Por Miguel Croceri (*)
En estas primeras semanas del segundo cuarto del siglo XXI, Estados Unidos está en pleno despliegue de la fase imperialista de terror mundial dispuesta por Donald Trump.
El plan consiste en aterrorizar y someter a distintos países, y el mismo tiempo expandir la extorsión hacia otras naciones y a cualquier sociedad del planeta, mediante el uso del poderío militar estadounidense y/o la probabilidad de usarlo. Se podría decir, simplificadamente, mediante las bombas o la amenaza de bombardeos.
La estrategia se hizo evidente a partir del 3 de enero reciente, cuando se ejecutó el ataque contra Venezuela y fueron secuestrado/da el presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores.
Pero el hostigamiento, a la vista de todo el mundo, empezó en agosto pasado con el envío de una flota de guerra al mar Caribe y al océano Pacífico oriental; siguió a partir de septiembre con el bombardeo de lanchas en aguas internacionales de la zona y el asesinato de sus tripulantes; y posteriormente el asalto a buques petroleros venezolanos.
Antes de que terminara el año, EEUU ya había cometido crímenes mortales contra al menos 120 víctimas. Trump había asumido en enero y se convirtió en el sostén indispensable para el régimen que encabeza Javier Milei en Argentina. Además, en el mismo periodo anual, candidatos pro-norteamericanos ganaron las cuatro elecciones presidenciales que hubo en América Latina.
Así, puede considerarse que 2025 fue el año de las ultraderechas y del inicio de la guerra en territorio latinoamericano. (Tema comentado en un artículo que publicó Contexto a fines de diciembre. Nota del 29/12/2025). Nadie sabía que apenas comenzado 2026 sería perpetrado el ataque contra Caracas y ciudades vecinas: esa vez fueron asesinadas otras 100 personas como mínimo, según informaron los gobiernos de Venezuela y Cuba. (Reseña de DW-Deustche Welle, la cadena pública informativa de Alemania. Nota del 08/01/26).
La agresión estadounidense no consiguió derrotar completamente a la Revolución Bolivariana que lideró Hugo Chávez desde 1999 y hasta su muerte en 2013. Trump tuvo que aceptar -sin decirlo- que el chavismo mantiene una apreciable fortaleza política, y que no pudo quebrar al alto mando de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
Expertos de los propios servicios secretos de EEUU, de cuyos informes hubo trascendidos en los medios periodísticos más importantes del mundo, le aconsejaron a Trump que aceptara la continuidad del gobierno venezolano en funciones, ante el riesgo de que la jefa extremista María Corina Machado -instigadora de la invasión extranjera contra su propio país-, no pudiera controlar al ejército. (Ver más información en el diario El País, de España. Nota del 06/01/26).
De todos modos, la autoridad interina de Venezuela que encabeza la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, gobierna bajo extorsión. Su prioridad absoluta es evitar nuevos bombardeos que provocarían masacres generalizadas de la población. La continuidad de la agresión militar y un eventual despliegue terrestre del invasor, podría dar lugar a una guerra prolongada y a un genocidio contra el pueblo venezolano.
Vivir bajo amenaza
Otros dos países que afrontan similares dilemas son Cuba y Colombia, los cuales viven bajo las amenazas trumpistas. Hasta el momento no han sido atacados por la maquinaria bélica de EEUU, pero sus gobernantes están obligados a actuar con la máxima templanza, prudencia, racionalidad, sensatez. Ante el peligro del terrorismo imperial, deben hacer equilibrio entre la protección de la vida y la paz para sus pueblos y, al mismo tiempo, la defensa del decoro patriótico y los intereses nacionales.
La Nación cubana, que sufre desde hace más de 65 años un bloqueo económico, financiero y comercial norteamericano, hoy enfrenta además el plan de asfixia absoluta para su abastecimiento energético, y el consiguiente riesgo de colpaso en la subsistencia cotidiana.
Semanas después de bombardear Venezuela, al finalizar enero Trump prohibió que ese país le venda petróleo a Cuba, y anunció sanciones económicas para otros Estados que lo hagan. También habilitó la posibilidad de un ataque bélico a la isla, situada en el mar Caribe y que en 1959 dio comienzo a la Revolución liderada por Fidel Castro. (Crónica del diario Página 12, nota del 30/01/26).
(El canal Telesur, en su programa “Impacto económico”, ofrece en línea un reporte audiovisual de 8 minutos referido a las consecuencias del sabotaje norteamericano iniciado seis décadas y media atrás contra el país caribeño. El trabajo periodístico se titula “Bloqueo de EEUU: una política genocida”. Ver informe de Telesur).
