Hace años que las batallas “escritas” desplazaron al freestyle a través de la Liga Bazooka. Y en ella emerge Chili Flow Parker no solo como emblema sino como signo de una época

Chili Flow Parker tiene razón. Siempre.  Chili Flow  Parker no pierde: solo gana. Siempre. 3 a 0. Siempre. El número 1 en las “escritas”. Sin dudas.  Él no sólo es el más rapero: inventó el rap argentino. Y quien niegue tales afirmaciones -al menos en sus términos- es un boludo. Porque Chili Flow Parker tiene razón. 

¿Cómo que no lo conocés? Se trata del batallador más importante de la Liga Bazooka, competencia de “escritas”. Creada en el 2014 por Dtoke (leyenda del freestyle argentino), se popularizó sobre todo en el 2024 en sintonía con la pérdida de interés por la FMS. Desde estrellas como Duki o la Joaqui hasta influencers, streamers o figuras alternativas (El Doctor) asistieron y sumaron su apoyo inclusive parándose en el escenario replicando la lógica de plaza. Las batallas escritas son un formato en el cual los competidores no improvisan sino que preparan tres rounds con antelación, donde deben atacar a  ingeniosamente al rival, entre rimas, aliteraciones y demás técnicas del rap. La particularidad de ser a capella (sin beat ni música de fondo, o sea una «tiradera» o «beef» oral) acentúa el carácter teatral o escénico de una competencia donde no hay un jurado, por ende se potencia la polémica posterior y la interpretación del público. Y sobre todo, las redes. Y es que la Bazooka, que actualmente se expande a través de Aczino a México -paìs históricamente superior en el formato- captura una audiencia que no es esencialmente hip hop en el sentido tradicional sino más bien jóvenes-y no tanto- que pasan horas frente a las pantallas. 

Y en todo ese terreno, hay alguien que innegablemente destaca:Diego Ponce. Nos referimos al hombre detrás del un a.k.a digno de Marvel y debajo de un swag tan híbrido como pregnante: chaqueta metalera con parches punk, gafas oscuras, cresta de colores, tattoo de Wu Tang Clan, barba frondosa y piercing. Con un estilo magnético, provocador y despiadado, combinó la liturgia argentina con la tradiciòn técnica de los mexicanos erigiéndose casi como un villano de lucha libre que mezcla a Chilavert y el Iorio de los memes con Yayo a la par de un wordplaying que oscila entre la lucidez, el horrorcore y el uso forzoso de las figuritas “Basuritas”.

¿Pero por qué usamos refes de gente adulta? Porque Chili Parker no es ningún pibe. No, no es de “los pibes de la plaza” que la progresía culposa de años atrás quiso erigir como la salvación centrando los ojos en “Wosito” como hoy lo hacen en “Milo J”. Chili, nacido en Monte Chingolo (Lanús),  es un OG o al menos de una generación intermedia como la de Dtoke. Y casi como si alimentara adrede los prejuicios, está muy lejos de un discurso “evolucionado” como el de Wos. 

Pero tampoco se proyecta en la opulencia arrogante y aspiracional que verdaderamente seducía a la generación del Quinto Escalón en nombre del trap. Parker odia la corrección política. Pero también el “caretaje”. Y, paradójicamente, se postula apolìtico pero su narrativa no solo es profundamente política sino que es más correcta de lo que cree. ¿Odiar a gays, a lesbianas, a zurdos, a kukas y demás es correcto? Pocas cosas parecen tan poco transgresoras como hacerse eco de un espíritu de tiempo. Y hoy esos discursos son los que gobiernan. Negarlo es lo más careta.

Entonces en la mayor coherencia de este hijo de policía reside una de sus tantas contradicciones. Porque cuando -por ejemplo- se burlaba del feminismo en el 2018 tenía cierta validez su defensa sobre el rap como forma de expresión libre e incorrecta (“Ante la ley somos todos igual, pero por el mismo delito una mujer recibe una menor condena/ y si tenes hijos y te separas córtate las venas/porque tus hijos se los queda esa puta aunque esa madre no sea buena”). Solo que el escenario cambió y sin embargo sus barras o sus posteos nunca cayeron para el otro lado. Entonces no era provocador: era reaccionario, nomás. El autor de “Fachxz” ( con su grupo Cosmos) y de innumerables líneas en las cuales se defiende de la acusación se cansa hoy de señalar “zurdos” usando la palabra no sin un desesperante desconocimiento de su significado.

