Por Miguel Croceri (*)

En un par de días -literalmente- el régimen de extrema derecha que tomó el control de Argentina a partir de diciembre de 2023 y que está encabezado formalmente por Javier Milei, consiguió dar pasos gigantescos en el Congreso para implantar legislaciones reclamadas, impulsadas, fomentadas, exigidas, instigadas (y quizás se podrían agregar todavía más verbos) a lo largo de muchos años por las élites capitalistas locales y extranjeras, y por los sectores políticos que representan sus intereses.

Entre el miércoles y el jueves de la semana recién transcurrida, por un lado el Senado nacional aprobó la (mal) llamada “reforma laboral” -en realidad, una “ley patronal”-, que ahora pasó a consideración de Diputados. Y por otro lado, en un procedimiento de igual significación jurídica y legislativa pero de recorrido inverso, los/las diputados/as aprobaron el denominado “Régimen Penal Juvenil” que amplía la edad de imputabilidad contra adolescentes en conflicto con la ley penal, y la próxima instancia es que el tema sea tratado por los/las senadores/as.

En ambos casos, las mayorías parlamentarias alcanzadas fueron contundentes. Así, los proyectos llegaron al estadío jurídico comunmente llamado “media sanción” con un fortísimo apoyo político.

Falta todavía que transcurra su paso por uno u otro cuerpo del Congreso donde el tratamiento de cada una de las normas está pendiente. Pero según evaluaciones coincidentes en los ámbitos políticos y del periodismo especializado, las dos cuentan con grandes chances de obtener el voto favorable de la Cámara correspondiente y así quedar convertidos en ley.

Tras la sesión del miércoles (11/02) y la madrugada siguiente en el Senado, la “reforma laboral” consiguió -para el texto en general- 42 votos a favor y 30 en contra. La mayoría fue conformada por La Libertad Avanza (LLA), el Pro, la Unión Cívica Radical (UCR), los peronismos antikirchneristas de Córdoba, Tucumán y Corrientes, y los partidos provincialistas de Misiones, Neuquén, Córdoba (ex Pro), Salta y Chubut. Se pronunciaron en contra Unión por la Patria (UxP), el sector de peronistas disidentes del grupo Convicción Federal, y los provincialismos de Santa Cruz y Santiago del Estero. (Detalle de la votación publicado por Página 12, nota del 12/02/26).

Una parte muy determinante de las/los senadoras/es que votaron a favor, lo hicieron por una decisión política de sus respectivos gobernadores: Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Rolando Figueroa (Neuquén), Juan Pablo Valdés (Corrientes), Martín Llaryora (Córdoba) y Hugo Passalacqua (Misiones, bajo la conducción del tradicional jefe político provincial, Carlos Rovira). (Tema detallado por el portal El Destape, nota del 12/02/26). El partido de Alberto Weretilneck (gobernador de Río Negro), que era habitual aliado parlamentario del mileísmo, se quedó sin legisladores/as propios/as luego de los malos resultados que obtuvo en la elección legislativa de octubre pasado.

Respecto de la media sanción para el nuevo “Régimen Penal Juvenil” en Diputados, también la definición fue categórica: 149 votos a favor y 100 en contra. (Crónica del diario cooperativo Tiempo Argentino, nota del 12/02/26).

Bajo el régimen de Macri

¿Por qué Milei y el conjunto del régimen gobernante pudieron llegar a semejantes triunfos parlamentarios, y quedar a punto de sancionar dos leyes largamente instigadas por el bloque de poder hegemónico y que hasta ahora les resultaban imposibles?

Con metáforas superficiales que aluden a la astronomía y al clima, se puede decir que “los planetas se alinearon” para que ello ocurra y/o que tienen “viento a favor”. Estas respuestas simplistas y fáciles sirven para introducir a breves comentarios sobre un conjunto de acontecimientos de los años y meses recientes, que han tenido incidencia decisiva para derivar en la situación actual.

Durante el régimen de derecha que presidió Mauricio Macri (2015-2019), se consumó el tercer periodo histórico -el primero había sido en la dictadura y el segundo bajo el gobierno de Menem y su continuidad con De la Rúa, hasta el estallido de diciembre de 2001- de desindustrialización, invasión de productos importados, timba financiera, extranjerización de la economía y aumento exponencial del endeudamiento del país. También se duplicó la inflación que había dejado el gobierno de Cristina Kirchner. (Artículo del diario Página 12, apenas terminado el gobierno macrista. Nota del 16/01/2020).

Pero en ese cuatrieno se impusieron además modificaciones drásticas en otras relaciones de poder, las cuales fortalecieron a enormes corporaciones económicas locales y extranjeras que manejan los llamados “mercados”, en particular los conglomerados financieros denominados “fondos de inversión” y/o las mafias usureras conocidas como “fondos buitre”.

También se agrandó a niveles gigantescos la influencia del sistema comunicacional hegemónico, tras la derogación de facto -por decreto- de las cláusulas antimonopólicas de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y la ley “Argentina Digital” (también sancionada en el gobierno de Cristina Kirchner y que regulaba los servicios de conectividad digital y en general las telecomunicaciones). El Grupo Clarín y otras cadenas se expandieron en el negocio de los medios de comunicación, y además se apoderaron del mercado de telefonía celular y conexión a internet.