Miguel Díaz-Canel, el presidente de Cuba, reafirmó este viernes (05/02) que “la opción de la rendición, no es una opción” para su Patria. También remarcó que “siempre ha existido una posición histórica” del proceso revolucionario, que “la definió y defendió” Fidel y luego “la continuó” el general Raúl Castro, y que “es inalterable e invariable en los momentos actuales: Cuba está dispuesta a un diálogo con Estados Unidos sobre cualquiera de los temas que se queiran debatir o dialogar”. El jefe de Estado se preguntó “¿con qué condiciones?”, y de inmediato afirmó que debe ser “sin presiones, (porque) bajo presiones no se puede dialogar”.
(El mandatario analizó largamente y respondió preguntas sobre la situación actual del país y las relaciones con EEUU, durante una extensa conferencia de prensa cuya desgrabación completa puede leerse en el portal CubaDebate. Transcipción publicada el 06/02/26).
A su vez el presidente colombiano, Gustavo Petro, también tuvo la valentía y la sapiencia necesarias como para promover un diálogo personal directo con el máximo jerarca norteamericano. Se apoyó en el trabajo riguroso del personal diplomático de su país, y viajó a Washington para reunirse el pasado martes (04/02) con el mismísimo Trump. (La cadena informativa estadounidense CNN consideró que ese encuentro significó para Petro “una victoria geopolítica”. Nota del 04/02/26).
Tres naciones de América Latina
Desde México, país que comparte con EEUU una frontera de casi 3.200 kilómetros, la presidenta Claudia Sheinbaum lidera el posicionamiento pacifista y soberanista de esa Nación frente a la violencia y las amenazas imperiales.
En uno de sus pronunciamientos recientes, dijo que “México no regresará a ser colonia ni protectorado de nadie”, y que tampoco “entregará nunca sus recursos naturales”. Agregó que “por ello, fiel a nuestra historia, decimos con fuerza: ¡México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde, no se vende!”. (Reseña del diario mexicano Jornada, nota del 06/02/26).
Brasil, el país más extenso de América Latina, también el de superior volumen económico y que cuenta asimismo con la mayor cantidad de habitanes en el subcontinente, se constituye hoy en otro de los pilares en la lucha por la paz y los intereses nacionales y regionales, debido al liderazgo del presidente Lula Da Silva.
El mandatario brasileño tiene previsto viajar dentro de un mes a Washington para reunirse con Trump. Dijo que el propósito será “discutir” por ejemplo sobre posibles asociaciones entre ambos países “para la explotación minera” en general y “de minerales críticos y tierras raras” en particular, y de modo amplio “discutir inversiones, el aumento de exportaciones” y asuntos similares.
“No hay ningún tema prohibido para discutir”, resumió Lula en una entrevista periodística, antes de aclarar enfáticamente: “La única cosa que yo no discuto es la soberanía de mi país. Esa es sagrada”. (Crónica de la edición en español de la agencia china de noticias “Xinhua”, nota del 05/02/26).
De las tres naciones latinoamericanas con mayor extensión territorial, y además la tercera -después de Brasil y México- en cuanto a tamaño de su economía, Argentina es la única que está completamente sometida bajo los intereses de Estados Unidos.
Lo ofensiva de Trump puede interpretarse como el intento por implantar una dictadura militar de alcances mundiales, es decir un expansionismo imperial sostenido -ante todo- mediante un poderío y tecnología bélica inigualados por cualquier otra potencia. (Tema comentado por el autor de esta columna, en otra similar que publicó Vaconfirma hace un mes. Nota del 12/01/26). https://vaconfirma.com.ar/?articulos_seccion_719/id_16481/trump-una-dictadura-militar-de-alcances-mundiales
El régimen estadounidense cuenta con el servilismo oficialista argentino. Pero Milei no está solo, sino que lo sostiene ese mismo poder norteamericano, junto con aliados parlamentarios nacionales, las fracciones dominantes del capitalismo local y extranjero, y el conjunto de las corporaciones -judiciales, comunicacionales, militares, de los servicios secretos, etcétera- que toman las principales decisiones en el país.
Una parte considerable de la población también respalda al gobierno de extrema derecha. Todo forma parte de un proceso histórico devastador de nuestra Patria, que solo podría ser superado si algún día cambiara el ánimo social predominante y así pudiera surgir una alternativa político-electoral mayoritaria que tuviera como objetivo la recontrucción nacional.
(*) Publicado en www.vaconfirma.com.ar
