Este viernes se realizó la audiencia número 17 del juicio que investiga el funcionamiento de la zona roja al momento de la desaparición de Johana Ramallo, en el que declararon dos testigos: una trabajadora social aportada por la querella y un remisero que fue encontrado con el celular de la joven.
Johana fue vista por última vez el 26 de julio de 2017 en 1 y 63, parte de la zona roja de La Plata, captada, se presume, por una red de explotación sexual que operaba en ese lugar. Hasta ahora llegaron al banquillo Carlos Rodríguez, conocido como “El Cabezón”; Hernán D’Uva Razzari; Hernán Rubén García; Carlos Alberto Espinoza Linares; Mirko Alejandro Galarza Senio; Celia Benítez; Celia Giménez y Paola Erika Barraza. Todos están acusados de integrar una banda criminal, con cargos que van desde comercio de estupefacientes y explotación sexual hasta encubrimiento agravado y falso testimonio.
La primera este viernes en declarar fue la trabajadora social quien aclaró que no conoció personalmente a Johana, pero sí a su familia. Según relató, estaba al tanto de las dificultades socioeconómicas y los problemas de consumo que atravesaba la joven y contó que, cuando se enteró de su desaparición, colaboró en los primeros momentos de la búsqueda.
Su intervención fue clave para que se realizara la denuncia. Vale recordar que cuando Marta Ramallo intentó denunciar la desaparición de su hija en la Comisaría Novena no le tomaron la denuncia. Recién se formalizó en otra dependencia policial cuando intervino la trabajadora social.
También explicó que colaboró para conseguir las imágenes de las cámaras de seguridad de la estación de servicio YPF ubicada en 1 y 63, últimas imagenes que se registraron de la joven con vida. “Sabíamos que cada tres días ahí borraban las cámaras”, dijo. Y agregó: “Las cámaras significaban ubicarla en algún lugar. Documentaban dónde había estado”.
El segundo testigo fue un remisero que en 2017 fue encontrado con el celular de Johana. En su declaración señaló que el dispositivo —un teléfono de marca Huawei— se lo había comprado a una joven que solía ser su pasajera. Sobre esta joven, dijo no recordar su nombre, pero indicó que la habia llevado en varias oportunidades a la zona roja.
Según indicó, pocos días después de comprar el dispositovo se le rompió el auto y terminó entregando el teléfono a un mecánico como parte de pago. “Ni siquiera lo prendí”, afirmó.
Sobre otros pasajeros, indicó que en algunas ocasiones, agregó,también a la zona roja, una humer con su hija. En su declaración previa ante la policía había mencionado a esa mujer con el nombre de Celia, a quien le decían “La Negra”. También señaló que conocía, por referencia de un compañero, a un hombre apodado “El Cabezón”, a quien le habían indicado como alguien que vendía estupefacientes.
Cabe recordar que en noviembre declaró un hombre que frecuentaba a Johana como “cliente” y que estuvo con ella al momento de la sobredosis que derivó en su internación en el Hospital San Martín. Días después de ese episodio, la joven desapareció.
En su testimonio, ese hombre contó que tras la sobredosis se había quedado con el celular de Johana. Afirmó que nunca volvió a verla y que tiempo después supo de su desaparición. También señaló que continuó yendo a la zona roja y que, en una de esas ocasiones, entregó el teléfono a otra mujer en situación de prostitución como forma de pago.
