Robledo: «Es el momento de un cambio radical y democrático en Colombia»

El pasado 13 de marzo se realizaron elecciones legislativas en Colombia y, junto a ellas, tres de los espacios políticos (Pacto Histórico, Coalición Centro Esperanza y Equipo por Colombia) llevaron adelante elecciones internas para definir sus candidatos a presidente.

En ese marco, Pacto Histórico, liderado por Gustavo Petro, logró obtener la mayoría de los votos y se posicionó como el favorito de cara a las elecciones presidenciales que se realizarán el 29 de mayo.

El frente de izquierda conducido por Petro obtuvo dieciséis escaños en el Senado y veinticinco en la Cámara de Representantes.

Para analizar la trascendencia de este proceso electoral y los desafíos que tendrá Pacto Histórico para consolidar y aumentar su caudal de votos, Contexto dialogó con Ángela María Robledo, académica, excongresista y ex candidata a vicepresidenta por Colombia Humana (2018). Robledo es una destacada figura de la política colombiana.

¿Qué lectura hace del proceso electoral que vivió Colombia el domingo pasado?

Leo con esperanza lo ocurrido el pasado 13 de marzo, porque las fuerzas progresistas de Colombia obtuvieron la votación más alta, cerca del 48 % en la consulta de la coalición del Pacto Histórico y, al mismo tiempo, un avance significativo en la renovación del Congreso de la República.

Colombia ha sido un país gobernado por élites con relaciones muy cercanas al paramilitarismo y a las mafias. Élites que se han beneficiado de reformas tributarias que las han llenado de exenciones y han puesto el mayor peso de la tributación en las clases medias y en los pueblos más pobres, porque tenemos un impuesto regresivo del IVA muy alto que castiga de manera significativa a las clases empobrecidas en Colombia, que es un país que tiene hoy cerca de 21 millones de personas entre pobres y miserables y a la vez una concentración de la riqueza inadmisible.

Por eso veo con expectativa y esperanza lo ocurrido este 13 de marzo. La travesía apenas comienza, pero los resultados son esperanzadores. El Pacto Histórico, además de la votación tan alta, dio una señal para este país de invitar y convocar a un número muy significativo de mujeres en sus listas al Senado y a la Cámara de Representantes. El reto que tiene ahora es feminizar mucho más su tarea, su propuesta, y darle un mensaje a Colombia que vaya más allá del petrimso, un mensaje que haga que el Pacto Histórico se convierta en un movimiento y en una coalición de fuerzas progresistas que le ofrezcan a este país tan roto por la guerra una posibilidad de articulación y de reconciliación.

¿El resultado ilusiona para las presidenciales?

Claro que es un resultado que ilusiona. La votación de Gustavo Petro es de casi 5 millones de votos. Esa es una votación muy alta para esto que puede convertirse en una primera vuelta. Hay una votación muy interesante por lo simbólica, por lo inesperada, pero también por lo que significan para este país los votos que acompañaron a Francia Márquez, que quedó tercera entre todos los candidatos de la coalición del Pacto Histórico, por encima de exalcaldes y de políticos curtidos.

Francia Márquez es una mujer que encarna a las víctimas de todas las formas de violencia en este país: ha sido desplazada, ha recibido atentados, nació y vivió en un hogar muy pobre, pero ha resistido y se ha educado, y logró hacer una campaña que además de simbólica fue muy imaginativa en clave colectiva, que es lo que necesita tanto este país.

Por ese lado hay gran ilusión, y, al mismo tiempo, como feminista y como mujer que acompañó a Gustavo Petro en las elecciones de 2018, creo que uno de los retos que tiene esta nueva travesía para las elecciones de mayo es que se logre dar un mensaje mucho más contundente a las mujeres feministas de este país, que creo que todavía pueden sumarse de manera más explícita al Pacto Histórico, y también generar un mensaje que convoque a los jóvenes, porque la abstención fue muy alta y necesitamos una votación copiosa.

¿Cómo será la construcción de alianzas políticas hasta las presidenciales?

