En un escenario nacional marcado por recortes, desregulaciones y la desfinanciación del cine argentino, la provincia de Buenos Aires aprobó por unanimidad su Ley de Promoción y Desarrollo de la Industria Audiovisual. El contraste es nítido: mientras el gobierno de Javier Milei desarma organismos, elimina fondos específicos y deriva recursos hacia la bicicleta financiera, la Provincia consolida una herramienta de fomento que incluye un fondo estable, un consejo de producción y un registro único del sector.

“Fue un golazo, en un año durísimo. Una ley aprobada por unanimidad, con todo el peronismo unido en defensa del trabajo y la cultura”, celebró Florencia Saintout, presidenta del Instituto Cultural, en diálogo con Roberto Caballero en su programa de  AM 530. La funcionaria destacó el carácter abarcativo de la norma: “No es solo para el cine. Es para series, documentales, videojuegos, festivales, polos comunitarios. Es soberanía, identidad y trabajo”.

Saintout remarcó que la iniciativa se trabajó durante dos años en articulación con universidades, sindicatos, asociaciones, colectivos comunitarios y representantes de las diversas ramas del audiovisual. “Cuanto más participamos, las cosas salen mejor. Esta ley salió mejor de lo que estaba al comienzo porque no resignamos el consenso hacia abajo”, explicó.

La norma designa al Instituto Cultural como autoridad de aplicación y lo obliga a elaborar un Plan Estratégico Anual, un Plan de Fomento a la Producción Audiovisual y programas de incentivos para inversiones nacionales y extranjeras. El fondo creado tendrá asignación inicial y actualización anual en el Presupuesto. También se conformará un Consejo Provincial de Producción Audiovisual con representantes del Estado, sindicatos, universidades y asociaciones; y un Registro Único que ordenará la actividad en la Provincia.

El contraste con Nación: recortes, ideologización y timba financiera

Durante la entrevista, la comparación con la política nacional apareció de manera inevitable. Los conductores recordaron los recortes sobre el INCAA y la compra de bonos con fondos que por ley deberían destinarse a producción. Saintout no esquivó el punto: “¿Cómo nos va a sorprender que timbeen con la plata del cine, si están timbeando con la plata de los argentinos?”.

La ministra fue especialmente crítica con el discurso que acusa al cine argentino de financiar “militancia”. “Eso no solo es ignorancia. Es un proyecto de destrucción del pueblo argentino. El sector audiovisual es amplísimo: directores, actores, técnicos, estudiantes, desarrolladores de videojuegos. Es ridículo pensar que comparten una identidad política común”.

Recordó, además, que incluso instituciones fundadas más de un siglo atrás —como la Biblioteca Nacional o el organismo precursor de la ABIP, creado por Sarmiento— están siendo desmanteladas: “La destrucción de organismos de cultura es la otra cara del FMI en la Argentina”.

Para Saintout, la ley bonaerense cumple una doble función: permitir una resistencia activa en un contexto de desfinanciamiento nacional e imaginar un horizonte más amplio cuando el país retome políticas de desarrollo cultural. “Una provincia no reemplaza a una Nación. Esta ley no va a resolver lo que están desarmando arriba, pero sí va a permitir sostener trabajo y abrir condiciones para otro futuro”.

La dimensión laboral fue un eje central. “El audiovisual es una cadena larguísima de trabajo”, subrayó. “Desde el actor hasta la persona que cocina para un rodaje, pasando por sonidistas, iluminadores, montajistas o quienes forman parte de los festivales locales. Filmar es trabajo real, cotidiano y comunitario”.

Un cierre que también es un mensaje político

Sobre el final, los anfitriones destacaron el sentido del logro: una política cultural que avanza mientras el país atraviesa un proceso de ajuste y desmantelamiento. Saintout coincidió: “Que podamos afirmar que la cultura no es un gasto, sino una inversión que genera valor e identidad, es fundamental en este momento”.

En tiempos donde se busca imponer un modelo que reduce el Estado a su mínima expresión y convierte la cultura en un lujo prescindible, la Provincia envía una señal en dirección contraria: fortalecer la producción local, sostener el trabajo y defender la identidad como un bien común.

“La identidad cultural de un pueblo es la que hace que seamos de un modo y no de otro”, cerraron desde la mesa. “Cuando atacan esa identidad, buscan que dejemos de reconocernos. La ley bonaerense va directo al corazón de esa disputa”.