“Está todo tan raro, todo tan extraño/ rompan los horarios, el reloj blindado de este tiempo estanco que atrasó el verano/ que suene la radio/ estoy sin baterista/ me duelen las manos/ de golpear las puertas/ el pulso sube, a cien, te vuela la frente/ no hay pasta que frene/ el bondi que viene resucita y llega con tanto trabajo ya nada es tan dulce”.”. En treinta segundos cronometrados, Soviet ya suelta más de sesenta palabras. Y no es que padezca verborragia o ansiedad. Se trata más bien de cierta urgencia —que no es apuro— y una evidente habilidad para construir versos que se concatenan llenos de ritmo y rima, tan coloquiales como poéticos, existenciales y a la vez concretos. Y es que, ante todo, Germán Pasalagua (su nombre real) tiene cosas para decir. “Confío en mi instinto y en esa gran antena que asoma en mi ventanal”, prosigue, casi como declaración de principios sobre un pulso rioplatense y modernos sintetizadores que añaden atemporalidad a “Movimiento”. A pleno instinto y observación, el ex Orquesta de Perros corrobora una impronta propia para contemplar el mundo a mano y el otro, infinito, a través de pequeñas y lúcidas canciones casi como retahílas de imágenes donde se respira el barrio y la urbanidad sin exprimirlo o caricaturizarlo.
Subido a una cadencia más pop y guitarrera, continúa “Club”, espacio clave en el arte y la poética del vecino y habitué del Club Aconcagua. “Tengo un presentimiento y pulmones de aviador/ planeamos sobre el cemento/ el amor es tentador y ahora ríen los vecinos”, entona, y luego se hace más evidente el rol de Pablo Matías Vidal para remitir a los años que fueron compañeros de banda, con un final en modo Wilco o Television.
“Cantamos los fracasos, ves/ ardiendo nuestras manos, cruzábamos atajos/ va haciendo efecto una brujería/ me prometiste una ciudad vacía/ fui proyectando en mi galería/ ahora soy blanco de tu apatía”, canta el Soviet en “Desierto”, un track atmosférico coloreado por strings.
Esa conjunción de rock, orillas y aristas electrónicas se vuelve a dar en “Mantra”, donde la clave y las percusiones vuelven a dar paso al rock en 4 x 4 entre arpegiadores e ingenio lúdico: “En mi voz la canción va escapando hacia la arena/ macanas, macarrón, la maca y la Macarena”.
“No tengo ganas de esperar a que llegue la tarde/ un edificio mastica un trozo de sol/ luego escupe su aire/ y así, una vez dentro de mí/ que se esparza por ahí/ que corra el destino”, oficia como coda la bella y melancólica postal “Que corra el destino”.
Desde su ventanal, Soviet para sus antenas para percibir el mundo y emite su propia frecuencia a través de una voz rasgada y sincera que evoca a algo y a la vez nada en particular. Eso que llaman estilo. Y él mismo, bien define, “Estilo libre”.
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“Este proyecto nace como una especie de sedimentación de su recorrido en la escena independiente. Después de años tocando en proyectos como Orquesta de Perros y actualmente Los Últimos, este disco aparece como un espacio propio donde esas experiencias decantan y encuentran otra forma.
El disco Estilo Libre se mueve en una lógica de la intimidad. No busca el estruendo sino una gravitación más silenciosa, hecha de texturas, climas y canciones que se abren con el tiempo. Es un disco que se sostiene en lo cercano, en los vínculos y en la necesidad simple, pero profunda de seguir componiendo”.
Rec º
“El proceso empezó de manera muy doméstica, con maquetas de guitarra y voz grabadas en casa. En ese momento apareció la mano tendida de Edu Morote, que ayudó a empezar a correr esas canciones de su forma inicial y a imaginar nuevas capas sonoras y rítmicas.
Más adelante se sumó Pablo Matías Vidal como productor, y ahí el proyecto empezó a expandirse hacia otras direcciones musicales. El material también atravesó una etapa de ensayos en formato banda junto a Pablo Laferrara, donde las canciones encontraron un pulso común antes de entrar al estudio. También participó de la grabación en voces Lisa Abraham.
La grabación se hizo en el Estudio El Zumbido por Matías Olmedo entre junio y octubre del 2025”.
Rewind <<
“Este disco funciona como una continuidad natural del recorrido musical que vengo haciendo hace años. Las canciones nacen del mismo impulso: la curiosidad por el sonido y la necesidad de escribir canciones.
La diferencia es que acá todo pasa por un filtro más personal. Pero a la vez hubo una búsqueda y tracción colectiva, ya que tuve la suerte de que se sumen al proyecto amigos-músicos que se comprometieron con total entrega e hicieron crecer las canciones hasta una dimensión que no estaba en mis planes”.
Forward>>
“La idea es empezar a compartir el disco en vivo y que las canciones puedan respirar en el escenario, que siempre es un lugar donde la música termina de transformarse.
También hay ganas de seguir grabando y ver hacia dónde empuja el proyecto después de este disco”.
Pause ||
“Imagino que esté sonando en un momento de calma, cuando el día ya bajó un poco su ritmo. Tal vez caminando de noche por una calle conocida.Es un disco que no busca imponerse sino acompañar”.
Lado B
“El disco nace muy cerca de lo cotidiano: de las amistades, de los espacios del barrio, de lo urbano, de las manos que se fueron sumando en el camino. Incluso el arte de tapa se gestó en el club del barrio”.