Las alianzas son con estos sectores que nombraba y que no fueron a votar el 13 de marzo. Es cierto que era una votación compleja, porque había que pedir el tarjetón de la colación y allí hubo muchísimos problemas, omisiones intencionales, hay denuncias sobre un posible fraude electoral en un número muy significativo de mesas. Son 112.000 mesas y se dice que en aproximadamente 24.000 pudo haber fraude. Pero, repito, las alianzas son con esas personas que no salieron a votar, que todavía no están convencidas de lo que significa la renovación y el cambio que ofrece el Pacto Histórico. Por mi parte, insisto en que hay que buscar a la Coalición por la Esperanza, que le fue muy mal, tuvo unos resultados verdaderamente desalentadores, pero es un espacio que se necesita. Se necesita de la izquierda y de la centroizquierda para poder enfrentar al proyecto uribista, porque eso es Federico Gutiérrez, un candidato que es más de lo mismo.

Además, creo que hay una tarea importante, compleja y que recibe muchas críticas, que es la necesidad de acercar de manera más contundente a las fuerzas liberales de Colombia. El partido Liberal se ha acercado cada vez más a la derecha, pero en sus orígenes era un espacio que enarboló las expectativas, las metas y las propuestas para los millones de colombianos y colombianas que han vivido en la pobreza. Ese es un reto enorme que tiene Gustavo Petro y su equipo de trabajo.

Creo que la alianza con la ciudadanía podría lograrse si Gustavo va perfilando de manera pronta las personas que lo acompañarían en su gabinete. Todavía subsisten temores similares a los que se generaron en Chile, donde el actual presidente, Gabriel Boric, obró con enorme sensatez, calmó temores, se acercó con sus mensajes a la clase empresarial de Chile y trabajó mucho más cerca con las mujeres y con los jóvenes.

Las fuerzas uribistas mantienen un discurso retrógrado, extemporáneo, hablan de la lucha contra el comunismo y contra el populismo. Ese discurso ha sido efectivo en otros países, por ejemplo, en Brasil con Bolsonaro o en España con Vox. ¿Puede ser efectivo electoralmente en Colombia? ¿Cómo se lo enfrenta?

El discurso sobre el «castrochavismo» o que «Colombia podría volverse un país prorruso» produce un poco de risa. Creo que esta vez no ha calado fuerte, como sí lo hizo en 2018, cuando se perdieron las elecciones. En aquella ocasión, además del fraude electoral que hubo, ese discurso sí había impactado en algunos sectores de la sociedad.

Sin embargo, el miedo, que ha sido una herramienta con la cual las derechas han llegado a muchos lugares del mundo, incluida América Latina, sigue siendo una herramienta muy efectiva. Ese discurso se potencia más con el ambiente de incertidumbre que quedó después de la pandemia, que también profundizó el empobrecimiento. Por eso siguen diciendo que Gustavo Petro es «un guerrillero», «un expropiador», «un hombre que va a acabar con la empresa colombiana», lo que es absolutamente falso, pero los grandes medios logran que esos mensajes tengan resonancia. Pero, como está ocurriendo en el mundo entero, en Colombia existen una gran cantidad de medios alternativos que son consultados de manera especial por las personas más jóvenes, medios alternativos que, creo, pueden ayudar a enfrentar las falsas noticias.

Siempre estará allí el miedo como herramienta, como emoción efectiva para ese discurso. Esperemos que, con mucha pedagogía y con un Gustavo muy sereno, como lo he visto en las últimas semanas, puede hacerse realidad que Gustavo Petro sea el presidente de Colombia.

¿Qué mensaje le envía usted a los colombianos y las colombianas en medio de una campaña que parece enturbiarse cada día más con las calumnias y la difamación?

Para los colombianos y las colombianas que hemos vivido en un país roto por la guerra, por el empobrecimiento, un país donde la pandemia mostró de manera más clara lo que había significado el Consenso de Washington, que es literalmente el mandamiento del neoliberalismo, es decir, un país que ha vivido tantas vicisitudes, mi mensaje es que es el momento de un cambio radical y democrático en Colombia.

Ya no estoy en la campaña de Gustavo Petro, pero, como hace cuatro años, lo he escuchado sostener que su propuesta de gobierno es cumplir la Constitución del 91. Esa Constitución fue el contrato social que pactó Colombia para ser un Estado de derecho y un Estado social, un Estado protector en el que los derechos sean derechos, dejen de ser mercancías, con una profunda reforma del campo colombiano, con la protección de la paz, con una tarea productiva en el marco de proteger la naturaleza, proteger nuestros recursos naturales que son biodiversos, que son enormes, y buscar, como se está haciendo en otros lugares del mundo y de América Latina, las formas de fortalecer los recursos del Estado, que es el que tiene la verdadera capacidad de redistribuir.

Hay que salir a votar con ilusión, copiosamente y por un cambio radical y democrático para Colombia.


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