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Cautiverio

Por Francisco P.

Manos pidiendo auxilio, como saliendo de estos viejos muros. Edificio descascarado, de colores antiguos. Barrotes gruesos que parecen observar amenazantes. Fantasmas que persiguen de día y de noche, que en el silencio hablan, que quieren atrapar.

¿Dónde comenzó este cuento? ¿En los cajones? ¿Debajo de la cama? ¿En el espejo donde creía ver mi rostro? Eras vos al que veía. ¿O sólo eran fantasmas?

Los miedos, los sueños rotos, los reproches. Lo que la gente quiere que seas. Eso que debés creer. Ella espera y el frío hierro ya no es frío porque escupe verdades de fuego, que lastiman, que matan. Verdades que dan vida.

El césped verde, blanco de julio, las baldosas flojas que salpican bajo los pies. El frío metal que se desprende de las muñecas. El candado se cierra, acusador, detrás de mí. Almas que antes sonreían ahora son fantasmas. Agonizan, caminan a mi alrededor y cuentan historias en gris oscuro, entre tinieblas, la verdad. Y es tarde. Ya no vale la pena saberla.


 

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