Por Gabriela Calotti

«Vengo aquí a hablar de mi hermano, Santiago Enrique Cañas, Tito, mi hermano querido, que fue visto en la Brigada de Investigaciones de La Plata y luego en el llamado Pozo de Banfield», comenzó diciendo el martes Martín Horacio Cañas, testigo en este juicio por los delitos de lesa humanidad perpetrados en las Brigadas de la Policía bonaerense de Banfield, Quilmes y Lanús, con asiento en Avellaneda.

Según Martín, el menor de los cinco hermanos Cañas-Blancá, el secuestro de Santiago, ocurrido el 2 de agosto de 1977, «fue producto de la afrenta que significó para la dictadura militar y sus mandamases y cómplices la interferencia televisiva a la pelea de box por el título mundial entre el feminicida Carlos Monzón y el colombiano Rodrigo Valdés con la emisión de una proclama que le decía al pueblo platense que ‘Montoneros estaba presente en los barrios’».

En efecto, el 30 de julio de 1977 Santiago Cañas junto con Daniel Mariani (el hijo de Chicha y padre de Clara Anahi Mariani Teruggi) realizan la interferencia. La hacen en bicicleta. Posiblemente fue Santiago quien conducía la bicicleta. «Interfieren Canal 2 y Canal 13 y pasan una proclama», precisó el testigo en la audiencia número 58 ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata, que volvió a funcionar de forma virtual.

En el último tramo de su exposición, Cañas presentó un resumen de una investigación que realizó años atrás junto a María Isabel Chorobik de Mariani, Chicha, fallecida el 20 de agosto de 2018, y Cristina Dithurbide, hermana de Mirta Noemí Dithurbide, Mimí, asesinada el 22 de noviembre de 1976 durante el asalto de fuerzas conjuntas a una de las tres casas emblemáticas de la ciudad de La Plata pertenecientes a la organización Montoneros.

En el primer tramo de su exposición, Cañas enumeró cronológicamente, los golpes que su familia sufrió meses después de instalada la dictadura cívico-militar.

«El 29 de julio de 1976 son secuestrados Roberto Castañet, Julia Pozo y su hermana Patricia Pozo. Yo militaba con Roberto en la JUP, en la UTN, y Julia militaba con mis hermanos Angélica y Santiago. El 22 de agosto del 76 es secuestrada mi prima María Blancá y luego es dejada en libertad. En su encierro pudo tener contacto con Julia Pozo; no estaban muy seguros si fue en La Cacha o en Arana», precisó Cañas.

«El 15 de abril de 1977 es secuestrada mi hermana María Angélica. Ella militaba en la UES y el 20 de abril es allanada la casa de quien era mi suegra, Adelina Alaye, que allí vivía con su hija [María del Carmen] y con Angélica».

El 3 de agosto, al día siguiente del secuestro de su hermano, fuerzas conjuntas, que incluían militares, policías, gendarmería, civiles de la Concentración Nacional Universitaria (CNU, banda paraestatal de la ultraderecha peronista armada) y hasta bomberos, llevan adelante un cruento ataque contra la casa de su madre, ubicada en 134 y 39. Su padre logra recuperar a las dos criaturas que estaban en esa casa, Ernesto, su nieto, y Cecilia Porfirio, de año y medio.

Nieves Luján Acosta, sobreviviente del genocidio, aseguraría ante la Justicia haber visto a su hermano Santiago en la Brigada de Investigaciones y luego en el Pozo de Banfield, explicó el testigo.

El ataque a tres casas emblemáticas

Durante su declaración, Martín Cañas explicó que, a raíz de la relación que tenían en aquellos años su hermano Santiago y Daniel Mariani, el hijo de Chicha, que permanece desaparecido al igual que Diana Teruggi, su compañera y madre de Clara Anahí, él y Chicha decidieron analizar los ataques a tres casas emblemáticas en las que funcionaban las áreas de documentación, prensa y taller de la organización Montoneros en esta ciudad.

«En la madrugada del 22 de noviembre del 76 hay un ataque en la casa de 63 entre 15 y 16, numero 1043, conocida como Documentación. Son asesinados Chingo, Adolfo Jose Berardi, estudiante de Ciencias Económicas, y Marisa, Marisa Isabel Gau de Berardi, que estaba embarazada casi a término y estudiaba Biología», precisó Martín Cañas, antes de indicar que el menor, Nicolás Berardi, pudo ser recuperado por su abuelo.

Ese mismo día «es atacada la casa de 139 entre 47 y 49, en Gambier, que es conocida como ‘Taller’. Allí fueron asesinados Amalia, que era
Nélida Aída D’ippólito, que era la responsable de la columna de La Plata; Peter, Enrique Tomas De Simone; Manuel, Miguel Ángel Tierno, y Malena o Cristina, que era María Graciela Toncovich. También son asesinados Leandro, Raúl Montes, y Mimí, su compañera, Mirta Noemí Dithurbide», mencionó.

El 24 de noviembre del 76 es atacada la casa de 30 entre 55 y 56, la casa de prensa. «Ahí son asesinados Didí, Diana Esmeralda Mariani de Teruggi; su compañero, Daniel Teruggi, y la mama de Clara Anahí; Abel, Roberto Porfirio […] Conejo, Daniel Mendiburu; el Colorado, Juan Carlos Peit, y suponemos que podía haber estado Alberto Oscar Bossi, ‘el Negro'», puntualizó.

Cañas precisó que a través de dicha investigación llegaron a la certeza de que el «cañonazo que vuela la ventana que da a la calle» de la casa de 30 no fue efectuado al inicio del operativo sino al final. «Ese cañonazo tuvo un efecto propagandístico. Fue un hecho para que escucharan en toda la ciudad. En esa época era una ciudad baja, con pocos edificios, en un terreno plano, entonces el sonido viaja fácilmente», explicó.