Tanto en sus presentaciones como en redes, Chili se presenta como un argentino de bien y -parafraseando a Calamaro- se autoproclamó “Diego Armando Barras”. Odia a los peronistas o a los populistas o todo lo que cuestione mínimamente algo pero ama a Maradona incondicionalmente.  “Porque cuando nosotros escuchamos la palabra ‘Inglaterra’ nos acordamos de Malvinas…/No se olvida, no se perdona,/pero cuando los ingleses escuchan la palabra ‘Argentina’ se acuerdan de Maradona…”. Sin embargo su defensa férrea de la patria (en su válida celebración del asado, el fútbol y demás liturgia) hace un silencio estruendoso cuando defiende abiertamente un gobierno cuya política sobre la soberanía hace agua…tanta que podría apagar el fuego de la Patagonia. Por cierto, contra Danger defendiò ingeniosamente la campaña del desierto (“por algo nosotros tenemos la Patagonia y ustedes perdieron Texas”), pero no se expresa sobre la entrega de tierras a capitales extranjeros. 

 Chili- hombre aparentemente rudo que su cuenta de Instagram trata finalmente de “gay” cualquier actitud mínimamente sensible y que da consejos amorosos donde la mujer generalmente es una puta- encajaría mejor con la línea de Villarruel que de Milei, posiblemente. Con un cadencia marcada ajena a la velocidad y quizá sí más “payadora”, el hincha de independiente e invocador supersticiosos del «zurdo» Osvaldo Pugliese encuentra su mejor forma cuando se limita a la ficción tarantinesca o a la cita futbolera (“…Y de golpe Blon se empieza a elevar/ Y hay humo en la sala, se inhala/ Y no es que le di María, es que le di bala”). Su inteligencia puede ser notable. Pero en términos políticos o sociales es tan caprichoso y contradictorio como un adolescente confundido.

De todas manera Chili Parker tiene razón. Siempre. Y por eso posiblemente sea el mayor símbolo de la parábola que hizo el hip hop local. Porque el mundo de las escritas y él como sobresaliente figura representan la magnificación de un caldo que se cultivaba bajo los sesgados ojos analíticos de quienes leían la política con manuales del siglo pasado. Los mismos que reducían la esfera y manipulación mediática a los diarios o televisión. Los que no creían que el streaming o las batallas o el gaming eran un submundo. Los que no escuchaban a un par de generaciones anhelando Gucci o Balenciaga o Miami pero más aún: burlándose y cagándose completamente en la perspectiva de género,  en los derechos y demás. Pensamientos alineados con la tecno distopía o la ceocracia otecno feudalismo o racionalismo digital o posthumanismo o como quieran llamar un mundo dirigido por unos pocos a través de algoritmos para que volvernos cada vez más individualistas pero menos individuos.

La Liga Bazooka es como el upside down de la FMS que ganaron alguna vez Trueno o Wos, cuando el “berretín” no se celebraba y se acuñaron frases como “no es el género sino lo que genera”. Acá se habla de abusos, de golpeadores, de menores y todo tipo de carpetazos donde nunca queda claro cuando es ficción y cuando no. Acorde al RKT, el plugg o sencillamente Twitter, no está mal decir puta, puto, pija, culo, mierda.  Los competidores se toman meses para preparar tres rounds cada uno, sin improvisación y con intrincados juegos de palabras, rimas, aliteraciones, punchlines y demás técnicas. Lo más importante, además del delivery (el modo en el que se interpretan o ejecutan), es encontrar ángulos- enfoques que expongan puntos débiles del rival- y sobre todo que suenen veraces. Es decir, que sean “factos”. Y Chili Flow Parker no miente. El no dice la verdad: es la verdad. 

