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Docencia, militancia y la nueva Ley antidiscriminatoria

Por Flavio Rapisardi

La profesora María Rachid es imbatible. Capaz de discutir durante más de 12 horas. Si los argumentos no la convencen, el tiempo no le importa. La conocí por los años noventa. Su vida política comenzó en el peronismo. Luego se fue a vivir a Estados Unidos donde estudió y militó. A su vuelta ingresó a un grupo de mujeres lesbianas y bisexuales. Con apenas veinte años, su retórica nos dejaba sin aire. “Testaruda” puede ser una palabra que la define, pero en ella es una virtud: cuando decidió impulsar el matrimonio igualitario, pocos le creímos. Pero en una clara estrategia peronista supo articular, sumar, convencer, alinear. Y con su conducción much*s entendimos lo que se jugaba en ese proyecto que algún*s consideraban liberal, tradicional, cuando, como luego descubrimos, el sólo hecho de impugnar a un grupo al acceso a un derecho por parte de quien lo tiene es una clara señal de una situación desigualitaria.

El 2001 la encontró con las Asambleas Populares en la Ciudad de Buenos Aires, fue vocera, militante, organizadora y agitadora. Pronto se ganó el respeto de la Interbarrial de Parque Centenario sin abandonar su militancia comunitaria. Y ella, como otr*s militantes, cuando la política volvió a ser abierta por el peronismo de Néstor Kirchner, agarró el guante y se puso a militar junto con un grupo de compañer*s en la Plan Nacional contra la Discriminación.

Desde allí fue propuesta por la presidenta Cristina Fernández como candidata a diputada por la áspera y antiperonista Ciudad de Buenos Aires. Y allí caminó barrios, peleó por escuelas peleadas.

Su “testarudez” no se contradice con su increíble capacidad de articulación, como la que logró hace una semana para aprobar una ley que es modelo y que el Congreso Nacional debería de una vez por todas impulsar.

Docente titular del seminario “Igualdad y no discriminación” de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, Rachid y su equipo hicieron de ese espacio un ámbito de aprendizaje y prácticas donde los derechos humanos y los significados que adquieren en las luchas sociales contemporáneas son pensados y repensados entre el aula y el territorio.

¿En qué consiste la nueva Ley antidiscriminatoria aprobada en la Ciudad de Buenos Aires?

La nueva Ley antidiscriminatoria de la Ciudad de Buenos Aires es un gran avance en la materia para nuestro país y para la región. Fue elaborada en base a las mejores iniciativas de 17 ciudades y países del mundo y debatida con decenas de organizaciones que trabajan contra la discriminación en la Ciudad de Buenos Aires y en el país.

Básicamente, esta ley tiene tres ejes fundamentales. El primero, amplía la enunciación de los pretextos discriminatorios incluyendo algunos que no están todavía incluidos en la legislación argentina. Entre ellos, los adultos mayores, las personas con discapacidad y la diversidad sexual. Esta inclusión es importante por una cuestión de práctica jurídica y por una cuestión simbólica. La primera porque ha ocurrido que algunos jueces han interpretado que la ley nacional, aprobada en 1988 y muy desactualizada, no incluía a grupos como, por ejemplo, la diversidad sexual, por no estar en la enumeración que hace la ley de los grupos vulnerados por la discriminación, aun cuando la misma ley dice que esta no es taxativa. Por lo tanto, consideramos que lo mejor es siempre incluir a todos los grupos que son, o imaginamos pueden ser, vulnerados por la discriminación en nuestro país, aunque reiteramos en esta nueva ley que la enumeración no es taxativa y podría haber algún grupo que no está descrito expresamente pero sí está incluido en la ley. Por otro lado, hay una cuestión simbólica, un mensaje del Estado siempre implícito en las leyes, que en este caso se expresa en la protección de los grupos que menciona generando transformaciones culturales y sociales que a veces exceden a las jurídicas.

Otro eje tiene que ver con políticas públicas activas para defender a una persona y/o a un colectivo de personas ante una situación de discriminación que ya ocurrió, como la inversión de la carga de la prueba en los casos de vulneración de derechos de personas que son partes de los grupos vulnerados por la discriminación o la legitimación de las organizaciones y el Estado para actuar en estos casos, como la posibilidad de reparaciones para los daños colectivos, entre otras medidas.

Y, por último, políticas públicas para prevenir la discriminación, especialmente en el ámbito de la educación y la administración pública de la Ciudad, estableciendo la obligatoriedad por parte del Estado de difundir los principios de la ley, hacer campañas, materiales, etcétera.