«Una de nuestras hipótesis de trabajo fue que estos operativos realizados en forma desproporcionada buscaban el sometimiento de la población, el terror, el terrorismo de Estado», sentenció.

Su madre, María Angélica, y su hermana, María del Carmen Cañas de Valiente, fueron asesinadas durante el ataque a la casa materna. «Ahí las fuerzas intervinientes fueron el Regimiento VII de Infantería, la Comisaría 4ª de La Plata, Gendarmería Nacional; el BIM 3 [Batallón de Infantería Mecanizada], Policía Federal, el Servicio de Inteligencia del Estado y la CNU. Posiblemente haya participado Néstor Beroch», indicó Cañas, antes de mencionar la presencia durante el ataque del coronel Roque Presti, del general Ramón Camps, del director de Investigaciones de la Bonaerense, Miguel Osvaldo Etchecolatz, entre otros.

El testigo subrayó que «el ataque desproporcionado» fue «un arma de control social utilizando a nuestros familiares como excusa para el disciplinamiento social», y precisó que «tanto en la casa de mi madre como otras, el operativo terminaba con un gran incendio. Un incendio borra huellas», sostuvo.

«La gran ferocidad en los ataques buscaba que toda la población se enterase de que había un operativo», afirmó el testigo. «Su objetivo político era que la gente de la ciudad escuchara detonaciones de todo tipo de armas, inclusive cañones. Su objetivo propagandístico era instalar el miedo, es decir, el terrorismo de Estado».

«Nuestra familia, Tito, Angélica, yo, Carmen, éramos militantes de base. No éramos gente que estuviera a nivel elevado en Montoneros ni mucho menos. Eramos una familia sensible ante la situación. Entonces a nosotros nos usaron para domesticar al pueblo», aseguró.

«Después del ataque a las tres casas […] las fuerzas represivas creían que ya toda la resistencia en La Plata estaba acabada. Entonces la interferencia fue muy importante, porque se demostró que todavía había presencia en La Plata» y por ese motivo «la represión fue desmedida para tratar de domesticar a la población», precisó.

«Toda la familia fue destrozada», sostuvo Cañas, que luego de vivir en varias ciudades del noreste del país se exilió en Francia. «Mi vida cambió. Mi vida fue otra», y no la que imaginaba aquel muchachito de 21 años.

Patricia Huchansky y el recuerdo de Adriana Calvo

Patricia Huchansky era peronista y trabajaba en el Policlínico platense. Tenía 27 años. El 7 de febrero de 1977 fue secuestrada en su casa en City Bell. Sus hijos pequeños quedaron a cargo de unos vecinos que horas más tarde le contarían lo ocurrido a su esposo, Carlos Francisco Simón, secuestrado antes de que terminara el día.

«Tuvimos la suerte que no tuvo otra gente de saber todo el circuito que recorrieron ellos, porque Adriana Calvo y Miguel Laborde, sobrevivientes, lo primero que hicieron con sus hijos fue venir a Mar del Plata y querer conocer a mamá», contó al Tribunal Mónica Huchansky, quien dos meses después del secuestro de su hermana Patricia había logrado exiliarse en Israel con su marido y sus hijos.

Adriana Calvo, fallecida el 12 de diciembre de 2010, fue una sobreviviente clave del genocidio por sus minuciosos testimonios sobre diferentes centros clandestinos de tortura y exterminio.

Fue a través de ella que la madre de Patricia, y años después su hermana, ya de regreso en Argentina, supieron cuál había sido el recorrido atroz. «Cada verano le pedía [a Adriana] que me contara lo que le habían hecho a mi hermana […] el periplo que habían hecho: Brigada de Investigaciones de La Plata, Destacamento de Arana, Comisaría 5ª y Pozo de Banfield. Allí Adriana vio como torturaban a Patricia», explicó Mónica.

Ante el Tribunal también relató el estupor de su madre, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo en Mar del Plata, que recibió a fines de los ochenta una caja con huesos enviada por el Comando Legión Condor de esa ciudad acompañada con una nota según la cual «ahí estaban los restos de Patricia». «Mamá lo denunció por todo el mundo», sostuvo Mónica Huchinsky, antes de afirmar que los restos de Carlos, su cuñado, aparecieron. «No los de Patricia».

Supo por Adriana Calvo que «Patricia se despidió de Carlos en el Pozo de Banfield. A él lo dejaron bañar, le dieron colonia y ropa».

Al finalizar su testimonio, Mónica recordó palabras de su madre, que soñaba con que «algún día me entreguen tanta justicia como tanta verdad se ha depositado acá».

El presente juicio por los delitos perpetrados en las Brigadas de la Policía bonaerense de Banfield, Quilmes y Lanús es resultado de tres causas unificadas en la causa 737/2013, con solo diecisiete imputados y apenas dos en la cárcel, Miguel Osvaldo Etchecolatz y Jorge Di Pasquale.

Este debate oral y público comenzó el 27 de octubre de 2020 de forma virtual debido a la pandemia. Por esos tres centros clandestinos pasaron 442 víctimas tras el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, aunque algunas de ellas estuvieron secuestradas en la Brigada de Quilmes antes del golpe. Más de 450 testigos prestarán declaración en este juicio.

Las audiencias pueden seguirse por las plataformas de La Retaguardia TV o el Facebook de la Comisión Provincial por la Memoria. Más información sobre este juicio puede consultarse en el blog del Programa de Apoyo a Juicios de la UNLP.

La próxima audiencia se realizará el martes 22 de marzo a las 9 hs de manera virtual.