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La Danza de las Bestias: onda expansiva

Por Ramiro García Morete

La reverberación sería –en una arrebatada y torpe definición- un efecto acústico en el cual el sonido permanece por rebote o reflexión  luego de ser emitido. Está directamente ligado al espacio y claramente es capaz de transformarlo. Su ausencia reduce drásticamente la calidad pero su presencia es tan fascinante como amenazadora. Como una bestia. Pues bien, el dub –dirá Seba- “es más que un género. Significa libertad”. Y el dub-remarcará- “tiene mucha reverb”. Será por ello que su casa en plena patria tripera devino en Mondongo Dub,  base de operaciones al que acuden-pre pandemia, claro- dos o tres veces por semana a zapar o producir y un sábado puede comenzar temprano junto a amigues. La escena ya está montada: el Roland MC 303, los distintos Korg, el mixer, la guitarra, el bajo. Igual que cuando hacen “live”, fusionando el infinito mundo de oscilaciones y sonidos electrónicos con el pulso salvaje del rock. Y si compartiendo gustos como Primal Scream se habían conocido hace años, cuando amigos en común estudiaban fotografía y Luciano frecuentaba la casa de 13 y 36. Luciano aún tocaba la batería en The Falcons y Seba ya estaba compenetrado con la computadora. Alrededor de Portishead, Massive Attack o LCD Soundsystem se forjaría una sociedad cuyo efecto rebote iría más allá de lo esperado.  No solo porque se mantendría aquello que comenzó una noche sin nombre y sin temas en Doble T y tuvo en una muestra en una Facultad de Lanús una experiencia particular y significativa,  con Jorgelina Mongan moviéndose al compás de mic piezoeléctricos. Sino por cómo evolucionaría y se expandiría hacia dentro y hacia afuera, como la reverberación de una sala. Los primeros experimentos dub como “Phobia” transitarían luego a un campo más electrónico terminando en lo que el músico Teo Caminos definió una noche en  La Mulata: House explosivo. Siempre con la idea inicial de concebirlo como una experiencia integral, donde los performático tuviera incidencia. Ya fuera desde la actitud punk del dúo en noches como aquella de Calle 8, o desde la producción audiovisual que generó bellas piezas “El resplandor de las  sombras”,  realizada en los talleres de  CITA. O el último EP, cuyo inicio a puros breaks  de funk electro s sacuden el cuerpo de una performer en una terraza pero luego deriva en “cierra con una odisea house/techno/disco/funk”. “Saltá tu cuerpo” es el nuevo material de Luciano Cirone y Sebastián Morán, cuyo efecto reflexivo  se conoce como La Danza de las Bestias.

“El último EP nace de las ganas de producir algo de la electrónica  vinculada con lo percusivo y los vientos-introduce Cirone. Dos tracks de lo que veníamos tocando en vivo que al frenar decidimos terminarlo. Y los fuimos armando de una manera más buscada”.  “Más relacionado con el funk-acota Sebastián-…Iba a terminar ben arriba. Pero cuando Vitto nos mandó los pianos desde Barcelona,  al escuchar fue abrir un panorama. Y dijimos: hay que ir por otro lado…hasta terminar en un roller disco”

Cirone piensa en la evolución del proyecto: “Arrancamos en el primer álbum donde fundimos elementos de dub, rock y electrónica. Cierra con unos pianos, con el tema más electrónico. Estamos contentos con haber  desarrollado  ese primer concepto”. Luego harían un disco de remixes  y “nos empezó a dar la ganas de hacer algo más electrónico, que fuimos sosteniendo más en vivo. En el camino incluir feats, no solo son cantantes sino otro tipo de músicos.  Y también bailarines. Y la parte electrónica se fue volviendo más en vivo. Incorporamos más máquinas”. Pero aclara: “Si bien la guitarra se fue corriendo, seguimos componiendo con guitarras y bajos. Una cuestión más de producción. Y decidimos poner los bajos en la electrónica y acompañar con la guitarra en el vivo”. Y que más allá de todo, el gen rockero sigue vigente. “Es esa actitud-describe Morán-. Transpirados a full, como si estuviéramos tocando en un sótano como una banda punk de los 70. La gente flashea. No es un dj tranquilo. Nos gusta esa música. Nos sale así y se nota una cosa orgánica”.

“En los inicios, uno pone todos los ingredientes. Siempre fue la idea sumar una parte audiovisual y performática”, cuenta Cirone.  Sus obras o videos suelen ir acompañados de textos conceptuales. “Nos gusta combinar ciertas cosas. Me gustan la literatura y la poesía. Y somos de meter textos medio poéticos, haikus”, cuenta Morán.

En cierto modo, el proyecto creció a la par de una escena electrónica que -como en todo el mundo- se ha establecido en La Plata. “Nos sentimos parte, pero siempre hicimos lo que quisimos-reflexiona Cirone-. Y tratamos de aportar un complemento. Creo que ser parte fue un poco de nuestra insistentica de tocar y tocar. En LP hubo lugares que tuvieron curadurías.  Hemos tocado en Pura. Y después mucha fiesta emergente en casa. Creo que como todo hay varias partes y por ahí nos sentimos más identificados en la parte artística. Otras están más relacionadas al baile y la cultura de ese momento”.

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