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La política y el paty

Por Carlos Barragán

Tengo amigos y conozco gente que no come cualquier cosa, digamos. Se encarga de conseguir verduras orgánicas, compra cierto tipo de aceite, hace sus propias hamburguesas, compra el pollo donde el pollo es de granja, huevos ídem, evita consumir ciertas cosas, y compra directamente a los productores. Yo sé por qué lo hacen, entiendo que tiene que ver con la calidad de los alimentos, la salud, la consciencia sobre el consumo, el valor nutricional, la cadena de comercialización, la economía solidaria, etc., etc., etc., y bla bla bla… (porque algo dentro de mí me dice “bla bla bla”). Y entiendo perfectamente, pero yo no lo hago, ni me preocupo por eso. No me sale. Me da trabajo. Me aburre. Me da un poco de culpa, es verdad, pero me genera una complicación que no quiero tener. Yo voy y compro en el mercado chino o por donde paso. Me cuido de no pagar caro, pero nada más. Me da lo mismo cualquier aceite y siento que es demasiado el tiempo que debería invertir para consumir y comprar alimentos de otra manera. No le veo mayor ventaja a comer acelga recién cosechada. Y además me gustan las hamburguesas industriales. Me gustan. Y me molesta un poco que me digan que lo que como no es de buena calidad, porque sé que es verdad. Pero sigo haciendo lo que hago.

Soy de esa gente que come paty.

La gente vota. Digámosle la gente sin ironía ni pruritos. Porque estamos hablando de ciudadanos que no tienen mayor compromiso ciudadano. Porque estamos hablando de pueblo que le incomoda que le digan pueblo. Porque la gente es también la sociedad, pero la gente no tiene ánimo de sentirse parte de una sociedad ni de pensarse como parte activa y viva de esa sociedad. Es la gente que vota. Y la gente vota sin tanto rollo como nosotros, que no nos sentimos gente. La gente vota sin andar pensando tanto, porque no tiene tiempo para la política. No tiene tiempo de leer varios diarios y no le gusta que le digan que el diario que le resuelve el problema de estar informado le está mintiendo. No le gusta que le digan que su diario es de mala calidad. La gente decide su voto porque está cansada de algo, o molesta por algo, y porque el día de las elecciones tiene que resolver algo que no le interesa demasiado. No le interesa porque la gente se ocupa de otras cosas. Y la gente vota porque es su derecho y es su obligación, parecido a comer, lo que encima es muy raro. Y la gente, cuando uno le habla de flexibilización laboral, ajuste del gasto público, reforma previsional, destrucción del mercado interno, pérdida de soberanía, concentración económica, fuga de capitales, etc., etc., etc…, bla bla bla, se aburre, se cansa, se siente presionada. Prefiere encontrar su candidato en el mercado normal de candidatos normales. Uno que no le exija, porque no tiene ganas de estar pensando tanto en política para poder votar. No tiene ganas y siente que no tiene tiempo para tanto compromiso. Entonces agarra un candidato, un paty, y lo mete en la urna.

Mis amigos no me dicen que soy un mal tipo o un idiota por consumir como consumo. Me van haciendo entender de a poco.


 

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