En cuanto a otros dispositivos de decisión y control que determinan la vida de la sociedad -aunque generalmente sean ajenos a la visibilidad y consideración de la opinión pública-, bajo el régimen de Macri aumentó el poderío de sectores corporativos que actúan dentro del Estado, como por ejemplo la fracción dominante del sistema judicial (en la Corte Suprema, la Procuración General de la Nación, los juzgados federales porteños llamados informalmente “Comodoro Py”, etcétera), y de forma similar el aparato de violencia represiva de las fuerzas de choque estatales y la camarilla de agentes secretos que maneja los servicios de inteligencia, entre otras estructuras de máxima importancia.

Durante la pandemia

En diciembre de 2019 empezó el periodo gubernativo del Frente de Todos, que al cabo de cuatro años de mandato no consiguió revertir ninguno de los pilares del renovado poder hegemónico consolidado en la etapa previa. La pandemia del covid, desatada -en nuestro país- cuando la coalición peronista llevaba apenas 100 días de gestión, consumió de entrada toda su energía política inicial y la fortaleza habitual de cualquier gobierno recién comenzado.

El presidente Alberto Fernández y el conjunto del oficialismo pagaron un altísimo costo por tomar medidas extremas, y jamás conocidas por nadie, con el propósito de que la gran mayoría de la población se aislara en sus domicilios para disminuir la propagación del virus, y así reducir la cantidad de contagios y la muerte de personas.

Tales condiciones vigentes durante varios meses hicieron colapsar la vida familiar, laboral, educativa, vecinal, de grupos de pertenencia, etcétera, y en definitiva el funcionamiento de la sociedad tal como había sido hasta entonces.

El descalabro social y económico fue absoluto. La comunicación digital reemplazó casi completamente a los vínculos presenciales entre las personas, y se produjeron transformaciones desconocidas en los comportamientos privados y públicos.

A mediados de 2020 se generalizaron ciertos grupos negacionistas del virus, agitados por personajes de los medios de comunicación y por dirigentes políticos. En ese marco tuvieron lugar hechos -aunque mínimos, embrionarios- de violencia política callejera, y se fue desplegando una base social y corporativa extremista que aumentaba paulatinamente su poder y peligrosidad. (Un comentario que publicó Vaconfirma en aquella época se titulaba “Imprescindible: que la ultraderecha no pueda avanzar políticamente”. Nota del 13/07/2020).

Este tipo de vivencias tanto individuales como colectivas, hoy olvidadas y aparentemente lejanas, fueron el contexto donde creció la prédica desquiciada y violenta de Milei. Aunque desde cinco años antes se había hecho conocer de a poco como “economista” y personaje mediático: en abril de 2015 fue invitado por primera vez a una entrevista en televisión, en el espacio conducido por Mariano Grondona -cuando su programa “ya no era de los más vistos” y se había pasado a Canal 26-, según constató la autora Valeria Di Croce y así lo publicó en su libro “El arca de Milei”.

Encima de todo, Trump

La acumulación de fuerzas de las élites empresariales y demás factores de poder que impulsaron a Milei hasta ganar la elección presidencial del año ‘23, se generaron durante el periodo macrista y la posterior etapa peronista atravesada por la pandemia.

Sin embargo, el viento a favor que le permite al actual gobierno nacional y a todo el régimen de ultraderecha -integrado, además del mileísmo y sus aliados político-parlamentarios, por los poderes económicos y demás corporaciones mencionadas en párrafos anteriores-, se completó con el triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos a fines del ‘24, y su posterior retorno al poder en enero del ‘25.

En los análisis y comentarios más habituales sobre la actualidad política argentina, se omite frecuentemente que el trumpismo salvó del derrumbe en dos ocasiones al esquema de baja inflación y dólar barato, es decir a los pilares económicos del triunfo oficialista nacional en las elecciones legislativas de hace cuatro meses.

La primera vez fue en abril del año pasado, cuando Trump ordenó que el Fondo Monetario Internacional (FMI) otorgara un préstamo por U$D 20.000 millones (veinte mil millones de dólares), de los cuales hasta el momento fueron entregados, en dos cuotas, un total de U$D 14.000 millones (catorce mil millones). Ese pasivo se suma al contraido con la misma institución en 2018 por Macri, quien recibió casi U$D 45.000 millones (cuarenta y cinco mil millones de dólares). Hace una década, al concluir los doce años y medio de gobiernos kirchneristas, la deuda de Argentina con el FMI era de cero dólar (U$D 00,00).

La segunda ocasión en que el gobierno estadounidense otorgó un salvataje financiero y político a su cómplice más servil en el Cono Sur del continente -en un lapso de solo cinco meses-, fue en septiembe y a través de una intervención directa del Tesoro de EEUU en el mercado de cambios de nuestro país, para que no se disparara el dólar.

Se desconocen de forma precisa los sacrificios que pagarán las actuales y futuras generaciones de argentinas y argentinos por semejante sometimiento nacional al imperio más grande de la historia de la humanidad, que además hace pocas semanas bombardeó a un país soberano y amenaza a todo el mundo con su poderío militar incomparable con cualquier otro.

Pero más allá de lo que suceda de aquí en adelante, un repaso de hechos que determinaron la ofensiva del libertinaje capitalista en los diez años recientes, y encima de todo la intromisión alevosa de la superpotencia imperial en la vida de nuestra Nación en los últimos meses, ayudan a explicar cómo llegan Milei y los intereses representados por su gobierno para obtener -muy probablemente, aunque todavía faltan instancias decisivas en el Congreso- la sanción de una legislación laboral y otra contra adolescentes en conflicto con la ley penal, que durante décadas fueron pretendidas por los poderes dominantes y nunca habían podido conseguir.

(*) Publicado en www.vaconfirma.com.ar