1996, el año de la Bestia: Un diálogo entre Luzbelito y Antichrist Superstar

Una idea: el fin del mundo fue hace treinta años y lo protagonizaron un argentino y un yanqui. Un apocalipsis dividido en dos con nombre y apellido: Patricio Rey y Marilyn Manson. En una punta y la otra del planeta, dos bestias que parieron al mismo tiempo. Luzbelito y Antichrist Superstar. El réquiem del siglo se escribió a cuatro manos en 1996. El año de la fiebre.

El último rock del país

El principio del final. La idea inicial era grabar un álbum de viejas canciones inéditas como el “Blues de la libertad” o “Mariposa Pontiac”, acaso para a los fans del recuerdo de un pasado que, se sospecha, fue mejor. En cambio, la nostalgia terminó por gestar un ángel caído. Luzbelito, el “séptimo hijo varón” que pega un volantazo de estilo, se desentiende del rock festivo y decide vestirse todo de negro.

Sonido, melodías, letras, imagen, Luzbelito incendia todo lo anterior y abre paso a un futurismo dark del que Los Redondos ya no volverán. En una trilogía completada después con Último Bondi a Finisterre y Momo Sampler -más que discos, son los papeles de divorcio del matrimonio artístico Solari/Beilinson-, Luzbelito es el preludio de una larga marcha hacia la muerte.  

Ni perros dinamita, ni amor francés, ni tareas finas. Uno escucha “Fanfarria del Cabrío” o el amenazante “Rock Yugular” no parecen escritas ya por el Indio poeta bohemio de los bares y la calle, sino por el líder de un culto que narra sus memorias en la oscuridad de un castillo. En la búsqueda de un tributo a los viejos tiempos, el demonio vino a decir que ya no hay vuelta atrás. Conscientemente o no, Luzbelito puso los primeros clavos al cajón de Los Redondos y, con ellos, a una época y un mundo que ellos mismos inventaron. Una fanfarria argentina avanzando a paso redoblado hacia la agonía del milenio.   

Capitalismo superestrella

“Los psicópatas serán los hombres del siglo XXI”, dijo el Indio Solari en 1986. Diez años después, Marilyn Manson le respondió con Antichrist Superstar, bailando sobre los cadáveres de todo eso que los Mark Fisher de la vida dieron por muerto con Nirvana. Si en los noventa se decretó el “fin de la Historia”, Manson fue el primer gran “american psycho” que parió el nuevo mundo.   

Y ahí está su gran evangelio, el Anticristo Superestrella. También puntapié inicial de su propia trilogía maldita con Mechanical Animals y Holy Wood, hoy funciona menos como un disco de rock del pasado que como un consumo pop adelantado al presente. La “fórmula Manson” (mezcla de estética superlativa, autor convertido en obra, “narrativa” mediática, marketing globalizado, tabúes de consumo, autenticidad como fetiche, “¿es o se hace?” e imagen de líder de masas) hoy es rastreable en cualquier cosa. Desde Donald Trump, Madonna y Kanye West, hasta Emilia Mernes, Javier Milei y Rosalía.

“El capitalismo lo hizo así, el fascismo a la antigua se lo llevará”, dice a la pasada The Beautiful People. Pasaron treinta años de eso. ¿Estaba hablando de aquella época o de esta? ¿Manson es un monstruo analógico del siglo pasado o, como dijo Solari en 1986, el modelo ejemplar de este siglo? Podría haber dicho Claudio Uriarte: Con el tiempo, todo el mundo será Marilyn Manson, en potencia o en acto.

Los dos demonios

Luzbelito y Antichrist Superstar. Profetas en su tierra, imposibles de concebir por fuera de Argentina o de EEUU, excepciones a la regla en los dos países más excepcionales del mundo. Demonios hermanos, Manson y Patricio Rey, inexplicables como bandas de rock, sino como aparatos semánticos inagotables. Las obras de arte definitivas en la era de la reproducción técnica.

“El Demonio siempre intenta imitar a Dios para burlarse de él”, explica el cura Berriartúa en la película El Día de la Bestia. Si el rock fue la imitación capitalista que se burla de Dios, Luzbelito y Antichrist Superstar fueron sus últimos profetas. Anticipados a un mundo donde el arte se encamina a una máquina espiritual conectada a aparatos de luces, sonido, producción, maquillaje, interfaz y paganismo de mercado. En cien años, Marilyn Manson y Patricio Rey aparecerán cuando alguien busque en una enciclopedia la definición de influencers.   

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