida desde Teherán por Zahara Ershadi, asesora del ministerio de Relaciones Exteriores y directora general para las Américas de la cancillería de su país.

La funcionaria iraní denunció que los dichos se Milei eran “insultantes, hostiles y anti-iraníes”. Agregó que “el apoyo descarado del presidente de Argentina a la agresión de EEUU y del régimen sionista contra la República Islámica de Irán constituye una violación de las obligaciones internacionales”.

Pero a su vez, en un involucramiento aún mayor del mileísmo -y, en consecuencia, de nuestro país- en la contienda bélica, el canciller Pablo Quirno llegó a decir en una entrevista televisiva que el gobierno “no descarta” el envío de buques de guerra a la zona de combate “en caso de que se necesite”.

(La escalada iniciada por Milei y respondida desde Irán fue comentada en el portal Perfil por la periodista Cecilia Degl’ Innocenti, quien es politóloga y licenciada en Relaciones Internacionales. Nota del 19/03/26).

“El pueblo argentino no está en guerra con Irán”

La posibilidad de que Argentina entre en una guerra por decisión de Milei y sus secuaces, ya está a la vista de toda persona que quiera observar responsablemente en qué país vive y por quién está gobernado.

Apenas en los días recientes hubo algunas personalidades con responsabilidad política y/o influencia en la opinión pública que se manifestaron contra semejante tragedia potencial. Sin embargo esas mínimas reacciones son insignificantes frente a la locura.

Nuestro país necesita construir de forma urgente una conciencia social generalizada, que a su vez pueda convertirse en una expresión política contundente, para defender la propia vida de cada persona y la paz de todas las familias, y reafirmar la decisión histórica de la Nación para convivir pacíficamente con todos los pueblos del mundo.

Hace falta ya mismo un “No a la guerra” sostenido desde las bases de la sociedad, que sea capaz de influir en los poderes públicos y asimismo en las dirigencias, al menos en aquellas que se oponen al régimen de ultraderecha y aspiran a representar los intereses populares.

Hace falta una voluntad colectiva similar, aunque sea embrionariamente, al “Nunca más” a las dictaduras que se reafirma en el país cada 24 de marzo.

Días atrás una figura de la música dio un ejemplo: se trata del cantante y compositor de tango Guillermo Fernández, quien elaboró una carta abierta que él mismo leyó en forma oral y difundió en sus redes digitales, dirigida al máximo líder religioso e institucional de Irán, ayatola (o “ayatolá”, o “ayatollah”, según distintas formas de transcribir en castellano el idioma farsi) Mojtaba Jamenei. (Nombrado en el cargo después de que las potencias atacantes asesinaran, entre otros, a su padre, Alí Jamenei).

El artista dijo que le hablaba al líder iraní“como ciudadano común, trabajador de la cultura argentina, (…) para trasmitirle un mensaje que nace de lo más profundo de nuestra identidad nacional”.

“La mayoría del pueblo argentino no está en guerra con Irán. Esto va más allá de diferencias ideológicas. Muchos de nosotros podemos estar en desacuerdo con muchas actitudes de su régimen”, dijo dirigiéndose al ayatola, “pero no somos quién para tener injerencia en la política interna de su nación, y mucho menos juzgar su religión. (…) Quiero aclarar que no apoyamos actos terroristas, pero definitivamente respetamos la soberanía de los pueblos”.

“Nuestro actual presidente tiene una obsesión personal y económica con los líderes de Estados Unidos y de Israel. Sin embargo, esa vision no representa el sentir de nuestro pueblo. Los argentinos no apoyamos invasiones a países soberanos, (ya fueren) motivadas por ideologías, o por ambición de (apropiarse) de riquezas naturales, ni mucho menos por diferencias religiosas”, manifestó el músico entre otros conceptos. (Se puede ver/escuchar al propio Guillermo Fernández en un video de 2 minutos y medio publicado en su cuenta de Facebook. Narración de la carta pública del 12/03/26).

Son solo las ideas y palabras de un artista. Pero eventualmente podrían expresar lo que piensan y sienten otras personas -quizás miles y miles-, o formar parte de cualquier tipo de pronunciamiento ciudadano contra la guerra.

La lucha por Memoria, Verdad y Justicia luego de sufrir una dictadura genocida, es un ejemplo gigantesco de fuerza política colectiva. Se construyó históricamente a lo largo de décadas.

Ahora, para evitar un futuro atroz no hay más tiempo. Urge una reacción inmediata de la sociedad civil argentina y de sus representaciones políticas y de cualquier tipo, frente al peligro que genera un gobernante desquiciado, extremista y violento, sometido por decisión propia a los intereses de EEUU e Israel.

(*) Publicado en www.vaconfirma.com.ar