El miércoles 9 de agosto, mientras participaba de un acto político en el norte de Quito, fue asesinado Fernando Villavicencio, candidato a la presidencia de Ecuador por el Movimiento Construye. A consecuencia de ello, el presidente Guillermo Lasso decretó el estado de excepción en todo el país por sesenta días y anunció tres días de luto.

Al asesinato de Villavicencio se da en el marco de un particular proceso electoral. A mediados de mayo de este año, cuando el mandatario de derecha Guillermo Lasso enfrentaba un juicio político por peculado (malversación de fondos públicos) y estaba a punto de ser destituido, invocó el artículo 148 de la Constitución y aplicó lo que se conoce como «muerte cruzada». Con ello, disolvió el Congreso, escapó del juicio político, evitó su destitución y convocó a elecciones anticipadas, las que se llevarán adelante el 20 de agosto y en las que se renovarán todos los cargos de la Asamblea Nacional (Poder Legislativo unicameral de Ecuador) y se elegirá una fórmula presidencial para completar el tiempo de mandato que le restaba a Lasso.

La traición y el comienzo de la crisis

Desde que Rafael Correa dejó el Gobierno, las políticas neoliberales implementadas primero por Lenín Moreno y luego por Guillermo Lasso sumieron al país en una profunda crisis económica, política y social.

El retiro del Estado de todas sus funciones fomentó el avance de los grupos delincuenciales. El mayor reflejo de ello es el actual enfrentamiento de grupos mafiosos vinculados al tráfico de drogas, que, en su disputan por el control de territorios claves para su accionar criminal, ya llevaron adelante decenas de masacres carcelarias que dejaron más de cuatrocientos muertos.

Los especialistas aseguran que en la actualidad en Ecuador hay al menos 86 bandas criminales, entre las que se destacan las conocidas como Jalisco Nueva Generación, Los lobos y el Cartel de Sinaloa.

A ello se suma que a principios de este año trascendió una investigación policial sobre los vínculos que el presidente Guillermo Lasso tendría con la mafia albanesa para traficar droga desde Ecuador a Europa.

En ese marco, comenzó un proceso electoral cargado de hechos de violencia. Además de la muerte de Fernando Villavicencio, el pasado 23 de julio fue asesinado el alcalde de Manta, Agustín Intriago, y varios candidatos han recibido amenazas contra su vida.

Se va el Estado, llega el narco

No es un fenómeno que solo ocurra en Ecuador. En distintos lugares de la región se ve claramente que cuando el Estado se retira de sus funciones, ese lugar es ocupado por las bandas de narcotráfico que imponen su orden social, su forma de justicia, generan fuentes de ingresos para jóvenes cuya aparente única salida (rápida y furiosa) de su situación de indigencia es sumarse a esas bandas criminales. Grupos que también brindan diversos niveles de contención social. Por ejemplo, en Colombia hay barrios enteros destinados a las familias de menores recursos cuya construcción fue financiada por el famoso líder narcotraficante Pablo Escobar Gaviria. El narco se transformó en el Estado paralelo.

Este fenómeno social fue explicado con claridad meridiana por la vicepresidenta Cristina Fernández durante su discurso en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras el 26 de enero de 2022.

Fernández señaló: «Como ustedes saben, el neoliberalismo propugna el achicamiento del Estado. «El Estado no sirve, hay que reducirlo a una mínima expresión», aseguran. «¡El Estado no, no, no!» […] Es más, han surgido algunas corrientes, en algunos países, que se denominan los libertarios y que quieren suprimir el Estado directamente. ¡Mirá vos! ¡Mirá vos! ¡Quieren suprimir el Estado! ¿Y qué pasa? ¿Y qué pasó? ¿Y qué está pasando en la región, desde el río Bravo hasta Ushuaia, cuando se instalan estas doctrinas neoliberales de supresión del Estado? ¿Qué está pasando cuando el Estado reduce mínimamente su presencia en educación, en salud, en regulación para evitar la explotación irracional que impacta en el cambio climático y agrava toda la cuestión climática en todas partes? ¿Qué pasa? ¿Hay un vacío que nadie ocupa? ¡Nooooo! La política tiene las mismas reglas que la física, por lo menos en algunas cosas. Todo vacío es ocupado. ¿Y por quién? ¿Quién lo ocupa? Cuando el Estado no puede generar, a través de políticas públicas activas, trabajo bien remunerado que permita a la gente acceder a una vivienda, darle educación y salud a sus hijos, ¿quién aparece? El narco. Porque el narco aparece. Porque, mirá, yo me acuerdo […] hace muchos años, Néstor todavía estaba, y charlando con otro presidente de la región, con Álvaro Colom (presidente de Guatemala), contaba cómo el narco le iba ocupando la región porque era el que construía escuelas que él desde el Estado no podía construir, porque no tenía recursos, porque tenía que aplicar las políticas de ajuste que dictan los fondos, que dictan […] los organismos multilaterales de crédito […]».

«Es curioso que después, los que impulsaron en toda la región el achique del Estado, los programas de ajuste, después vienen a decir que hay que combatir al narco. Como si el narco se pudiera combatir únicamente desde el Ministerio de Seguridad y no desde donde hay que combatirlo, que es desde que la gente pueda acceder al trabajo, a la salud, a la educación, a la escuela, al progreso. ¡Si hasta la fiesta de los quince años las terminan organizando los narcos porque los padres no pueden dársela a los hijos! ¿No se dan cuenta de la paradoja horrible que significan las políticas de ajuste y el impacto en la vida cotidiana?», remarcó Cristina Fernández.

El achicamiento del Estado que propone el neoliberalismo sienta las bases para el crecimiento de las organizaciones criminales que la derecha dice combatir.