El anuncio de que 31 Minutos tendrá su propio Tiny Desk en octubre funciona casi como una confirmación de algo que ya venía ocurriendo: aquel noticiero absurdo protagonizado por títeres que nació en la televisión chilena a comienzos de los 2000 se convirtió en un fenómeno musical y cultural de alcance continental. Para quienes crecieron viéndolo, no es sólo un programa infantil: es una forma de entender que los contenidos para chicos pueden ser creativos, inteligentes y divertidos sin subestimar a nadie.
La serie fue creada por Álvaro Díaz, Pedro Peirano y otros integrantes del colectivo Aplaplac, con títeres construidos por la compañía Arte y Animación de Rodrigo Salinas. Desde sus primeras emisiones en TVN en 2003, 31 Minutos parodió el formato de un noticiero con presentadores como Tulio Triviño, Juan Carlos Bodoque, Juanín Juan Harry, Policarpo Avendaño o Patana, y con gags que jugaban con la actualidad, la cultura pop y los propios clichés televisivos. Cada episodio intercalaba notas absurdas, concursos, sketchs y sobre todo canciones originales que en poco tiempo pasaron del chiste a convertirse en hits.
Detrás de esa faceta musical estaba Pablo Ilabaca, guitarrista de Chancho en Piedra, junto con Díaz y otros músicos invitados. Ellos construyeron un repertorio que sigue vivo veinte años después: “Dinosaurio Anacleto”, “Mi equilibrio espiritual”, “Ríe” de Juan Carlos Bodoque, “Guácala”, “Yo opino”, “Tangananica Tangananá” o “Me cortaron mal el pelo” son algunas de las canciones más celebradas, coreadas tanto por chicos como por adultos que ya no son chicos. Las letras juegan con el absurdo y el humor, pero también con temas como el medio ambiente, el ego, la amistad o la desigualdad, siempre con melodías bien armadas y arreglos que pasan del pop al rock y del bolero al reggae sin complejos.
Ese trabajo hizo que 31 Minutos trascendiera la pantalla chica. En la última década su espectáculo en vivo ha llenado grandes escenarios en Chile, México y Argentina. Shows como “Radio Guaripolo” y “Yo nunca vi televisión” trasladaron al teatro y a los estadios no sólo los títeres y sus gags, sino una banda que toca en vivo, coros, efectos de sonido e iluminación, con miles de personas cantando canciones nacidas en un programa infantil. Ese recorrido, con discos editados, giras internacionales y participación en festivales, convirtió al proyecto en un referente regional.
Ahora el grupo se prepara para presentarse en el Tiny Desk de NPR, el ciclo de conciertos íntimos que suele mostrar a artistas sin artificios, con el foco en la interpretación y la música. Álvaro Díaz adelantó que están concentrados porque es una oportunidad única: no sólo porque será la primera vez que un show de títeres llegue a ese espacio, sino porque el formato los obligará a desnudarse musicalmente, a mostrar la calidad de las canciones y de los músicos detrás de los personajes. Es también una forma de refrendar, ante una audiencia global, que 31 Minutos es mucho más que nostalgia: es un modo de hacer contenido infantil con inteligencia y creatividad, respetando a los niños como público y construyendo un fenómeno cultural que sigue vigente.
En un contexto de sobreoferta audiovisual infantil muchas veces pensada en clave de merchandising o algoritmos, 31 Minutos sigue siendo un recordatorio de que se puede divertir y hacer reír con canciones bien hechas, guiones ingeniosos y personajes entrañables, y que esa apuesta por la calidad termina construyendo un público intergeneracional dispuesto a llenar salas, cantar y ahora, verlos tocar en un Tiny Desk que promete ser histórico.
