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«Hay que volver al humanismo latinoamericano»: un llamado regional a recuperar la comunidad organizada

En medio de la avanza de la derecha a nivel regional de los últimos años, junto al reciente triunfo electoral de Javier Milei en Argentina como corolario, son múltiples las incertidumbres en el ámbito político, intelectual y académico sobre cuál será el rumbo a seguir para construir un nuevo escenario de democracias populares y conquista de derechos. En una coyuntura donde la «insatisfacción democrática» que señaló en su momento CFK busca el tablero de los consensos, vuelve a resurgir el llamado a recuperar las bases de la comunidad organizada.

«Hay que volver al humanismo latinoamericano», sintetizó la dirigente política ecuatoriana Gabriela Rivadeneira, quien brindó la charla inaugural en el ciclo «Democratizar es la tarea», donde hizo una repaso de los avances y retrocesos de las oleadas progresistas en América Latina, así como también sentó los desafíos a futuro para poder recuperar la voluntad popular y reavivar un nuevo sentido común de liberación.

«Es necesario que la solidaridad esté presente de manera permanente. Ya nadie habla de Julian Assange. Nadie habla de Palestina, un genocidio televisado de manera brutal en pleno siglo XXI. Solidarizarnos es volver a los principios fundamentales del humanismo. Andrés Manuel [López Obrador] plantea la recuperación del humanismo mexicano, con un fuerte debate sobre lo que eso significa. Creo que hay que traerlo a toda la región y volver al humanismo latinoamericano», fue el planteo de Rivadeneira este miércoles, en referencia al reordenamiento necesario que requieren las fuerzas populares en todo el continente.

Recuperación de los espacios de debate públicos, volver a revitalizar la discusión crítica en los ámbitos políticos, reavivar los lazos con la comunidad y construir un nuevo sentido común de fraternidad y solidaridad, fueron algunos de los puntos que destacó la dirigente ecuatoriana, en un notable paralelismo con lo que alguna vez planteó Juan Domingo Perón en La comunidad organizada, de 1949.

Las palabras de Rivadeneira fueron no solo en reivindicación de lo conquistado en los últimos veinte años durante las oleadas populares del siglo XXI, sino también como un llamado de atención al extravío en los últimos años y la caída en una «inmadurez política», que terminó por naturalizar la despolitización y apatía fomentada desde los propios centros de poder económicos y mediáticos.

«Es un momento complejo pero también de sacudón, para preguntarnos cuál fue la responsabilidad de la clase política, cada vez más inmadura. Preguntarnos qué pasó con las organizaciones sociales, en algunos lugres muy vivas y en otros desarticuladas y muertas. Preguntarnos cuál es la responsabilidad de la sociedad civil. Y es la de informarnos, realmente informarnos, politizarnos. Tenemos que volver a politizar», expresó Rivadendeira. 

Es destacable cómo, en momentos de crisis y dispersión de los movimientos populares, progresistas o de izquierdas, cuando persiste una fuerte desorientación de dirigencias y militancias, se percibe un resurgir de las bases mismas doctrinarias de los grandes movimientos revolucionarios. 

Rivadeneira hizo hincapié en la necesidad de cuestionar las bases de la democracia representativa liberal como persiste hasta estos días, poner el foco en qué ocurre en las dirigencias políticas y reavivar a las organizaciones sociales. Planteos no muy distintos a cuando el propio Perón llamaba a poner centralidad en las «organizaciones libres del pueblo», los espacios cotidianos de construcción de lazos comunitarios (desde el club barrial, pasando por el trabajo, hasta el propio seno de la familia) que se convierten en focos de acción política.

Allí, Perón supo presentar una concepción filosófica en la que elementos humanos básicos, como el amor, la felicidad, la libertad, la justicia, la solidaridad y la fraternidad, se convierten ya en categorías del orden político e instrumentos de liberación de los pueblos organizados. «Los rencores y los odios que hoy soplan en el mundo, desatados entre los pueblos, y entre los hermanos, son el resultado lógico, no de un itinerario cósmico de carácter fatal, sino de una larga prédica contra el amor», sostenía el líder popular argentino en su planteo.

«Ese amor que procede del conocimiento de sí mismo e, inmediatamente, de la comprensión y la aceptación de los motivos ajenos. Lo que nuestra filosofía intenta restablecer al emplear el término armonía es, cabalmente, el sentido de plenitud de la existencia. Al principio hegeliano de realización del yo en el nosotros; apuntamos la necesidad de que ese ‘nosotros’ se realice y perfeccione por el yo», agrega.

De la misma manera que Perón proponía un horizonte de liberación, no solo desde lo político sino también desde lo cultural e incluso lo espiritual y lo moral, el desafío para Rivadeneira se plantea en la pelea no solo por el poder gubernamental, sino también en el sentido común mismo de los pueblos, para lo cual se necesita una ruptura de la atomización y la endogamia ideológica.

«Es el momento de la disputa del sentido común. Eso se hace rompiendo el estado de confort. Tenemos que sacudirnos y hay que hacer una lucha del sentido común, una lucha por la memoria, por salir de las redes y volver a sentir lo común», indicó la exfuncionaria ecuatoriana, casi en paralelo con la praxis propuesta por Perón al sostener una «unidad de conducción, descentralización de ejecución y una concepción que emane del sentir del pueblo».


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