Por Ramiro García Morete

En cinco nos vemos con Mato Ruiz, el talentoso compositor y multiinstrumentista que con «Especie Bebé» demuestra su jerarquía para conciliar groove, melodía y una mirada crítica sobre un mundo gobernado por una especie caprichosa.

  1. «Para ver tenés que poner el cuerpo». Cada disco es un registro de haber puesto el cuerpo y más en una obra. ¿Cómo fue este proceso?

Fueron al menos, dos o tres etapas. La primera de ensayos durante fines de 2018 y todo el 2019 con la nueva banda. A fines del 19 grabamos baterías, bajos y algunas guitarras de tres temas (Para ver, Control y Otoño) y las fuimos produciendo, y fueron los adelantos que fui haciendo durante la pandemia. Luego compuse De tu lado y Estabas cerca y le mandé maquetas a Carlos para que grabara las baterías en su home studio, sin haber ensayado nunca. Entonces el proceso de estas dos canciones fue más de laboratorio, porque Mau, productor del disco y bajista, no las conocía. «Especie bebé» también fue grabada en esas sesiones, pero era un tema que ya tocábamos. Y mirar de afuera es un tema que tiene muchos años y Lisandro Aristimuño conocía bien porque lo habíamos tocado con Mutandina y me propuso grabarlo. Y entró. Y fue ponerle el cuerpo a este disco sin dudas, porque tuve que enfrentarme con mis demonios (como todos en la pandemia) y aprender a esperar. La ansiedad me la pegó al principio, por que el proceso de grabación se vio interrumpido. Hoy sé que valió cada minuto esa espera.

2) Hay un sonido muy potente sin estridencias y una cadencia muy rítmica sin virtuosismo. ¿El groove está en el silencio?

No diría en el silencio, sí en la madurez de no esperar que pase nada que no esté pasando. Un buen groove a mi criterio, se toca sin ansiedad. Tiene que ver con el aquí y ahora, un concepto de la atemporalidad, del transcurrir. Y esta es una banda creo yo de gente que tiene una madurez, una solidez y una experiencia tocando, que beneficia esa forma de llevar la música. Y también fue planteada desde la producción. No hay virtuosismo, pero si mucho laburo.

3) «Estás buscando algo que te vuele la cabeza, invirtiendo todo en un solo deseo». ¿Te sigue pasando eso con tus canciones o con la música en sí?

Sí, claro. La obsesión. Esa frase habla un poco de eso. Muchas veces uno se mete en un túnel con una idea, y pone todas sus energías en eso, y mientras, el resto de tu mundo se viene abajo. Yo –particularmente- soy una persona a la que le cuestan los grises, y muchas situaciones en general ameritan atención, pero no vienen de a una… Entonces hay que estar un multiverso de deseos y ocupaciones de caracteres y urgencias variadas y muchas veces, encontradas… La vida misma…

4) «La estupidez nos alumbra el camino, nuestra especie bebé lo aniquila todo». Hay una parte buena en no «crecer» cuando se trata de mantener la inocencia y el entusiasmo en lo creativo… pero todo lo contrario cuando como colectivo se repiten los errores. ¿Hay algo de eso atravesando tus temas?

En un principio, pensé en esta suerte de pendiente hacia abajo, cada vez más pronunciada, en nuestra supervivencia, y en las razones por las cuales el futuro es tan incierto hoy. Supuse que el egocentrismo de la conducción de toda la civilización tenía que ver con una inmadurez, por llevar poco tiempo de desarrollo como especie. De ahí sale el nombre. Todo el disco está atravesado por esa idea de la estupidez humana, y la dirección que tomó la civilización. La idea de la inmadurez y lo novato del ser humano en el mundo es algo que me llama la atención. Es altamente llamativo que en un planeta donde crece comida desde abajo de la tierra haya millones de personas que mueren de hambre. De la misma forma que las prioridades de este sistema de consumo, manejado por intereses financieros, y por un monstruo abstracto que es el «mercado» y su nuevo hijo pródigo, el algoritmo, nos pone a las personas dentro de un tablero perverso y en extremo desigual. Un mundo privado, que tiene dueños.

5) ¿Qué agregarías que no te preguntamos?

El show del 17 va a ser muy hermoso. Armé una banda colosal, con una puesta de luces, audio y video buenísimo. Además, algo que me pone en extremo contento, es que voy a compartir la noche con el proyecto de mi hijo Marte, que es alucinante. Tiene una banda afiladísima y unas canciones hermosas, potentes y modernas (obvio, todavía están en los veintipico…). Así que la invitación está hecha. De verdad será una noche especial.