Este martes comenzó el juicio contra Higui. Serán cuatro las instancias en las que más de treinta testigos desfilarán ante el Tribunal Oral Criminal N° 7 de San Martín, en el juicio por el que se la acusa de homicidio simple. Treinta testigos que responden en su gran mayoría al entorno de Cristian Espósito, uno de los tres hombres que intentó violarla y que ella, al defenderse, hirió de muerte. «Quiero vivir en paz. Yo defendí mi cuerpo. Nunca le hice daño a nadie, siempre fui una piba respetuosa, nunca quise lastimar a nadie», dice Higui.

Analía Eva de Jesús, tiene 47 años. Le dicen Higui porque cuando jugaba al fútbol estaba en el arco como el arquero colombiano René Higuita. Su vida transcurrió en un entorno familiar por demás de complejo, donde el abuso y la pobreza eran moneda corriente. A las ocho años tuvo que comenzar a trabajar, alejándose de los estudios y sometiendo su cuerpo a trabajos de changa principalmente: desde niñera hasta albañila, cartonera y jardinera. Una historia que se repite hasta el día de hoy.

Desde chica sufrió violencia por parte de las parejas de su madre. Lesbiana, de barrio, conurbana, era hostigada por vecinos que incluso decidieron quemarle su casa, con uno de sus perros dentro. Higui buscó tranquilidad en otro lugar, donde se armó su casita. Eventualmente volvía al barrio Mariló de Bella Vista para visitar a familia.

El día que todo pasó había ido de visita, el 16 de octubre de 2016. Cuando se fue, al menos dos hombres la interceptaron en un pasillo de esos angostos donde la oscuridad y el silencio abundan. Ahí la atacaron. La tiraron al piso, la golpearon a patadas y, mientras le rasgaban la ropa, le prometieron que le iban a sacar lo lesbiana. Eso que nos suelen decir los hombres a las lesbianas, creyendo que a la fuerza pueden corregir quienes somos. Espósito se abalanzó sobre ella e Higui se defendió, hiriéndolo de muerte. Cuando se despertó, estaba en un calabozo. Golpeada, con las ropas rotas y acusada de homicidio. El intento de violación nunca fue investigado. Higui pasó ocho meses detenida, hasta que con un fuerte acompañamiento feminista pudo salir en libertad a esperar su juicio.

La defensa de Higui está a cargo de Gabriela Conder y Claudia Spatocco. En sus alegatos, según relevó la periodista lesbiana Adriana Carrasco, que viene acompañando de cerca el caso, se puso el foco justamente en el derecho a la defensa y la falta de investigación por parte de la Justicia. «Con la prueba que ha de producirse en este debate, la defensa va a probar que el día 16 de octubre de 2016, siendo aproximadamente las 22:30 horas, al retirarse del domicilio de la calle Yrurtia 1136, de Bella Vista, partido de San Miguel, donde residen varios integrantes de la familia Recalde, la señora Eva de Jesús fue víctima de un ataque e intento de violación grupal correctiva, dada la orientación lesbiana de la aquí imputada, perpetrado al menos por dos varones cisgénero integrantes de la mencionada familia. La Señora Eva de Jesús, temiendo por su integridad y su vida, se defendió legítimamente con el único elemento que tenía a su disposición, causando una herida en uno de los agresores que luego le provocó la muerte», leyó Spatocco.

Antes, Liliana Tricarico, presidenta de la Asociación de Fiscales bonaerenses, aseguró que se aplicará perspectiva de género a la hora de analizar los hechos. Sin embargo, el fiscal de instrucción Germán Weigel Muñoz jamás investigó el intento de violación ni realizó las pericias pertinentes.

Así las cosas, de los primeros diez testigos, ocho correspondían a familiares de Espósito, como la mayoría de los treinta convocados para las cuatro jornadas del juicio. Según detalló Carrasco, «se registraron innumerables contradicciones entre sus testimonios» y «ninguno vio el hecho por el que está imputada Higui. Todos cuentan lo que otros ‘les contaron’. Quienes se encontraban cerca de ese pasillo son familia y amigos de Espósito».

Higui no tiene testigos presenciales. Hablarán a su favor su psicóloga, psiquiatra y testigos de conceptos, quienes darán cuenta de las violencias constantes a las que fue sometida, desde una desigualdad estructural hasta el día en que defendió su cuerpo y su vida.

Cuando salió de la primer jornada, Higui dijo pocas palabras. Las primeras fueron pedir por la aparición de Tehuel. Las segundas, agradecer el acompañamiento de quienes se acercaron a los tribunales, organizaciones LGBTIQ+, la campaña por su absolución, organismos de derechos humanos, entre otras.

Este miércoles el juicio sigue con más testigos. Quedarán dos jornadas más: el jueves 17 y el martes 22.