Schopenhauer escribió alguna vez “El arte de tener razón”, donde presenta lo que él llama  la dialéctica erística:  el arte de discutir de tal manera que se tenga razón tanto lícita como ilícitamente, utilizando todo tipo de estratagemas argumentativas, sin importar la verdad del contenido de la disputa.Generalización apresurada (si tu enemigo te lanza un dardo, hazlo explotar en una generalización extrema), distorsión de los argumentos (Schopenhauer recomienda retorcer las palabras del adversario hasta que parezcan absurdas), uso de la ironía y el sarcasmo (ridiculiza y vencerás), llevar el argumento al absurdo (Reductio ad Absurdum) y otros. Entre argumentos ad hominem -discute no al argumento en sí, sino al emisor del mismo– o ad verecundiam –que se centra en la autoridad del emisor como coartada para definir algo como verdadero– para doblegar las ideas y, mediante ellas, la voluntad de sus semejantes. 

Y aunque desconocemos si sabe de su existencia, Chili Flow Parker parece aplicarlo al dedillo. Si el oponente tiene mejores barras, el tiene mejor delivery  o es el más divertido (la batalla con Blue One, en la que decía que la gente bostezaba pero donde el mexicano fue superior). Pero si el otro es más histriónico o es gracioso (Danger, hace unas semanas), entonces el otro «hace chistes”. Si la batalla es contra algún artista más mediático (como G-Sony) no importa el éxito, así como tampoco las estadísticas negativas en las redes. Pero si los votos posteriores lo favorecen, lo resalta tanto como cuando se llena un Movistar Arena. Fiel a su oficio, Chili cambia el ángulo o lo acomoda solo para ganar. Un ejemplo: en la última batalla no solo celebró al ICE sino que su argumento para negar lo nefasto de las acciones represivas a inmigrantes mexicanos fue decir que en México se hacía lo mismo con los guatemaltecos. Una vez más, “amplificación” para distraer. Tan parecido a los que justifican cualquier cosa que haga Milei basándose en la gestión de Alberto. O negar los femicidios porque una vez una mujer mató a un hombre. 

Y por eso representa como nadie la época y Milei como símbolo de ella. Y no porque sea amigo del Gordo Dan y sea fogoneado por medios bancados por el oficialismo aunque él obviamente se declara independiente. No porque el mismo tipo que acusaba a Sony de mezclar el rap con “política” (sí, es como acusar a alguien de mezclar la cumbia con las ganas de bailar) termina escribiendo barras a favor del gobierno. Lo que lo hace el rapero más representativo del momento es que lo único que quiere es ganar. Pero sobre todo, humillar al rival ya no solo arriba del escenario sino antes, durante, después. Como pocos ejerce el “no odiamos lo suficiente”. Es de los que dice “lágrimas de zurdos”, como si el destino de un país fuera lo mismo que un partido de fútbol. Independientemente de la realidad. Si el peronismo se apropió del principio aristotélico con la máxima “la única verdad es la realidad”, los proto libertarios profesan “la única verdad es mi verdad”. La muerte del hecho. Y si yo quiero la tierra es plana o la inflación no existe o gano todas mis batallas. 

En línea con la filosofía pero mucho más atrás aún, se hablaba de sofistas. No eran poetas. Ni siquiera -vaya juego de palabras- rapsodas, aquellos que replicaban o divulgaban la labor del poeta. Se trataba básicamente de aquellos que asesoraban a los políticos para ganar los debates a toda costa. Quizá Chili pudo haber sido un MC (algo así como un poeta del hip hop) o al menos un rapsoda del boom bap. Pero a medida que repite y repite recursos técnicos quizá con coherencia pero-hablando en términos de lógica- con cada vez menos validez, se va reduciendo a la caricatura de un sofista.

Una caricatura cuyo chiste sigue causando gracia para algunos e incomodidad para otros. Estos últimos, entre los que quien escribe será incluido, son los boludos. O los putos, kukas, zurdos, negros, mandriles,  etc. Chili pensaría eso y desde donde él ve las cosas, tiene razón. 

Ese es el chiste de Bazooka.¿Algún mayor recuerda la refe? Pues bien: el chiste era sencillo y aunque no era una peli, le daba al chicle un gustito “extra”. Después, ya saben: masticabas un poco y perdìa el gusto rápido. Pero nadie se lo tragaba. A menos que fuera un boludo.

Barras.