Es una ley de vanguardia aprobada por unanimidad. No porque no había legisladores que estaban en contra, sino porque algunos la votaron aun con objeciones y otros prefirieron ausentarse antes de votar en contra de una ley como esta.

¿Por qué crees que esta ley no es tratada por el Congreso Nacional?

Sinceramente, creo que tenemos un Congreso de la Nación muy proactivo, que está todo el tiempo sancionando leyes que transforman profundamente la vida de los ciudadanos y ciudadanas, que ha aprobado decenas de leyes que contribuyen al trabajo contra la discriminación y que no ha encontrado, todavía, el momento para avanzar con esta ley. Pero tenemos el compromiso del bloque del Frente Para la Victoria de abordar este tema este año, para actualizar una ley ya muy desactualizada que no sólo no incluye a muchos grupos, sino que además no es eficiente ni suficiente en el trabajo para defender a las personas que viven situaciones de discriminación, y para prevenir la discriminación en nuestro país.

Vos sos diputada y docente. ¿Cómo articulás ambas actividades?

Creo que son actividades que no sólo pueden articularse, sino que se potencian mutuamente. En nuestro caso, muchos de los temas que trabajamos en la clase se relacionan con iniciativas parlamentarias que hemos mejorado gracias al debate con los estudiantes, y mucho de nuestro trabajo parlamentario que se articula con el trabajo de las organizaciones sociales y es atravesado constantemente por debates de la coyuntura nutre el contenido de las clases con nuevos debates y ejemplos relacionados a los temas que se discuten en el seminario. Ser diputada me permite, como docente, transmitir desde mi experiencia la potencia transformadora que tiene el debate sobre los sentidos en la sociedad. Y ser docente me permite, como diputada, aprender de los aportes que hacen los estudiantes a esos debates.

¿Cuáles son las tareas pendientes en materia de derechos humanos en nuestro país?

Creo que una nueva Ley antidiscriminatoria es una de ellas, sin lugar a dudas. Pero estoy segura de que esto se va a lograr muy pronto. Lo que nos va a llevar más tiempo es la batalla cultural, la de los sentidos, que estamos dando y tenemos que seguir dando para transformar esa igualdad jurídica que hemos plasmado en leyes y políticas públicas durante todos estos años, en igualdad real, la de todos los días, la de la vida misma. Ahí tenemos una gran tarea pendiente, cuyos ejes principales o caminos a recorrer son la educación, la cultura y la comunicación.

¿Cómo imaginás el futuro del peronismo?

Qué pregunta difícil. Me lo imagino como es hoy y como debió haber sido siempre. Un movimiento que defiende los intereses de los trabajadores y trabajadoras, los intereses de las mujeres, de los jóvenes, de los niños y niñas, de los adultos y adultas mayores, de la diversidad sexual, de las personas con discapacidad, de los migrantes… ¿Sabés qué le dijo Néstor al oído a Rossi cuando se aprobó la ley de matrimonio igualitario? “Pusimos al peronismo en el lugar que había que ponerlo”. Así me lo imagino, en ese lugar, para siempre.

¿Qué modelo de Facultad considerás que está a la altura de las luchas populares?

Una facultad articulada con el territorio y con la militancia. Pero no de cualquier manera. Cuando muchas autoridades de universidades e instituciones dicen esto suelen pensar una universidad que “baje” al territorio cual mesías para iluminar al pueblo, un pueblo que a veces tiene más luz que la que hay en la Universidad.

En algún contexto y ante algunas situaciones concretas, la articulación en sentido de “asistencia” puede ser necesaria, puede estar muy bien, y es mucho más de lo que ocurre en muchas universidades… Pero no es ni una décima parte de lo que quiero decir con esa frase. Articular implica un ida y vuelta, es dar y recibir. Y para recibir hay que reconocer el valor del otro. Y eso es lo que cuesta en la universidad. La Universidad tiene mucho para aportar a la militancia y al territorio, pero el territorio y la militancia tienen mucho para aportar al aprendizaje universitario también. Cuando vamos a algunas universidades a proponer compartir nuestro seminario sobre igualdad y no discriminación, intentan ofrecernos articular trabajo militante desde la Universidad hacia el territorio, pero lo que estamos proponiendo es otra cosa: que la Universidad tome el conocimiento que hay en el territorio y la militancia y lo haga formar parte de sus contenidos. Lamentablemente no en todas las universidades y facultades se valora y entiende todo lo que la militancia y el pueblo pueden enseñarles.

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